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jueves, 25 de junio de 2026

Las ruinas de Coatepec y las ruinas morales de “El Bola”

 

Por Miguel Ángel Cristiani G.

La historia tiene un extraño sentido del humor. A veces, la justicia que no llega por los tribunales emerge desde las entrañas de la tierra. Eso parece estar ocurriendo con Eric Patrocinio Cisneros Burgos, mejor conocido como “El Bola”, a quien se le está cayendo el teatro de la prosperidad inexplicable de la manera más simbólica posible: unas ruinas prehispánicas terminaron exhibiendo las ruinas éticas de su paso por el poder.

No es un secreto que al exsecretario de Gobierno le gusta vivir bien. Muy bien. Su vida de lujo en Baja California Sur, sus frecuentes escapadas a torneos de pesca de marlín en Los Cabos y las versiones sobre un yate que su círculo cercano se empeñaba en mantener lejos de los reflectores alimentaron durante años la percepción de un personaje cuya prosperidad económica difícilmente podía explicarse con el salario de un servidor público.

Sin embargo, el capítulo más escandaloso parece haberse escrito en Coatepec.

En la zona de Campo Viejo se desarrolla el denominado Residencial Bosque San Lucas o Fraccionamiento San Lucas, -nada más faltó que le pusieran de nombre  “Los Cabos, San Lucas”- un proyecto inmobiliario de aproximadamente doce hectáreas destinado a vivienda. La información disponible apunta a que el predio está relacionado con la hermana del exfuncionario, convertida súbitamente en empresaria inmobiliaria de gran escala.

En México, los milagros económicos suelen tener un nombre menos poético: tráfico de influencias.

La pregunta es elemental. ¿Cómo una persona sin antecedentes públicos en el sector inmobiliario termina impulsando un desarrollo millonario de semejantes dimensiones? La respuesta exige transparencia documental y explicaciones que hasta hoy brillan por su ausencia.

Pero entonces apareció el verdadero propietario de esas tierras: la historia.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia descubrió en el predio una estructura cívico-ceremonial y una escultura monolítica prehispánica de extraordinario valor arqueológico. Los vestigios, cuya antigüedad oscila entre mil cuatrocientos y mil ochocientos años, corresponden probablemente al periodo Clásico Temprano.

Los arqueólogos localizaron una plataforma ceremonial de alrededor de treinta metros de longitud, además de la denominada Estela de Coatepec, una pieza de piedra con características iconográficas poco comunes en Veracruz y que podría guardar relación con tradiciones culturales mayas. También se recuperaron ofrendas de maíz carbonizado, vasijas y fragmentos de piedra verde.

El cemento tuvo que detenerse.

Y es ahí donde la historia adquiere un carácter profundamente revelador. Mientras unos veían un negocio inmobiliario, el subsuelo conservaba un patrimonio cultural de valor incalculable. La ambición por multiplicar fortunas privadas terminó chocando contra la memoria de una civilización.

Tampoco puede ignorarse el contexto político. Diversas versiones señalan que el cambio de uso de suelo fue autorizado durante la pasada administración municipal de Raymundo Andrade Rivera, en los últimos días del gobierno. La autorización ocurrió el 26 de diciembre de 2025, pocos días antes de concluir el gobierno municipal anterior. ¡Un regalazo de fin de año, aprobado al cuarto para las doce para el exsecretario!

Los veracruzanos conocen de sobra esa práctica: los permisos exprés, los favores de despedida y los obsequios burocráticos que suelen entregarse cuando los funcionarios ya tienen un pie fuera de la oficina.

El servicio público convertido en agencia inmobiliaria.

El problema de fondo no es solamente un fraccionamiento detenido por un hallazgo arqueológico. El problema es la cultura política que permitió durante años que los cargos públicos fueran utilizados como plataformas de enriquecimiento personal, de promoción familiar y de construcción de redes de privilegio.

La hija colocada en el servicio consular sin trayectoria suficiente; la esposa convertida de pronto en empresaria; la hermana transformada en desarrolladora inmobiliaria. La repetición de estos casos no configura una coincidencia estadística, sino un patrón de comportamiento que la ciudadanía tiene derecho a cuestionar.

Porque la función pública no existe para fabricar millonarios de ocasión.

Los vestigios descubiertos en Coatepec son una lección involuntaria de civismo: las piedras antiguas terminaron teniendo más dignidad que muchos de los políticos que han pasado por el poder.

A Eric “El Bola” Cisneros no lo derrotó la oposición ni la fiscalización del Estado: lo exhibieron unas ruinas prehispánicas que, después de mil ochocientos años bajo tierra, resultaron mucho más sólidas que su patrimonio, su discurso y su moral pública.