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miércoles, 10 de junio de 2026

REPOSICIÓN POR DESGASTE OPERATIVO CARRETERO EN VERACRUZ; GRAN ANUNCIO


 CAFÉ DE MAÑANA

Por José Luis Enríquez Ambell

La reciente decisión de la SCIT (Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes) de intervenir los corredores (carreteras) federales 180, 185 y 145 en Veracruz no es un anuncio menor.


Se trata, probablemente, del reconocimiento tácito de que la red carretera estratégica del estado ha llegado a un nivel de desgaste operativo que ya impacta directamente en la competitividad logística, energética e industrial del sureste mexicano y, por ende, en contra de la economía.


Llama particularmente la atención que apenas el pasado miércoles 3 de junio, no terminaban de llegar las invitaciones dirigidas a las autoridades involucradas y terceros afectados por el desempeño de los trabajos de conservación en los tramos Atzalan–Tlapacoyan y Tlapacoyan–Martínez de la Torre, para una reunión convocada por la Dirección General de Gobernación de la SEGOB en la capital del Estado el día 4 del presente mes.


No es un dato menor. Conviene recordar que durante 2025 pobladores de Martínez de la Torre y zonas aledañas bloquearon durante varios días diversos tramos carreteros como protesta por el deterioro de la infraestructura federal y la falta de atención efectiva a los caminos de la región, pero mientras esa inconformidad social apenas comenzaba a ser atendida institucionalmente, se anunciaba simultáneamente la intervención de los tres ejes carreteros más relevantes de Veracruz: la carretera federal 180, que atraviesa el estado de norte a sur; la 185, columna vertebral de la Cuenca del Papaloapan y enlace natural hacia el Istmo; y también la 145, corredor estratégico para la movilidad regional entre el centro y sur del estado, conectando zonas productivas, industriales y agrocomerciales fundamentales para Veracruz.


No se trata únicamente de caminos. Sobre esos ejes descansa buena parte de la movilidad económica del Golfo de México. De ellos depende la conexión del orden portuario, la operación petroquímica, el tránsito del autotransporte federal, la logística energética del sureste y la articulación territorial con el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec.


DE SOBREMESA


Ahora bien, desde la visión de observadores en la CDMX a Veracruz, les resulta delicado que la conservación de la infraestructura de semejante importancia vuelva a recaer, en gran medida, en estructuras administrativas y operativas que ya han sido cuestionadas por los resultados obtenidos en distintos puntos del estado en anteriores momentos.


Porque aquí solamente existen dos posibilidades: o hubo insuficiencia técnica y falta de capacidad para ejecutar correctamente los recursos públicos, o existieron malas prácticas en su aplicación, supervisión y control de calidad.


Y es que, aunque recientemente ocurrieron relevos en la Dirección General del Centro SICT Veracruz, así como en las subdirecciones de Obras y Transportes, dentro del propio sector existe la percepción de que los cambios fueron más de forma que de fondo.


Y es que los nuevos espacios terminaron siendo ocupados por perfiles provenientes del mismo entorno administrativo y operativo que durante años condujo a la infraestructura federal en la entidad. En otras palabras: hijos del mismo padre institucional.


Y esa preocupación no surge de la especulación política, sino de la propia continuidad operativa observada dentro del Centro SICT Veracruz. Porque buena parte de los cuadros técnicos, administrativos y de supervisión que hoy continúan participando en tareas de conservación y ejecución de obra pública federal son, esencialmente, los mismos que estuvieron vinculados a los trabajos, decisiones y criterios técnicos que derivaron en el deterioro carretero y en el conflicto social registrado durante 2025 en la zona de Martínez de la Torre. Lo que a observadores llama la atención.


Ese antecedente resulta muy particularmente delicado, sobre todo porque las afectaciones no quedaron únicamente en observaciones técnicas o inconformidades administrativas: “terminaron traduciéndose en bloqueos carreteros, afectaciones económicas regionales y un evidente desgaste social derivado del mal estado de la infraestructura federal”.


Por ello es que, más allá de los cambios de nombres en algunos cargos directivos, el verdadero desafío para la Federación será demostrar que también existe un cambio real de los criterios técnicos, de supervisión, de control de calidad y de ejecución de obra. El riesgo de repetir resultados similares es evidente.


Comentando y consultando a los habitantes de Atzalan, Tlapacoyan y Martínez de la Torre, y quienes diariamente enfrentan el deterioro de la carretera federal y de caminos alimentadores —ese es su nombre técnico correcto— cuya conservación, modernización y construcción corresponden legalmente a la Federación. Con el tiempo, especialmente tras la creación e implementación del FONDEN —ya desaparecido—, muchas entidades federativas comenzaron a intervenir estos caminos ante la necesidad urgente de responder a desastres naturales, así como a contingencias climáticas. “Lo que inició como una medida extraordinaria terminó convirtiéndose en una práctica recurrente”: estados y municipios asumiendo responsabilidades que originalmente correspondían a la infraestructura federal. Y en Veracruz el problema adquiere una dimensión todavía mayor.


Recordemos que, después de Chihuahua y Sinaloa, la entidad posee una de las redes de caminos alimentadores más extensas del país. Miles de comunidades dependen diariamente de esas rutas para trasladarse, trabajar, comerciar, acudir a servicios médicos o simplemente mantenerse comunicadas. Por ello resulta particularmente relevante el compromiso asumido por la gobernadora Rocío Nahle no solamente para conservar, sino para modernizar la red carretera federal y alimentadora de la que dependen más de 15 mil localidades con población superior a 500 habitantes cada una a lo largo del territorio veracruzano. La discusión ya no puede limitarse al bacheo emergente o a la conservación superficial.


UN CAFÉ LECHERO LIGHT


“Lo que Veracruz necesita es una política integral de rehabilitación estructural, supervisión técnica real, control de calidad, transparencia en la aplicación de recursos y planeación de largo plazo”. “Porque en términos de infraestructura carretera los errores no desaparecen: se acumulan”. Y cuando los corredores estratégicos fallan, no solamente se detiene el tránsito, se desacelera la economía regional completa.


Y nadie busca o desea que eso suceda en Veracruz.


¡ES CUANTO!


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