Radiografía
del OPLE Veracruz
Por Miguel Ángel Cristiani G.
Después
de cuatro entregas, ya sabemos algo que parecía sencillo pero que no lo es
tanto: hablar del presupuesto del Organismo Público Local Electoral de Veracruz
como una sola cifra puede llevarnos a conclusiones equivocadas.
Una
parte corresponde a la operación institucional.
Otra
a la organización de los procesos electorales.
Y
otra, muy importante, al financiamiento público de los partidos políticos.
Ahora
toca dar un paso más.
Porque
saber cuánto gasta Veracruz no es suficiente.
La
verdadera pregunta es:
¿Cómo
se compara ese gasto con el de otros estados?
Aquí
comienza una comparación que debe hacerse con cuidado. No tendría sentido
enfrentar, por ejemplo, el presupuesto de un organismo electoral de una entidad
pequeña con el de Veracruz sin considerar población, padrón electoral, número
de municipios, cargos en disputa y tipo de elección.
Sería
como comparar el presupuesto de un hospital rural con el de un centro médico
nacional y concluir que uno es más caro simplemente porque tiene más empleados.
En
materia electoral ocurre algo parecido.
Veracruz tiene una dimensión electoral considerable
Veracruz
es una de las entidades con mayor población del país y cuenta con un padrón
electoral de varios millones de ciudadanos.
Además,
tiene 212 municipios, lo que representa una estructura territorial
considerable para cualquier elección local.
Eso
tiene consecuencias presupuestales.
Organizar
una elección municipal en Veracruz no significa instalar solamente unas cuantas
oficinas en la capital.
Implica
desplegar infraestructura electoral en cientos de municipios, contratar y
capacitar personal, distribuir documentación, instalar consejos, trasladar
materiales, operar sistemas y coordinar una estructura que debe funcionar
prácticamente en todo el territorio estatal.
Por
eso sería injusto afirmar, solamente a partir del monto global, que el OPLE
Veracruz es caro.
Pero
también sería un error utilizar el tamaño de Veracruz como explicación
automática para cualquier nivel de gasto.
La
comparación debe hacerse con números.
El tamaño importa, pero no lo explica todo
El
propio OPLE está obligado a reportar periódicamente su información financiera y
presupuestal conforme a las disposiciones de contabilidad gubernamental y
fiscalización. Sus informes permiten conocer el presupuesto aprobado,
modificado, devengado y pagado.
Ese
nivel de información nos permite construir indicadores mucho más útiles que el
simple monto total.
Por
ejemplo:
Presupuesto por elector.
Presupuesto por municipio.
Presupuesto operativo por elector.
Costo del proceso electoral por ciudadano.
Financiamiento público por elector.
Y,
eventualmente:
Costo por voto emitido.
Estos
indicadores permiten comparar entidades de tamaños diferentes.
El problema de las comparaciones fáciles
Hay
una tentación muy común en el análisis político: tomar el presupuesto de un
organismo y compararlo con el de otro.
Si
Veracruz tiene 665 millones y otro estado tiene 400 millones, pareciera
evidente que Veracruz gasta más.
Pero
esa comparación no dice prácticamente nada.
Lo
importante sería saber cuántos electores tiene cada entidad, cuántos municipios
administra electoralmente, qué elección está organizando, cuántos cargos están
en disputa y cuánto de ese presupuesto corresponde a prerrogativas partidistas.
Sólo
entonces podemos empezar a hablar de eficiencia.
Porque
una cosa es gastar más.
Y
otra muy distinta es gastar más por cada ciudadano atendido o por cada
proceso organizado.
2026
ofrece una oportunidad excepcional
El
ejercicio 2026 resulta particularmente interesante porque el presupuesto del
OPLE Veracruz descendió considerablemente respecto de 2025.
El
presupuesto aprobado quedó en 665 millones 731 mil 84 pesos.
Posteriormente,
el organismo redistribuyó los recursos y ajustó diversas partidas.
En esa
redistribución quedaron alrededor de 250.37 millones de pesos para servicios
personales, 29.35 millones para materiales y suministros y 121.98 millones para
servicios generales, además de 264.04 millones para prerrogativas de los
partidos políticos.
El
propio OPLE informó que el ajuste significó reducciones cercanas al 50 por
ciento en 104 partidas.
Este
dato merece especial atención.
Porque
si una institución puede ajustar de manera tan significativa una cantidad
importante de partidas y continuar funcionando, la ciudadanía tiene derecho a
conocer qué ocurrió.
¿Se
trataba de gastos estrictamente necesarios que ahora tendrán que reducirse?
¿Eran
previsiones que finalmente no se utilizarán?
¿O
durante los años electorales existen gastos que, aunque legales, podrían
revisarse con criterios de mayor austeridad?
No
afirmamos una respuesta.
La
estamos buscando.
La
comparación que realmente importa
Por
eso, en Bitácora Política proponemos cambiar la pregunta.
No
queremos saber simplemente:
¿Qué
OPLE gasta más?
Queremos
saber:
¿Qué
OPLE obtiene mejores resultados con los recursos que recibe?
Y
para eso tendremos que comparar variables homogéneas.
Presupuesto
aprobado.
Presupuesto
ejercido.
Padrón
electoral.
Lista
nominal.
Número
de municipios.
Número
de cargos.
Participación
ciudadana.
Gasto
operativo.
Prerrogativas.
Y,
cuando sea posible, costo efectivo de cada proceso electoral.
Sólo
entonces podremos determinar si Veracruz se encuentra dentro de un rango
razonable o si existen diferencias que merecen explicación.
La democracia también necesita eficiencia
Hay
algo que no debe perderse de vista.
La
austeridad no significa debilitar las instituciones electorales.
Un
organismo electoral sin recursos suficientes tampoco puede garantizar elecciones
confiables.
La
democracia necesita árbitros fuertes, profesionales e independientes.
Pero
independencia no significa ausencia de controles.
Y
autonomía tampoco significa que el dinero público pueda gastarse sin que nadie
pregunte.
El
OPLE tiene una responsabilidad doble.
Por
un lado, garantizar elecciones confiables.
Por
otro, demostrar que los recursos que recibe se utilizan con eficiencia,
transparencia y rendición de cuentas.
La
propia estructura institucional contempla mecanismos de fiscalización y control
interno para verificar el ejercicio del gasto y el cumplimiento de las normas
aplicables.
Por
eso, pedir cuentas no significa estar contra el OPLE.
Significa
tomar en serio su función.
La
pregunta queda abierta
Después de
cinco entregas, nuestra investigación ha llegado a un punto interesante.
Ya sabemos que
el presupuesto cambia radicalmente según el calendario electoral.
Ya sabemos que
una parte importante de los recursos corresponde a los partidos.
Ya sabemos que
el gasto operativo puede aumentar considerablemente durante los procesos
electorales.
Y ahora sabemos
que no basta comparar cifras absolutas.
Hay que
medirlas contra resultados.
Por eso la
última entrega de esta primera serie será quizá la más importante.
No hablaremos
solamente de cuánto cuesta la democracia.
Hablaremos de qué
obtenemos a cambio de ese dinero.
Porque la
pregunta final no es si el OPLE Veracruz gasta mucho o poco.
La pregunta
verdadera es mucho más incómoda:
¿Cada peso
que gastamos en democracia produce la democracia que los ciudadanos merecen?
Esa respuesta
no la puede proporcionar un discurso institucional.
Tendrán que
proporcionarla los números.
Continuará.


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