Por Miguel Ángel Cristiani G.
Hay reconocimientos que se entregan por protocolo y hay otros que, además de reconocer una trayectoria, sirven para recordarles a los políticos de hoy lo que significa realmente dedicar la vida al servicio público.
Éste último parece ser el caso de Gloria Sánchez Hernández, quien este
jueves 27 de agosto recibirá, en sesión solemne de la LXVII Legislatura del
Congreso de Veracruz, la Medalla y Diploma “Heberto Castillo Martínez” 2025.
Y más allá de la medalla, hay algo que vale la pena
rescatar: la congruencia de una
trayectoria política y educativa construida durante décadas.
Gloria Sánchez no llegó a la política de la mano de
una ocurrencia ni descubrió ayer el discurso de la izquierda.
Nacida en Xalapa, profesora de Educación Primaria
por la Benemérita y Centenaria Escuela Normal Veracruzana “Enrique C. Rébsamen”
y licenciada en Lengua Inglesa por la Universidad Veracruzana, desarrolló buena
parte de su vida profesional en la educación y la formación de docentes.
Fue fundadora de cátedra, presidenta de academia y
directiva de la Normal Veracruzana.
También trabajó en el ámbito internacional y
colaboró con la Unesco en Nicaragua, particularmente en temas relacionados con
la educación y la pedagogía multigrado.
Pero su trayectoria no se quedó en las aulas.
Llegó a la Cámara de Diputados y posteriormente al
Senado de la República, donde impulsó reformas a la Ley General de Educación
relacionadas con la inclusión de personas con discapacidad, la educación dual y
la formación para el trabajo.
Es decir, hubo una conexión entre lo que estudió,
lo que enseñó y lo que posteriormente hizo desde una responsabilidad pública.
Eso, en política, debería ser lo normal.
Aunque últimamente parezca extraordinario.
Una
alumna que no olvidó al maestro
Hay otro aspecto particularmente significativo en
este reconocimiento.
Gloria Sánchez fue alumna de Heberto Castillo Martínez, el
científico, ingeniero y político veracruzano cuyo nombre lleva la medalla que
ahora recibirá.
Pero no solamente fue su alumna.
Ha mantenido vivo su pensamiento y ha promovido
durante años homenajes, foros y actividades relacionadas con su legado.
Incluso impulsó la inscripción del nombre de
Heberto Castillo en el Muro de Honor del Senado de la República.
La razón es sencilla: entendió que recordar a un
personaje no consiste en repetir su nombre en los discursos, sino en preservar
sus ideas y, sobre todo, sus principios.
Heberto Castillo defendía una concepción de la
política vinculada con la ciencia, la conciencia y la justicia social.
Y Gloria Sánchez ha procurado mantener esa visión.
Una
lección para la política actual
Por eso la medalla adquiere un significado que va
más allá de un acto protocolario del Congreso.
Representa también una oportunidad para
preguntarnos qué queda actualmente de aquellos principios entre quienes se
presentan como representantes de la izquierda.
Porque hoy sobran políticos que hablan de pueblo.
Hablan de transformación.
Hablan de justicia social.
Hablan de democracia.
Pero una cosa es pronunciar esas palabras desde una
tribuna y otra muy diferente vivir de
acuerdo con ellas.
La trayectoria de Gloria Sánchez ofrece precisamente
ese contraste.
No se trata de idealizar a una persona ni de
afirmar que su carrera estuvo libre de errores.
Se trata de reconocer que existe una diferencia
entre hacer de la política una forma de servicio y convertirla simplemente en
una forma de hacer carrera.
La verdadera izquierda, si quiere conservar algún
sentido, debería preocuparse menos por los cargos y más por los principios.
Menos por la fotografía y más por los resultados.
Menos por el discurso sobre el pueblo y más por
escuchar realmente al pueblo.
Por eso, el reconocimiento a Gloria Sánchez puede
ser también un mensaje para las nuevas generaciones de políticos.
La política no debería
ser el camino para enriquecerse, encumbrarse o sentirse superior a los
ciudadanos.
Debería ser una responsabilidad.
Un compromiso.
Un servicio.
Como seguramente diría Pancho López:
“Medallas hay muchas; lo
difícil es llegar a merecerlas cuando ya no se tiene ningún cargo que
defender.”
Y quizá ésa sea la mejor enseñanza que deja este
homenaje.
Gloria Sánchez no
necesita un cargo para demostrar lo que piensa de la política. Su trayectoria
habla por ella.





























