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domingo, 7 de junio de 2026

Corpus Christi, el amor que te espera


Ruan Angel Badillo Lagos

¡Hermosa la pluma del mensajero que trae buenas nuevas!

Hay días que no se explican del todo con palabras, porque pertenecen más al corazón que a la mente. Corpus Christi es una de ellas. Una solemnidad que invita a mirar hacia arriba, pues Dios está entre todos y desea permanecer cercano.

En esta fiesta se celebra el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Al hablar de ellos no se alude a un símbolo frío ni a una idea bella destinada al recuerdo. Se habla de la presencia real de Cristo, de una compañía permanente, de un Dios cercano al ser humano.

Este misterio nació de la esperanza. La tradición cuenta que la solemnidad de Corpus Christi fue instituida por el papa Urbano IV en 1264. Sin embargo, antes de incorporarse al calendario litúrgico, ya existía un movimiento del alma, es decir, el deseo de mantener viva la fe y dar al misterio un lugar visible y concreto. Este impulso estuvo ligado a las visiones de Santa Juliana de Cornillon y al impacto del Milagro Eucarístico de Bolsena (1263). Como si el cielo guiara suavemente la historia, la humanidad fue llamada a comprender no solo con la razón, sino también con el corazón, que la Eucaristía no es un recuerdo, sino una realidad capaz de tocar la vida. Por ello, cuando la fiesta llega no aparece como una imposición, sino como una respuesta. 

No se trata solo de un acontecimiento histórico; es una realidad vigente. Corpus Christi recuerda una verdad que, en ocasiones, resulta difícil de concebir. La fe lleva a creer en la presencia verdadera de Dios en el Santísimo Sacramento. En medio de una vida llena de ruido, preocupaciones y cansancio, surge la necesidad de algo estable, algo que no cambie ni se aleje, algo que no se canse de nosotros ni dependa de nuestros estados de ánimo o de los días favorables. Se trata de la convicción nacida de la fe; no de una fe ciega, sino sencilla y humilde, capaz de dialogar con la razón y conducir hacia la verdad.

Por eso esta fiesta conmueve. Invita a descubrir una fe cercana, interior, semejante a una brisa que atraviesa la casa cuando todo parecía cerrado.


Hoy, Corpus Christi puede celebrarse cada día mediante una oración silenciosa, una forma de decir:

 Señor, quiero reconocerte.

 Señor, si he dudado, no me sueltes.

 Señor, quédate conmigo.

En el centro de esa oración permanece lo esencial: Cristo, presente entre nosotros. No para impresionar, sino para sostener. En el lenguaje del amor, algunos sentimientos se expresan con palabras y otros mediante la entrega. La fe cristiana, al hablar del Cuerpo y la Sangre de Cristo, recuerda que Dios no se limita a observar; se dona por amor.

Lo más contemplativo de esta fiesta consiste en comprender que nadie camina solo. Aunque el mundo corra sin descanso, existe Alguien que espera. Jesucristo está verdadera, real y sustancialmente presente en todas las hostias consagradas y en cada una de sus partes. Cuando el sacerdote consagra el pan y el vino durante la misa, estos se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Jesús permanece entero en cada fracción y en todos los sagrarios del mundo, donde espera pacientemente a cada persona.