DE PRIMERA MANO
Por Omar
Zúñiga
Y la
sorpresa es que no hubo sorpresas.
Un mes
atrás advertimos desde este espacio que lo que entonces circulaba como rumor
tenía todos los visos de convertirse en realidad.
La
realidad, puntual como pocas veces en la política veracruzana, no defraudó las
expectativas más pesimistas.
Este fin
de semana, Ana Ledezma asumió la presidencia del Comité Directivo
Estatal del PAN en Veracruz, y con ella llegó, sin mayor título que la
negociación de trastienda, Joaquín el Chapito Guzmán Avilés a la
secretaría general.
Así, el
partido que presume de doctrina y de valores queda formalmente conducido por
quienes representaron, en el proceso interno, uno de cada cien militantes. Una
proporción que, en cualquier otro ámbito, se llamaría minoría ruidosa; en el
PAN veracruzano se llama dirección.
Lo que
sí resultó exactamente como se anticipó es la arquitectura real del poder. Marco
Antonio Núñez el Choriqueso, no aparece en ningún organigrama
oficial, no ocupa cargo alguno con membrete ni sello partidista. No necesita
hacerlo.
Ledezma
es, en el mejor de los casos, la voz; Núñez, el guía ahora en los corrillos de
mismo PAN el secreto a voces es que será la choriqueso, sin
palabras, la raza no perdona.
El
Chapito será el utilero. Esta distribución de roles, cuidadosamente construida
para preservar las apariencias de una dirección colegiada, funciona con la
misma lógica de siempre: quienes mandan no firman, y quienes firman no mandan.
La novedad brilla por su ausencia.
Cabe recordar,
para que no quede en el olvido, que la llegada de Guzmán Avilés a la Secretaría
General no se explica por trayectoria, ni por arrastre territorial, ni por
aportación doctrinaria al partido.
Se
explica, única y exclusivamente, por la aritmética de los acuerdos. Con el uno
por ciento de representación en el Comité Político Estatal —dato que las actas
no mienten en registrar—, el Chapito accedió a uno de los cargos de mayor peso
orgánico en la estructura blanquiazul de Veracruz. Si el mérito fuera moneda de
cambio en este partido, la operación habría sido declarada insolvente desde el
primer momento.
*****
Hay, en
este cuadro, una ausencia que habla más que muchas presencias: la de Cristina
Pérez Silva.
La hoy ex
secretaria general del PAN Veracruz fue hecha a un lado, incluso ni siquiera
estuvo en la toma de protesta de la nueva directiva.
Pérez
Silva representaba un perfil distinto al de los operadores que ahora ocupan el
espacio: militante con trayectoria reconocible, sin el estigma de las
negociaciones opacas que caracterizan a sus sucesores.
Su
ausencia no es un accidente; es un síntoma. Y ese síntoma tiene consecuencias
que ya se comentan en voz baja —aunque con insistencia creciente— en los
círculos panistas de la entidad: la posibilidad de una desbandada de militantes
"químicamente puros".
Se trata
de panistas de formación, no de circunstancia; de quienes llegaron al partido
por convicción doctrinaria y no por cálculo electoral; de quienes distinguen,
con claridad que incomoda, entre un partido y una franquicia.
Para
ellos, la nueva dirección no representa una derrota interna tolerable:
representa la confirmación de que el PAN veracruzano ha dejado de ser el
espacio que conocieron.
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El
riesgo no es menor si se considera el horizonte temporal: el proceso electoral
de 2027 se acerca con una velocidad que no admite tiempo de reconversión.
Un
partido que llega a la campaña con una dirigencia cuestionada en su origen, con
cuadros que emigran en silencio y con la sombra de un operador no electo como
verdadero conductor, difícilmente estará en condiciones de articular una oferta
electoral que convenza a quienes ya no creen en el membrete.
Los
votos blanquiazules, en Veracruz, no han sobrado en los últimos ciclos; los que
se pierdan por desencanto interno serán, esta vez, votos que el partido no
podrá recuperar con promesas de apertura que nadie le cree.
*****
Un mes
después de haberlo anticipado, el diagnóstico se mantiene intacto: en el PAN Veracruz
cambian los nombres de los carteles, pero el reparto permanece. Ledezma
preside, el Chapito administra, el Choriqueso dirige desde la comodidad de las
sombras.
Y
mientras tanto, los panistas que todavía recuerdan para qué se fundó el partido
van calculando, en silencio, cuánto les cuesta seguir perteneciendo a él.
¡Qué
barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com
