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lunes, 11 de mayo de 2026

El súper peso, fortaleza real o calma momentánea

 


IMPRONTA

Carlos Miguel Acosta Bravo

La reciente apreciación del peso mexicano frente al dólar no es un movimiento menor ni un simple ajuste financiero pasajero. Que la moneda mexicana haya alcanzado su mejor nivel desde febrero, con una ganancia de 1.58%, en medio de uno de los escenarios internacionales más tensos de los últimos años, obliga a hacer una lectura más profunda sobre el momento económico que vive México y sobre cómo lo observan los mercados globales.

El contexto internacional no es precisamente favorable. La tensión geopolítica entre Estados Unidos, Irán e Israel ha elevado la incertidumbre mundial, provocando nerviosismo financiero y movimientos especulativos en prácticamente todos los mercados. En teoría, escenarios así suelen fortalecer al dólar, considerado históricamente un activo refugio junto al oro y los bonos del Tesoro estadounidense. Sin embargo, esta vez ocurrió algo distinto, el peso mexicano resistió la presión y logró apreciarse.

Eso revela una primera conclusión importante, los inversionistas internacionales continúan viendo a México como una economía relativamente estable dentro del grupo de mercados emergentes. Y eso no es poca cosa.

Durante años, el peso ha demostrado una capacidad de resistencia que pocos anticipaban. Incluso después de la pandemia, de la inflación global, de las tensiones comerciales y de la incertidumbre política tanto en México como en Estados Unidos, la moneda mexicana ha mantenido una sorprendente fortaleza. Parte de ello se explica por la política monetaria del Banco de México, que ha sostenido tasas de interés atractivas para los capitales extranjeros, además de mantener una disciplina financiera que sigue generando confianza.

También influye el peso que tiene actualmente México dentro de la reconfiguración económica mundial. El fenómeno del nearshoring continúa colocando al país como un destino estratégico para empresas que buscan acercar cadenas de producción al mercado norteamericano. La reciente inversión de 2 mil millones de dólares anunciada para Hidalgo en el sector farmacéutico no sólo representa generación de empleos o desarrollo industrial; envía además un mensaje político y financiero muy claro, México sigue siendo atractivo para el capital internacional aun en medio de la turbulencia global.

La mejora en la confianza del consumidor durante abril también aporta otra señal relevante. Cuando las familias mantienen expectativas relativamente positivas sobre empleo, consumo y estabilidad económica, los mercados lo interpretan como un síntoma de fortaleza interna. En otras palabras, no sólo importa cuánto exporta México o cuánto atrae de inversión extranjera; también importa que el mercado interno continúe funcionando y sosteniendo parte de la actividad económica nacional.

Sin embargo, detrás de la aparente fortaleza del peso también existen riesgos y contradicciones.

Un peso apreciado tiene beneficios claros, ayuda a contener la inflación, abarata importaciones y reduce presiones sobre combustibles, alimentos, tecnología y productos cotizados en dólares. Para millones de mexicanos eso puede traducirse en cierta estabilidad de precios y en menor presión sobre el bolsillo. Además, facilita parcialmente la tarea de Banxico para controlar la inflación sin recurrir a medidas aún más agresivas.

Pero el “súper peso” también tiene efectos menos visiblesy potencialmente delicados.

Un tipo de cambio demasiado fuerte puede restar competitividad a las exportaciones mexicanas, encarecer productos nacionales en mercados internacionales y afectar sectores estratégicos como el turismo. Además, golpea indirectamente a millones de familias que dependen de remesas, particularmente en estados como Puebla, Oaxaca, Guerrero o Michoacán, donde cada dólar enviado desde Estados Unidos vale menos pesos al momento de convertirse.

Y ahí aparece una paradoja importante, mientras los mercados celebran la fortaleza del peso, muchas comunidades receptoras de remesas pueden resentir una disminución real en su capacidad de consumo.

También conviene entender que esta estabilidad sigue siendo frágil. El conflicto en Medio Oriente podría escalar en cualquier momento y provocar nuevos aumentos en los precios internacionales del petróleo, generando otra ola inflacionaria global. A eso se suma la incertidumbre política rumbo a las elecciones presidenciales en Estados Unidos y la futura revisión del T-MEC, factores que podrían modificar drásticamente el comportamiento de los mercados hacia México.

Por eso sería un error interpretar la apreciación del peso como señal de que la economía mexicana atraviesa un momento plenamente sólido o blindado frente a los riesgos externos. La realidad es más compleja.

Lo que hoy parece reflejar el tipo de cambio es que México conserva fundamentos económicos relativamente más estables que otros países emergentes, y que los inversionistas todavía consideran al país como una pieza estratégica dentro de América del Norte. Pero también demuestra que el mercado financiero puede reaccionar rápidamente ante cualquier cambio político, comercial o geopolítico.

El peso fuerte genera confianza, sí. Pero también obliga a preguntarse si esa fortaleza proviene de un crecimiento económico verdaderamente sólido y sostenible, o si parte importante de ella sigue dependiendo de factores externos, tasas de interés elevadas y movimientos especulativos de capital.

Ahí está la verdadera discusión de fondo.

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cacostabravo@yahoo.com.mx

Maestro en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Formó parte del cuerpo académico en comunicación en la Ibero y en la Universidad Anáhuac, campus norte CDMX.