Ruan
Ángel Badillo Lagos
¡Hermosa la pluma del mensajero que trae
buenas nuevas!
Dios, en su infinita
misericordia, nos guía por senderos de vida cuando nos acercamos a su palabra y
a su presencia. Decir que Dios me ha mostrado caminos de vida no es una
afirmación abstracta, sino una experiencia vivida cada día. En medio de las
pruebas y las oportunidades, he descubierto que la verdadera dirección no nace
de ideas humanas, sino de una iluminación que brota de la fe y de la lectura
constante de las sagradas escrituras, es decir la Palabra de Dios. Es allí
donde encuentro claridad para discernir la voluntad divina, para distinguir
entre lo que parece aceptable y lo que es mejor ante los ojos de Dios.
Este descubrimiento no es ocasional,
sino una práctica constante a permanecer en la enseñanza y el estudio de la
palabra de Dios. “Para mis pasos tu palabra es una lámpara, una luz en mi
sendero”. La biblia ofrece principios que iluminan las decisiones diarias,
anima a la humildad ante la verdad y fortalece la esperanza en medio de la
incertidumbre. Mantenerse conectado con la enseñanza bíblica no significa una
mera acumulación de conocimiento, sino un encuentro transformador que moldea el
carácter, la conducta y la forma de relacionarnos con los demás. La palabra de
Dios, cuando es leída, meditada y orada, se convierte en aplicada, desciende a lo
profundo del ser y desafía a vivir con amor, compasión y justicia.
Quisiera compartir una
experiencia al dedicar un tiempo significativo de lectura y estudio de las
santas Escrituras. Esta experiencia, lejos de ser una rutina mecánica, ha sido
un viaje de encuentro con un Dios que se revela: cada pasaje leído abre una
puerta y cada reflexión abre un camino de crecimiento. He descubierto que la
repetición y la profundidad en la lectura no son simples hábitos religiosos,
sino momentos de renovación en los que la Palabra de Dios se convierte en
alimento para la vida. En la comunión con las escrituras, se revela una
narrativa de gracia que sostiene cuando el cansancio amenaza y cuando las dudas
se presentan.
Mi experiencia, después del
aseo personal, muy temprano, por cierto, bajo al estudio para entrar en
contacto con la palabra y mi convicción es de que Dios revela caminos de vida
me llevan a un llamado claro: permanecer firmemente en la enseñanza y el
estudio de su palabra, y cultivar la vida de la fe mediante la reflexión, la
comunión con los demás. No se trata de un esfuerzo eventual, sino de una
práctica sostenida que transforma la cosmovisión, las decisiones y las
relaciones. Que cada uno de nosotros pueda, con humildad y constancia, abrir la
Biblia, escuchar la voz de Dios en la oración y encontrarse con Cristo ahí en
cada renglón. Así, caminaremos por senderos de vida que no desembocan en la
inquietud, sino en la paz que sobrepasa todo entendimiento.
