ColumnaSinNombre |
Pablo Jair Ortega
Tv Azteca se convirtió
en algo peor que Televisa
cuando eran soldados del PRI
—Chopenjawer
Durante años, Miguel Ángel Yunes Linares forjó una carrera política brillante, a la vez que hizo fama de “entrón” y perverso; de peleonero e intimidante a la menor provocación.
Cuentan sus viejos compas de generación que llegó incluso a perseguir a punta de pistola a un legislador en la Cámara de Diputados. Esto fue en los tiempos del poder absoluto del priato, cuando el otrora todopoderoso Partido Revolucionario Institucional dominaba por completo al país.
Ahí se formó el temido Yunes.
También se fue haciendo famoso (nivel leyenda) en el espionaje y manejo de información sensible y confidencial. Se le notaba que disfrutaba esa pasión, al grado de que —dicen las leyendas— había micrófonos ocultos en oficinas de gobierno o del PRI.
Claro, eran los tiempos cuando formaba parte de un engranaje gigantesco del poder que lo rodeaba. Un político rudo necesario para el sistema de ese entonces.
Esas prácticas incluso las llevó al Partido Acción Nacional, partido al que llegó cuando renunció al PRI en 2004. Desde ahí comenzaría otra historia, pues los panistas veracruzanos todos “ñoños”, “tetos”, inocentes y persignados, no sabían la clase de diablo que estaban dejando entrar a la iglesia blanquiazul.
Yunes siempre tuvo fama de “perro” (apodo que le pusieron sus críticos y detractores; así lo llamaba su némesis Fidel Herrera) por su fama de bravo y tenaz. Cuando fue secretario de Gobierno en el gobierno de Patricio Chirinos, no dudó en usar mano dura contra manifestantes, principalmente del extinto partido de izquierda PRD, cuyos líderes luego se sometieron en cuatro para lamerle las patas.
Quien lo tomó como ejemplo para convertirse en el nuevo bravucón del barrio fue su hijo, el mayorcito: Miguel Ángel Yunes Linares (aka) “Miguel Chiquito”. (Y el apodo le queda bien porque, según fuentes cercanas, tiene el mismo temperamento “broncudo” del papá).
Esa faceta de “Miguel Chiquito” se consolidó con las protestas que hicieron alcaldes del PAN y el PRD en plena caída del PRI en Veracruz, cuando tomaron el Palacio de Gobierno a finales de 2016. Ese año, por primera vez el tricolor perdió las elecciones a la gubernatura y el gobernador priista Javier Duarte decidió emprender la fuga ante la catástrofe que se venía.
El violento acoso yunista lo padeció el gobernador interino, Flavino Ríos Alvarado, a quien le tomaron la sede del Poder Ejecutivo y hasta la residencia oficial conocida como “Casa Veracruz”. Ni se diga de todo el escándalo que armaban los yunistas en redes sociales.
Pero la borrachera y el frenesí no acabaron ahí. El iracundo Yunes persecutor lo conocimos cuando por fin cumplió su sueño de ser gobernador de Veracruz... aunque fuese por poquito tiempo, porque su antecesor Duarte le hizo una reforma electoral para que las elecciones federales coincidieran con las locales, ajustando el periodo de su sucesor a solo dos años, entre 2016-2018.
Pero en ese lapso que tuvo poder, Yunes cazó uno por uno a varios de integrantes del ex gabinete de Javier Duarte (algunos muy impresentables y hampones, la verdad) para encerrarlos en la cárcel hasta por dos años, utilizando para esto el control que también tenía en la Fiscalía General del Estado a través de su achichincle Jorge Winckler, hoy preso precisamente para enfrentar cargos de abuso de autoridad, entre otras acusaciones.
A otro que también persiguió de cerca fue a su némesis Fidel Herrera Beltrán. Dicen que el acoso era tan intenso, que desencadenó el deplorable estado de salud del célebre “Tío Fide” con el que terminó sus últimos días.
Pero el sueño no se quedaría ahí: Yunes también estaba dejando un legado a través de sus hijos, ya que desde que tuvo el control del PAN en Veracruz se apoderó de los cargos para su familia y cuates cercanos. Ahí comenzaron las carreras políticas de sus hijos Miguel y Fernando. De hecho, al primero lo convirtió en candidato a la gubernatura para el periodo 2018-2024.
La diferencia entre los chilpayates y el papá, es que éste se forjó desde abajo, con las limitaciones de un estudiante de bajo recursos que se juntaba con riquillos para poder ir a pasear por el estado. Los chamacos nacieron ya con toda la mesa servida, en cuna de plata, apoyados por el padre y sin que lucharan para ganarse los cargos que llegaron a tener.
En este sentido, hay un gran mundo de diferencia entre los hijos y el patriarca.
Las cosas cambiaron en 2018, cuando llegó Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República, así como Cuitláhuac García Jiménez a la gubernatura de Veracruz, derrotando a “Miguel Chiquito”. Una derrota que hasta el día de hoy no ha podido superar.
El patriarca leyó las señales cuando vio que los hijos estaban quedando “indefensos” porque los padrinos, los protectores, los contactos en las altas esferas del poder se les estaban esfumando con la llegada de la Cuarta Transformación. Aparte, los hermanitos Yunes Márquez hicieron travesuras con recursos públicos y temas electorales, por las que les resultaron sendas denuncias. A ambos, se sabe, los tienen o tenían judicialmente agarrados de los tompiates.
Otra versión, dicen, es que al quien tienen en la mira es al papá, pero sobre todo al patrimonio familiar de riqueza inexplicable que han hecho en pocos años. Que por eso doblaron las manitas y se entregaron a la 4T.
Y es que viendo la falta de protección para las fechorías, los Yunes decidieron traicionar al partido que les dio todo (como el papá al PRI) y de plano “Miguel Chiquito”, siendo senador del PAN, decidió declararse “morenista” y se fue a refugiar bajo el escroto de Adán Augusto López Hernández, el coordinador de senadores morenistas.
Con esto, los Yunes firmaron públicamente su sentencia el 10 de septiembre de 2024, cuando durante la votación de la reforma al Poder Judicial, Yunes Márquez emitió el voto decisivo que le otorgó a Morena y sus aliados la mayoría calificada necesaria para aprobar el dictamen.
Desde ahí todo ha cambiado para los Yunes.
Ya sin poder, sin ningún cargo relevante del padre, siendo “Miguel Chiquito” uno más del montón de senadores de Morena, y Fernando un diputado local del PAN con muy bajo perfil, los Yunes quedaron apestados. Con relativo poder en el PAN de Veracruz, pero con el tufo persistente de traidores.
Por lo pronto, no los pueden ver los de Morena (salvo descerebrados como el senador Manuel Huerta y el propio Adán Augusto), ni tienen el acercamiento que quisieran con la presidenta Sheinbaum o funcionarios de alto nivel. Tan fuerte es el olor a apestados, que se ve difícil que alguien en Morena los pueda rescatar.
Hoy los Yunes (especialmente “Miguel Chiquito”) están sufriendo de lo mismo que hicieron sufrir a muchos: la persecución y el acoso. Lo más reciente han sido fotografías del senador chupando un vino caro en un taberna lujosa en España, así como una foto con su presunta pareja sentimental actual en Nueva York, imagen en la cual se ve huyendo de la cámara. Otras imágenes que circulan son las del patriarca echando novio en Europa.
¿Lo más risible del asunto? Que ni siquiera los está exhibiendo Morena o el Estado, sino las mismas personas que algunas vez fueron sus fanáticos o admiradores y hoy les cobran la factura de lo que consideran fue una traición histórica imperdonable.
Claro que a nadie se le desea esta exposición mediática de tal magnitud, mucho menos de la vida personal, pero los Yunes se lo ganaron a pulso durante años y hoy el karma se les está revirtiendo: los acosadores se han convertido en los acosados. Los que exhibían y humillaban, hoy son exhibidos y humillados.
Y parece que así será por largo, muy largo rato. Falta ver qué van a hacer cuando les falte el papá, quien ya no es tan joven y parece más dedicado a la dolce vita en sus últimos años, refugiado en el amor otoñal.
Merecido se lo tiene, chingao.

















































