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lunes, 22 de junio de 2026

Un reportaje carísimo para presumir en la mañanera... y nada más

 


Desde el Café 

Bernardo Gutiérrez Parra 

Del reportaje hecho por la periodista estadounidense Rachel Nolan para el semanario londinense The Guardian sobre la presidenta Claudia Sheinbaum, me quedo con tres cosas: que la señorita Nolan jamás cruzó palabra con la protagonista de su artículo titulado “Yo, Claudia”, que le mereció la portada en el semanario; con la entrevista que le hizo a la modista presidencial Olivia Trujillo y con la crema que le puso a los tacos de la presidenta. 


Olivia Trujillo dijo que confeccionó el vestido con el que Claudia tomó protesta como presidenta; el vestido de novia con el que se casó con Jesús María Tarriba y las prendas que utiliza en eventos importantes. Pero... la presidenta jamás ha ido a su taller a probarse la ropa. Apenas termina, las prendas son enviadas a Palacio Nacional sin los ajustes correspondientes. “Cualquier mujer normal se prueba la ropa cuando se trata de algo importante como un vestido de novia”, indicó la modista, con lo que quiérase que no, le dijo anormal a su distinguida y famosa clienta. 


Rachel dice de la presidenta: “Claudia Sheinbaum debe estar haciendo algo bien”, y la destaca como la líder de izquierda más popular del mundo, con una aprobación en su país del 70% después de dos años de gobierno. La cubre de elogios y la llama “fuente de inspiración” para muchos sectores de izquierda alrededor del mundo. “También ha recibido elogios por la forma en que ha manejado la relación más compleja e importante del país: la que mantiene con su vecino del norte... Su capacidad para administrar los tiempos durante las negociaciones arancelarias con Donald Trump el año pasado, fue vista como una muestra de su actitud característica, que ella misma denomina ‘cabeza fría’: serenidad y control bajo presión”. 


El de la señorita Nolan fue un reportaje aterciopelado. 


Pasó por alto el grosero desaire de la presidenta a las madres buscadoras, a los padres de los niños con cáncer que están sin medicamentos desde hace siete años, a los transportistas que exigen seguridad porque están matando un promedio de cien choferes al año en las carreteras, a los campesinos que claman por apoyos porque están más abandonados que cuando gobernaba el PRI y a las familias que lloran a las víctimas de los 41 mil 300 homicidios dolosos en lo que va de su sexenio. 


También pasó por alto el casi nulo crecimiento económico y la (ahora sí) impagable deuda externa que nos puede llevar a la recesión. Y menos habló sobre que siete de cada diez mexicanos creen que su presidenta está encubriendo a narcopolíticos emanados de Morena. 


La semana anterior y después de meses de guardar silencio sobre México, el presidente Donald Trump escogió muy bien el momento y el lugar para arrearle otro coscorronazo al gobierno de Sheinbaum: el pueblo francés de Évian-les-Bains donde del 15 al 17 de junio se reunieron los jefes de Estado de Alemania, Japón, Canadá, Francia, Italia, Reino Unido y Estados Unidos, integrantes del Grupo de los Siete, que juntos representan el 56% del PIB mundial. 


“La presidenta Sheinbaum es una muy buena mujer, pero está muy asustada. Los cárteles de la droga están dirigiendo totalmente a México” dijo. Y su comentario hizo que el Grupo de los Siete emitiera una declaración sobre la lucha contra el tráfico de drogas. 


Por su parte, la “zarina antidrogas” Sara Carter, advirtió a los cárteles y políticos mexicanos corruptos que enfrentarán consecuencias severas si no cooperan con el gobierno norteamericano: “Si no cooperan con nosotros, nosotros iremos por ustedes y se van a arrepentir”. 


Y para cerrar la pinza, el vicepresidente JD Vince dijo que “no descarta” que su país emprenda acciones militares contra los cárteles del narcotráfico en México si considera que estos representan una amenaza para la seguridad de los estadounidenses. 


Nada de eso le pareció noticioso a la señorita Nolan. 


El título del artículo “Yo, Claudia” me parece arrogante porque reitero, la periodista no entrevistó a la presidenta ni ésta habla de ella en primera persona, como lo hace el emperador romano Claudio en la magistral novela “Yo, Claudio”, de Robert Graves. Pero el que paga manda.


Así es lector, el que paga manda. Como pagó el gobierno de nuestro país a la revista Time por aquel “Saving Mexico” que publicó en su portada junto con la foto de Peña Nieto. Y es que los medios impresos (todos) también son empresas que cobran por sus servicios. Y más en estos tiempos en que tiene rato que fueron rebasados por las redes. 


Dicen, a mi no me lo creas, que cuando un presidente de Latinoamérica llega a The Guardian, The New York Times, Le Monde, El País, etcétera, con la intención de que le hagan un reportaje “bonito”, los directivos no se andan con miramientos y le hincan el diente. 


El reportaje de The Guardian sobre Claudia no fue la excepción y debió costar un muy buen billete. 


Pero fue hecho a modo para satisfacer el ego de la presidenta, para que la aplaudan sus cercanos, para presumir en la mañanera y para evadirse de la realidad. Pero es un reportaje que no va a trascender y morirá con una noticia más importante, como por ejemplo, el siguiente escándalo de un político, politicastro o narcopolítico de Morena porque ¡ah!, cómo les gusta dar la nota a esos sujetos y sujetas. 


Abrazo enorme 


Como la solidaridad nunca llega tarde, mi solidaridad a mis compañeros y amigos de muchos años, los periodistas Jorge Faibre y Aracely Baizabal. Reciban un abrazo enorme.  


bernagup28@gmail.com