DE PRIMERA MANO
*Entre la herencia
gris de Araceli, una terna sin mujeres y plazas como moneda de cambio, hoy
decide su futuro
Por Omar Zúñiga
Este miércoles
10 de junio del año de Jesús y María Santisima 2026, a las 14:00 horas, la
directora de la Facultad de Derecho de la Universidad Veracruzana, Araceli
Reyes López al final fue instruida para no competir en su intentona de reelegirse
y convocó a Junta Académica para integrar la terna de la que saldrá su
sucesor.
El sustantivo está
en masculino por razón práctica: una vez más, la terna quedó conformada
exclusivamente por hombres. Ninguna mujer.
En una
institución que forma abogadas y abogados para un estado donde la violencia de
género es crisis permanente, la ausencia femenina en la disputa por la
dirección no es anécdota, es síntoma.
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Los tres nombres
que figuran en la terna son Óscar Omar Núñez Herrera, José Luis
Zamora Valdés —conocido entre el alumnado como Zamorita bebé—
y Jorge Martínez Martínez.
Este último fue
incorporado de último momento, en sustitución de Alberto Cruz Silva,
quien fuera director interino, que sin embargo su salida de la terna no sería por
decisión propia; las versiones que circulan en los pasillos de la facultad
apuntan a que su retiro es parte de una negociación para que se le asigne una
plaza de tiempo completo.
En otras
palabras: compitió para "rellenar" la terna y, a cambio, recibirá su
recompensa. Si eso es cierto, la Junta Académica convocada hoy no es un proceso
de selección, sino un trámite disfrazado de democracia institucional.
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La gestión de doña
Ara deja una Facultad de Derecho que ha perdido presencia y autoridad en el
debate jurídico regional, del nacional ni hablamos.
Hay profesores
de salón, sin duda, pero escasean los juristas de peso: esos formadores capaces
de articular pensamiento crítico, posicionar a la escuela en los debates
relevantes de la agenda y proyectar a sus estudiantes más allá del aula.
Hoy, la academia
veracruzana de Derecho no es consultada ni convocada cuando la entidad enfrenta
crisis institucionales que requieren análisis jurídico riguroso. Ni siquiera
cuando más lo necesitó en la imposición de martincito en Rectoría. Ese
silencio no es humildad; es marginalidad. Silencio ominoso
Durante el
último semestre, la facultad incorporó a un número considerable de nuevos
profesores. Entre ellos, según testimonios de quienes forman parte de la
comunidad, figuran nueras, hijas e hijos de docentes ya establecidos.
Lo que llama la
atención no es sólo el nepotismo implícito en esas contrataciones, sino la
ausencia de formación docente básica en varios de estos perfiles: personas sin
cursos de profesionalización, sin experiencia frente a grupo, sin trayectoria académica
que justifique su presencia en las aulas. Quien paga ese precio, al final, es
el alumnado.
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Jorge
Martínez Martínez carga con el título no electo de delegado sindical. Es,
según quienes lo conocen, un operador político más que un defensor de derechos
laborales. Vinculado a Jacqueline Jongitud, Martínez Martínez lleva años
en el cargo sin haber sido formalmente elegido por sus colegas.
Quienes han
buscado su apoyo en disputas académicas lo describen como pasivo, evasivo,
incapaz de sostener una postura cuando el costo político es real. En días
recientes, organizó una cena con representantes estudiantiles para solicitar el
voto.
Las versiones
señalan que, de llegar a la dirección, nombraría como secretaria académica a Laura
Celia Pérez Estrada, y que como parte del acuerdo le gestionaría una plaza
de tiempo completo a la hermana de ésta, María del Carmen Pérez Estrada,
quien llegó a la docencia apenas hace tres años —sin experiencia previa en el
ámbito académico— tras años de trabajo en la Secretaría de Seguridad Pública
del estado.
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José Luis
Zamora Valdés, Zamorita bebé, ha prometido plazas de tiempo completo
a Adriana Morales —quien ya participó en la contienda anterior como
candidata— y a Margarita García Gutiérrez, señalada como quien habría
elaborado la tesis de una diputada federal por Morena (#AMLOMeDaAsquito). Compromisos
de plaza, al menos. ¿Promesas exclusivas o distribuidas entre varios
contendientes? La pregunta no es retórica: si los tres candidatos están
ofreciendo tiempos completos como moneda de cambio electoral, no se elige un
director, se administra un mercado.
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Óscar Omar
Núñez Herrera completa la terna. Obtuvo su plaza docente durante la
administración de Araceli Reyes, en 2023. Antes de eso, no tenía vínculo
con la facultad ni trayectoria en el ámbito universitario. Su perfil es el de
un recién llegado que compite por la dirección de una institución a la que
apenas conoce desde adentro.
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La Facultad de
Derecho de la Universidad Veracruzana no es una instancia menor. Forma a
quienes en el futuro ejercerán como jueces, fiscales, defensores, legisladores
y notarios en Veracruz. La calidad de su liderazgo no afecta solo a quienes
estudian entre sus muros: afecta a la calidad de la justicia que el estado será
o no capaz de procesar.
Lo que la terna
de este miércoles revela no es sólo la ausencia de mujeres —que ya de por sí
bastaría como denuncia—, sino la ausencia de proyecto. Ninguno de los tres
candidatos postula desde una visión académica articulada.
Todos parecen
llegar desde el cálculo político, la negociación de plazas y la reproducción de
las mismas redes que han gobernado la facultad durante años con resultados
mediocres.
Araceli Reyes
López deja una facultad gris. La pregunta es si su sucesor tendrá la
vocación, la independencia y la autoridad moral para cambiar eso. Por ahora,
los indicios no son alentadores.
¡Qué barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com
