DE PRIMERA MANO
*La CEAPP fue el primer organismo en su tipo en el país
*Un senador detrás de
los ataques
Por Omar Zúñiga
Cuando se
habla de Veracruz y periodismo, la conversación suele derivar casi en
automático hacia el recuento de agravios: asesinatos, desapariciones, amenazas,
y en general hacia el hostigamiento oficial.
Y con razón:
esta entidad ha cargado durante años con el estigma de ser una de las más
peligrosas del país para ejercer la profesión más chingona del Mundo.
Pero hay un
dato que siempre se omite, y no, no se trata de defender lo indefendible, pero
merece ser dicho con claridad porque habla bien de Veracruz: aquí nació, antes
que en cualquier otro estado de la República, un organismo autónomo dedicado
exclusivamente a la protección de quienes hacemos periodismo.
La Comisión
Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas (CEAPP) fue creada
mediante la Ley número 586, publicada en la Gaceta Oficial del estado el 3 de
diciembre de 2012, durante la administración del tristemente célebre Javier
Duarte de Ochoa. Es conveniente subrayar esta fecha porque cambia la
narrativa habitual: Veracruz no llegó tarde a este tema, se adelantó, por las
causas que fueren.
El gran
acuerdo nacional que impulsó la creación de mecanismos estatales de protección
a periodistas y defensores de Derechos Humanos se firmó en 2017; la CEAPP ya
tenía entonces cinco años de existencia y quienes hoy la repudian antes la
aplaudían.
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Las atribuciones
de la CEAPP están contenidas en el artículo 3 de la Ley 586, son amplias: puede
otorgar medidas de atención y protección a periodistas que enfrenten amenazas o
agresiones derivadas de su trabajo; exigir su cumplimiento a las autoridades
competentes; denunciar a los servidores públicos que incumplan; establecer
protocolos y lineamientos para evaluar riesgos; coordinarse con organizaciones
de la sociedad civil especializadas en libertad de expresión; y promover, desde
las universidades hasta la sociedad en general, una cultura de respeto al
ejercicio periodístico y al derecho a la información.
Un
diagnóstico elaborado en 2022 por la Oficina del Alto Comisionado de las
Naciones Unidas para los Derechos Humanos en México, arrojó un dato que pocas
veces se reconoce públicamente: de todos los mecanismos y comisiones estatales
de protección a periodistas que existen en México, Veracruz es el organismo que
cuenta con la estructura más robusta, con 41 funcionarias y funcionarios
públicos.
Mientras en
otras entidades los llamados mecanismos locales son apenas una persona con
responsabilidades repartidas en varios temas, o consejos sin presupuesto que
llevan años sin sesionar, es decir, la CEAPP se ubica en una posición singular
dentro del mapa nacional.
De las 32
entidades del país, solo un puñado de estados —Colima, Querétaro y Veracruz—
cuentan con mecanismos dedicados específicamente a la protección de periodistas.
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Como
mencioné, ser reconocido como el mecanismo mejor dotado en papel no equivale
automáticamente a ser el más eficaz en los hechos, y sería deshonesto
presentarlo así.
El desafío
no es desaparecer la CEAPP, sino actualizarla, reforzar su vinculación con el mecanismo federal
y, sobre todo, traducir su robustez administrativa en protección efectiva para
quienes, día con día, siguen (seguimos) ejerciendo el periodismo en uno de los
estados más exigentes de México.
La base
institucional ya existe. Lo que falta es la voluntad política para que esa
base, la más sólida del país, funcione como lo que fue pensada para ser.
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Y sin
embargo, ese futuro de actualización no está garantizado. En el último año, el
debate sobre la CEAPP ha tomado un giro preocupante: de la discusión sobre cómo
reformarla se ha pasado, en algunos sectores del propio gremio periodístico, a
plantear abiertamente su desaparición.
Conviene
detenerse a pensar qué significaría, en términos prácticos, que Veracruz se
quedara sin este organismo. No se trata de un ejercicio retórico: la propia
Comisión reportó la activación de más de 50 medidas de protección durante 2025,
casi el doble que el año anterior, en una entidad que continúa entre los
primeros lugares del país en agresiones, desapariciones y privaciones de la
libertad de comunicadores.
Eliminar la
CEAPP dejaría sin punto de entrada institucional precisamente a quienes hoy
solicitan refugios temporales, escoltas, botones de pánico o reubicaciones.
El segundo
riesgo es regresar a la dispersión que caracteriza a la mayoría de los estados
del país: enlaces unipersonales dentro de la Secretaría de Gobierno, fiscalías
sin presupuesto etiquetado, consejos que no sesionan.
Veracruz fue
pionero precisamente por escapar de ese modelo disperso; desmantelar la CEAPP
sin una ley sustituta ya aprobada equivaldría a devolver al estado al punto de
partida de hace casi una década y a perder, de un plumazo, el lugar de
referencia nacional que hoy ocupa en materia de estructura institucional.
Un tercer
riesgo es de memoria institucional. La Comisión opera con personal
especializado, protocolos de evaluación de riesgo y convenios de coordinación
construidos durante más de una década. Esa infraestructura —buena o mala,
eficiente o no— no se reconstruye de un día para otro.
Si la CEAPP
desaparece, los expedientes en curso, los acuerdos de protección activos y el
conocimiento acumulado sobre patrones de agresión en distintas regiones del
estado corren el riesgo de perderse o quedar en un limbo administrativo justo
en el momento en que un periodista necesite activarlos.
Por último,
está el riesgo de la señal política.
Veracruz ha
sido, para bien y para mal, un referente nacional en materia de violencia
contra la prensa. Que el estado que primero creó un organismo autónomo para
proteger periodistas sea también el primero en desmantelarlo —sin sustituirlo
por un modelo más legítimo y participativo— enviaría un mensaje difícil de
revertir: que ni siquiera la institución mejor dotada del país pudo sobrevivir
a la falta de confianza entre gobernantes y gobernados.
El camino
responsable no es optar entre el fachadismo institucional actual y el vacío
total. Es exigir, con la misma energía con que se denuncia la opacidad, que la
reforma prometida en enero de 2025 para darle más atribuciones a la CEAPP deje
de estar en la congeladora legislativa.
Veracruz
tiene la oportunidad de pasar de ser pionero en crear la institución a ser
pionero en democratizarla. Desaparecerla sin más sería, en cambio, desperdiciar
trece años de aprendizaje institucional justo cuando más se necesita.
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No es casual
que el reclamo por desaparecer la CEAPP haya cobrado fuerza en el mismo periodo
en que distintos actores políticos vinculados al grupo de los Yunes del Estero
y a que el mismo senador Manuel Huerta haya pdido su desaparación, intensificado
su ofensiva contra el gobierno de Veracruz.
Plantear su
desaparición en este momento, envuelta en un discurso legítimo de hartazgo
gremial, también puede funcionar como ariete: cada nota sobre opacidad, cada
reclamo de los periodistas, cada señalamiento de mal uso de recursos se
convierte en munición contra Palacio de Gobierno, independientemente de quién
haya diseñado o integrado la Comisión originalmente.
Esto no
invalida las críticas de fondo —son reales y están documentadas—, pero sí
obliga a leerlas con un mapa político en la mano.
Si detrás
del impulso para desaparecer la CEAPP hay, además del legítimo enojo del
gremio, un cálculo para abrirle un frente más a la gobernadora, entonces lo que
está en juego no es solo el futuro de un mecanismo de protección a periodistas,
sino una pieza más en la disputa entre los bloques políticos que se reacomodan
en Veracruz.
Y si ese es
el caso, la pregunta que deberíamos hacernos como gremio periodístico es si quiere
que su demanda histórica de una CEAPP más legítima termine siendo, sin que lo
busque, la bandera de una guerra que no es la suya.
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Y si había
alguna duda de la ofensiva del Estero, la diputada titular de la Comisión de
Protección a Periodistas del Congreso local Bertha Rosalía Ahued Malpica,
no ha hecho ni piensa elaborar alguna iniciativa para desaparecer la CEAPP,
pues ella misma conoce todo lo que hay en juego, incluido el juego político.
¡Qué
barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com
