DE PRIMERA MANO
Las sesiones solemnes suelen ser aburridas: protocolo, discursos de manual y la foto de rigor.
La del
viernes 6 de noviembre, con la que el Consejo General del OPLE Veracruz instaló
el Proceso Electoral Local 2026-2027, iba por ese camino, hasta que le tocó
hablar al presidente del Comité Directivo Estatal de Morena, Esteban Ramírez
Zepeta.
Hay una
frase que algunos atribuyen a Groucho Marx, otros a Mark Twain y otros más al
viejo Lincoln, su autoría es tan difusa como certera su sentencia: más vale
permanecer callado y parecer estúpido, que hablar y despejar todas las dudas
El flamante
dirigente morenista decidió ignorarla y el viernes despejó todas las dudas.
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En lugar de
un posicionamiento sobre las reglas del juego, la equidad en la contienda o el
papel de su partido como fuerza gobernante frente al árbitro electoral, Ramírez
Zepeta optó por el incienso.
Con una
cursilería que habría sonrojado al más entusiasta de los aplaudidores de la
vieja escuela priista, aseguró que cada en Veracruz se siente “un rocío de
esperanza”.
El juego de
palabras con el nombre de la gobernadora era tan obvio que nadie en el auditorio
necesitó explicación.
Tampoco Héctor
Yunes Landa, dirigente de Alianza Generacional por Veracruz, que con su
colmillo de medio siglo en la política no iba a dejar pasar un regalo así.
Le tomó la
palabra y le dio la razón a medias: coincidió en que "Veracruz ya
despertó", pero advirtió que "un rocío no es suficiente para resolver
los problemas del estado".
Y remató
con una imagen que le dio la vuelta a la metáfora del morenista: "Se
necesita una cascada de votos de castigo de la sociedad para devolver Veracruz
a los veracruzanos y a estos la seguridad, la salud y la certidumbre que Morena
nos ha arrebatado".
Ramírez
Zepeta llevó una gota y Yunes le respondió con una catarata, el dirigente de
Morena le sirvió al adversario, en charola de plata, el mejor mensaje de
arranque de campaña que se escuchó en la sesión.
El problema
de fondo no es la metáfora, que es mala en sí misma, sino el lugar donde se
pronunció, pues una sesión del OPLE no es un mitin ni la antesala de Palacio de
Gobierno, es el acto en el que el órgano electoral declara abierta una
competencia en la que el partido del gobierno debería ser uno más entre iguales.
Que el
dirigente de Morena Veracruz usara la tribuna del árbitro para ensalzar a la
titular del Ejecutivo revela una confusión de papeles que debería preocupar más
que divertir, pero divirtió, y mucho.
*****
Como si la
lisonja no bastara, Ramírez Zepeta se perdió en la lectura de su discurso, se
trabó y repitió, buscó el renglón extraviado y tropezó con palabras que
cualquier estudiante de secundaria pronuncia sin esfuerzo.
Yunes Landa
que estaba a su lado, volvió a la carga y, con una sorna que sólo dan los años
de tablas, le ofreció prestarle su discurso.
La
respuesta del auditorio fue la peor sentencia posible para un político, una
carcajada sonora.
No vino sólo
de los adversarios naturales de Morena, se rieron los representantes de los
demás partidos y hasta consejeros electorales, quienes por oficio y por
investidura están obligados a guardar la compostura, era imposible no hacerlo,
sin disculpar a nadie
Para la
noche, las redes ya habían hecho lo suyo, los memes circularon con la velocidad
con que circula en Veracruz todo lo que exhibe a un poderoso, y el rocío de
esperanza se convirtió, en cuestión de horas, en la frase del fin de semana.
*****
Pero el
momento más revelador no fue la cursilería ni el extravío en la lectura, fue un
lapsus.
Ramírez
Zepeta quiso decir que en la Cuarta Transformación nadie está por encima de la
ley lo que le salió primero fue un “en la Cuarta Transformación todos…”,
seguido de una pausa que se hizo eterna antes de corregir el rumbo.
Freud tenía
nombre para eso, el lapsus linguae no es un error cualquiera, es
el instante en que lo que se piensa le gana la carrera a lo que se pretende
decir.
Al
dirigente se le enredó la lengua, literalmente, en la frase que mejor resume la
sospecha que buena parte de los veracruzanos tiene sobre el partido en el poder
y la pronunció justo ante el organismo que deberá vigilar que, en 2027,
efectivamente nadie esté por encima de la ley.
el
subconsciente de Ramírez Zepeta eligió el peor día y el peor foro para hablar
con franqueza.
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La gobernadora
Nahle no necesitaba que nadie le dijera, en una sesión del OPLE, que Veracruz
despierta empapado de esperanza, Zepeta quiso hacerle un favor y le hizo uno
muy flaco.
El
incienso, cuando se agita con torpeza, termina ahumando al que lo carga y deja
tosiendo a quien se pretendía honrar.
Morena
llega al arranque formal del proceso electoral como la fuerza dominante en
Veracruz, tiene estructura, presupuesto y gobierno.
Lo que el
viernes quedó en evidencia es que no siempre tiene quien hable por ella, a un
dirigente estatal se le exige, como mínimo, que sepa leer su propio discurso,
que distinga una sesión del árbitro electoral de un acto de adulación y que, si
no tiene nada sensato que decir, recuerde la vieja máxima de Groucho, de Twain
o de quien haya sido.
Porque el
viernes, en el OPLE, Esteban Ramírez Zepeta habló y despejó todas las
dudas y si la frase de Groucho la traducimos al florido lenguaje jarocho,
imagine usted lo demás…
¡Qué barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com
















































