Por Miguel Ángel Cristiani G.
Veracruz tiene puertos, petróleo, agroindustria,
biodiversidad, universidades, recursos naturales y una ubicación geográfica que
cualquier estado del país envidiaría. Sin embargo, la pregunta sigue siendo la
misma desde hace décadas: ¿por qué un estado tan rico produce tantos pobres?
La presentación de los Atlas Económicos de Veracruz 2025,
realizada este martes en el Museo de Antropología de la Universidad Veracruzana
por el doctor Rafael Vela Martínez, no fue simplemente un acto académico ni la
entrega de tres voluminosos libros sobre manufactura, servicios y comercio.
Fue, en realidad, la exhibición documentada de una vieja paradoja veracruzana:
el estado conoce sus fortalezas, identifica sus oportunidades y reconoce sus
rezagos, pero sigue sin convertir ese conocimiento en desarrollo sostenido.
Los atlas tienen un mérito indiscutible. Ponen orden donde
tradicionalmente ha reinado la improvisación. Ofrecen información precisa sobre
qué produce cada municipio, dónde se concentran las capacidades económicas,
cuáles regiones están rezagadas y qué territorios poseen potencial para atraer
inversiones y generar empleo.
Es decir, proporcionan algo que en Veracruz ha sido
históricamente escaso: inteligencia económica territorial.
La investigación deja claro que Veracruz no es una entidad
homogénea. Existen municipios que concentran manufactura, corredores de
servicios especializados y regiones con intensa actividad comercial, mientras
vastos territorios sobreviven con economías de baja productividad, escasa
diversificación y limitadas oportunidades de crecimiento.
El problema es que estos desequilibrios no son nuevos.
Llevan décadas diagnosticándose.
Cada sexenio se descubren nuevamente las mismas carencias,
se anuncian las mismas soluciones y se presentan las mismas promesas de
desarrollo regional. Cambian los funcionarios, cambian los discursos y cambian
los colores partidistas, pero la geografía del rezago permanece prácticamente
intacta.
Los atlas demuestran que la riqueza económica de Veracruz
está concentrada en determinadas zonas metropolitanas como Veracruz-Boca del
Río, Xalapa, Córdoba, Orizaba, Coatzacoalcos, Minatitlán y Poza Rica. También
evidencian que la manufactura, los servicios avanzados y el comercio moderno se
desarrollan de manera desigual.
Lo verdaderamente preocupante es que el problema no radica
en la ausencia de recursos ni de oportunidades.
El problema ha sido la incapacidad institucional para
articular esas capacidades.
Veracruz ha tenido planes estatales de desarrollo, programas
sectoriales, estrategias de competitividad, consejos económicos, organismos de
planeación y abundantes diagnósticos. Lo que no ha tenido es continuidad en las
políticas públicas ni voluntad para convertir la información en decisiones de
largo plazo.
Los atlas proponen pasar de la improvisación a la evidencia.
La frase parece sencilla, pero en realidad constituye una
crítica severa a la manera en que tradicionalmente se ha gobernado el
desarrollo económico del estado.
Porque improvisar ha sido una costumbre administrativa.
Se inauguran obras sin estudios de impacto regional. Se
anuncian inversiones sin cadenas de proveeduría definidas. Se crean programas
de apoyo sin identificar vocaciones productivas. Se distribuyen recursos con
criterios políticos antes que económicos.
Y después llegan las preguntas de siempre: ¿por qué no hay
empleos suficientes?, ¿por qué aumenta la informalidad?, ¿por qué los jóvenes
emigran?, ¿por qué las inversiones no se multiplican?
La respuesta está, precisamente, en los atlas.
Una economía compleja no se construye mediante discursos ni
conferencias de prensa. Requiere infraestructura, innovación, educación,
capital humano, coordinación institucional y visión estratégica.
Requiere gobiernos que entiendan que el desarrollo regional
no se decreta.
Se construye.
Otro de los grandes aciertos de la obra es insistir en la
vinculación entre universidades, empresas y gobiernos. Durante décadas, cada
sector ha trabajado en compartimentos aislados. La academia investiga; las
empresas producen; los gobiernos administran. Pero pocas veces esas tres piezas
se integran para generar políticas públicas coherentes.
El resultado es un estado que posee enormes capacidades
económicas, pero una reducida capacidad para convertirlas en bienestar social.
Por ello, los Atlas Económicos de Veracruz 2025
constituyen una valiosa aportación académica y, al mismo tiempo, una
interpelación política.
Son un mapa detallado de las oportunidades de Veracruz, pero
también un expediente de sus omisiones históricas.
El verdadero desafío comenzará cuando los libros abandonen
el auditorio, se cierren los discursos y las fotografías oficiales desaparezcan
de las redes sociales.
Porque el problema de Veracruz nunca ha sido la falta de
diagnósticos; el problema ha sido que los gobiernos han convertido la
planeación en un elegante ejercicio editorial que termina acumulando polvo en
los anaqueles mientras el subdesarrollo continúa gobernando buena parte del
territorio.
