Por
Miguel Ángel Cristiani G
En
política, las reuniones de gabinete no cambian realidades; las cambian los
resultados. Todo lo demás —fotografías, discursos y frases para el boletín— es utilería
institucional. Por eso, la visita de la gobernadora Rocío Nahle García a
Coatzacoalcos, acompañada de la totalidad de su gabinete, no debe leerse como
un acto de cortesía ni como un simple gesto de respaldo, sino como un
compromiso que, se cumple.
Coatzacoalcos
no es un municipio cualquiera. Es un puerto estratégico, una ciudad castigada
por décadas de abandono, promesas incumplidas y proyectos inconclusos. Es,
además, el termómetro político del sur de Veracruz. Ahí, la gobernadora decidió
instalar una reunión de alto nivel con el alcalde Pedro Miguel Rosaldo García,
para definir líneas de acción conjuntas en temas de infraestructura, salud,
turismo, seguridad y transporte. El mensaje es claro: el estado asume
corresponsabilidad. Ahora viene la parte difícil: demostrarlo.
El
encuentro, celebrado en el Palacio Municipal, reunió a figuras clave del
gabinete estatal: Ricardo Ahued Bardahuil en la Secretaría de Gobierno;
Leonardo Cornejo Serrano en la SIOP; Alfonso Reyes Garcés en Seguridad Pública;
Igor Fidel Rojí López en Turismo; Mariela Hernández García en Salud; y Roberto
Ramos Alor como coordinador estatal del IMSS-Bienestar. No es menor la
presencia de estos nombres: cuando el gabinete completo se sienta a la mesa, ya
no hay pretextos administrativos ni excusas presupuestales.
El
alcalde Rosaldo García fue enfático al declarar que se estructurará una agenda
coordinada para “cambiar las cosas en la ciudad”. La frase, correcta en
intención, enfrenta un reto mayor: Coatzacoalcos ha escuchado ese discurso
demasiadas veces. Cambiar las cosas no significa iniciar obras; significa
terminarlas, mantenerlas y hacerlas funcionales. Significa entender que el
desarrollo no se mide por anuncios, sino por impacto cotidiano.
La
gobernadora Nahle, por su parte, reiteró el respaldo político y presupuestal
del estado y lanzó una frase cargada de simbolismo regional: “tenía que llegar
alguien del sur”. El reconocimiento identitario es válido, pero insuficiente.
El sur de Veracruz no necesita discursos de pertenencia; necesita decisiones
técnicas, inversiones sostenidas y continuidad administrativa, como las que
ahora se están dando. La historia reciente está llena de gobernantes “del sur”
que olvidaron al sur apenas cruzaron la puerta del despacho.
Las
acciones anunciadas —rehabilitación del Centro de Convenciones, obras en el
malecón, pavimentación y un ambicioso proyecto de drenaje sanitario en la zona
poniente— apuntan a necesidades reales. El drenaje, en particular, es una deuda
histórica: Coatzacoalcos no puede aspirar a desarrollo turístico ni urbano
mientras sus sistemas básicos sigan colapsados. Que exista un levantamiento
técnico previo es un avance; que se ejecute correctamente será la verdadera
prueba.
En
movilidad, el sistema de transporte Quetzalli vuelve a colocarse en la agenda
pública. El reclutamiento de operadores es apenas el primer eslabón de una
cadena que ha fallado antes: planeación deficiente, modelos financieros opacos
y ausencia de evaluación ciudadana. Si este proyecto no se construye con criterios
técnicos y transparencia, será otro elefante blanco rodando por las calles.
En
seguridad, el anuncio del inicio de la construcción del C5 en la colonia
Petrolera es, sin duda, uno de los puntos más sensibles. Veracruz arrastra una
crisis de violencia que no se resuelve con edificios, sino con inteligencia,
coordinación interinstitucional y rendición de cuentas. Un C5 sin estrategia es
solo un centro de monitoreo caro; con estrategia, puede ser una herramienta
útil. La diferencia la marca la voluntad política.
Coatzacoalcos
no necesita más actos protocolarios ni promesas recicladas; necesita que, por
una vez, el poder haga lo que dijo que haría, porque el respaldo político sin
resultados no es apoyo, es simulación.







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