Sin tacto
Por Sergio González Levet
Cuando tomó posesión como Presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Veracruz la doctora Rosalba Hernández Hernández, la atención ciudadana estuvo fija en ella por todo lo que representó su llegada al máximo sitial jurídico al que aspira cualquier abogado veracruzano.
La distinguida jurista había conseguido 250,443 votos en la primera elección judicial de la historia moderna de Veracruz, lo que significó una grata sorpresa porque ella estaba fuera de toda sospecha de haber sido impulsada por intereses ajenos, menos de haber estado integrada a algún hipotético acordeón por el que hubieran votado los beneficiarios de los programas sociales de la Cuarta Transformación.
Rosalba llegó por su alto reconocimiento en las regiones indígenas del estado y por la buena imagen que ha forjado a través de una carrera impecable en los tribunales y en la academia.
La Universidad Veracruzana tiene como orgullo que la doctora Hernández Hernández haya sido una docente distinguida y formadora de varias generaciones de licenciados en Derecho bien educados en lo académico y en lo ético.
Junto al júbilo por la victoria en las urnas de una de sus integrantes más reconocidas, la comunidad jurídica construyó una grata expectativa fundada en la capacidad, la energía, la honorabilidad y la entereza de la doctora nacida en Chicontepec y proveniente de raíces indígenas puras y acreditadas.
A ocho meses y medio de su gestión, le he preguntado a varios expertos en el área y a abogados que participan en la brega diaria de la impartición de justicia lo que opinan sobre la primera Presidenta del TSAJ electa por votación directa de los ciudadanos.
Les hice saber que su opinión sería anónima y que no tenía ningún contacto directo con la doctora Rosalba como para que le fuera con el chisme -es un decir- de lo que habían opinado sobre ella. De ese modo, lo que me contestaron tuvo el beneficio de la seguridad personal.
El comentario más generalizado se refiere al carácter serio y estricto de la magistrada, al respeto que generan su saber y su continencia. Sin embargo, reconocen también en ella un alto sentido de justicia, acrisolado por su experiencia vasta como juzgadora imparcial.
¿Algún señalamiento en contra? ¿Alguna duda? En verdad nada de eso, sin que el consenso llame a alguna sospecha, porque pude constatar la veracidad fundamentada de las opiniones.
Sí, todos los encuestados coinciden en la difícil situación en que la flamante Presidenta encontró al Poder Judicial: grandes rezagos, falta de infraestructura, tecnología atrasada, pocos recursos humanos y financieros para ejercer a plenitud la responsabilidad de atender todos los conflictos y recursos que se presentan multitudinariamente en la vida del estado…
Pero ahí ha habido avances porque sin pausa alguna los tribunales se están poniendo al corriente con las dilaciones y con las esperas, y lo van a lograr tarde que temprano.
Es que hay una cabeza y una conducción.
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