Sin tacto
Por Sergio González Levet
Pareciera que los habitantes de la congregación El Fresno del municipio de Tlacolulan han hecho de los accidentes de tráileres un modus vivendi. Son una comunidad que sustenta su economía en la recolección de mercancías de los camiones que cotidianamente se vuelcan en ese tramo de la pendiente de la autopista Perote-Xalapa.
Se ha llegado a decir, injustamente, que son los propios pobladores los que provocan los accidentes y que han perfeccionado la rapiña a grado tal que en unos minutos dejan vacíos los contenedores de los vehículos que pierden la vía en ese peligroso tramo.
Primero hay que decir que si bien es en ese punto de la carretera donde sucede la mayor cantidad de siniestros, el robo de las mercancías se ha vuelto una costumbre regional en la que participan vecinos de poblados de Las Vigas, de Jilotepec, de Rafael Lucio, de Acajete.
Y segundo, lo más importante, es que el fenómeno de cientos de vecinos que acuden a recolectar los despojos oculta mediáticamente el hecho singular de que en esa zona específica ocurren muchos, muchísimos accidentes, y que la explicación no está en una táctica orquestada por los pobladores beneficiados para que ocurran.
Lo cierto es que la autopista Perote-Xalapa es una trampa mortal.
Y también cierto es que las autoridades no han hecho ni hacen nada para remediar el problema o para reducirlo en sus consecuencias.
El conflicto viene desde la misma construcción de la misma vía. Eran los tiempos de Fidel Herrera Beltrán como Gobernador y consiguió un sueño acariciado por décadas: que el Gobierno federal construyera una vía rápida que diera salida y entrada al tráfico vehicular intenso de miles de vehículos que circulaban entre la capital de Veracruz y el Altiplano. Era una verdadera hazaña de la pericia y de la paciencia recorrer el tortuoso camino que iba desde los 1,400 metros de altura sobre el nivel del mar de Xalapa hasta los casi 3 mil metros de la cúspide de Las Vigas.
Fidel, ya lo recordamos como era, empleó todas sus artes de encantamiento para que la federación convirtiera la carretera autorizada de tres carriles en una autopista de cuatro, como finalmente se hizo. Pero en el pecado llevó la penitencia, porque si bien consiguió la ampliación de la carretera, la obra se realizó sobre el trazo original, que era demasiado estrecho para que se hicieran los peraltes necesarios para evitar curvas demasiado cerradas. Tampoco se guardó la precaución para que no hubiera descensos pronunciados.
Por eso tantos y tantos vehículos no pueden mantenerse dentro de la carretera. Por eso tantos y tantos descarrilamientos y volcaduras.
Corregir los trazos requiere de una inversión exagerada y el Gobierno no tiene esos recursos. Sin embargo, algo se podría hacer con medidas correctivas más exigentes, como la colocación de señalética preventiva, de topes reductores, y la presencia constante de patrullas disuasivas.
Pero no se hace nada de eso, y por eso los tráileres siguen cayendo en la trampa… y por eso los vecinos han hallado una nueva forma de ganarse la vida.
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