Ruan Ángel Badillo Lagos
¡Hermosa la pluma del mensajero que trae buenas nuevas!
En una mañana cualquiera, quizá de camino al colegio, un hijo llegó con la emoción encendida en los ojos. Sentía que tenía una pregunta importante, una de esas que no se guardan: se dicen con el corazón.
Entonces, se acercó a su padre y le preguntó, como si el mundo pudiera responderle con ternura: —Papá, en el colegio aprendí que mi madre me llevó en su vientre durante nueve meses antes de nacer. ¿Y tú…? ¿Dónde me llevaste? —Porque eso no me enseñaron en la escuela.
El padre se quedó en silencio. No era una respuesta difícil… era, más bien, una respuesta que dolía un poco y al mismo tiempo llenaba el alma. Sus ojos se humedecieron, y con lágrimas contenidas tomó a su hijo entre los brazos, como quien guarda un tesoro.
—Hijo… yo te llevo siempre en mi corazón. Y mientras lo decía, el mundo pareció detenerse un instante. Porque hubo algo que el colegio no explicó con palabras, pero que la vida demuestra con hechos: hay amores que no se miden en meses, sino en presencia; amores que no “encierran” en un vientre, sino que sostienen con esfuerzo, paciencia y valentía.
Los padres también nacen —de alguna manera— cuando deciden amar. Cuando acompañan. Cuando cuidan. Cuando enseñan sin decirlo del todo. Cuando se quedan firmes, aunque la vida pese.
Por eso, el hijo entendió lo que quizá no había escuchado nunca en clase:
Los padres hemos aprendido que el corazón es como un vientre que da vida.
No solo late: también protege.
No solo siente: también construye.
Y cuando ama, el corazón se vuelve hogar, se vuelve abrazo, se vuelve camino.
Ese día, el hijo comprendió que la paternidad no termina con el nacimiento: empieza desde su gestación ahí, y desde entonces se escribe con todo lo que un padre entrega.
Feliz Día del Padre a quienes llevan a sus hijos en los actos, en los desvelos y en las palabras que enseñan con cariño. A quienes, aun sin saber cómo explicarlo, lo hacen realidad cada día.
Papá: gracias por llevarme donde nadie ve. Donde no se mide en nueve meses… porque tu amor vive en mi corazón.
