Por Miguel Ángel Cristiani G.
Hay ocasiones en que los números hablan por sí
solos y hasta al más escéptico le cuesta trabajo discutir con ellos.
El Festival del Mar 2026 acaba de dejar en
Coatzacoalcos una cifra que merece ser tomada en serio: 125 mil asistentes
durante sus tres días de actividades, una derrama económica estimada en 48.5
millones de pesos y una ocupación hotelera del 75 por ciento.
No es poca cosa.
Y mucho menos para una ciudad que durante años ha
buscado recuperar su dinamismo económico, turístico y cultural.
Porque detrás de las luces, los escenarios y los
artistas hay algo que a veces se pierde en la discusión política: la
actividad económica que genera una ciudad cuando logra atraer visitantes.
Del 7 al 9 de agosto, Coatzacoalcos recibió a miles
de familias y visitantes que acudieron a disfrutar de una cartelera que reunió
a Nicho Hinojosa y Manuel Turizo; al tenor veracruzano Javier Camarena y
Natalia Jiménez; y a Las Tres Grandes.
Y aunque el atractivo artístico fue evidente, el
verdadero resultado no estuvo solamente arriba del escenario.
Estuvo en los hoteles.
En los restaurantes.
En los comercios.
En los taxis.
En los vendedores.
En los pequeños negocios.
En quienes encontraron durante esos días una
oportunidad adicional para obtener ingresos.
De acuerdo con los datos reportados, alrededor
de 250 negocios, entre hoteles, comercios establecidos y vendedores instalados
durante el festival, participaron en esta dinámica económica.
Ahí está una de las razones por las que vale la
pena defender la realización de acontecimientos de esta naturaleza.
Porque un festival no debe medirse únicamente por
cuántas personas estuvieron frente al escenario.
También debe medirse por cuánto movimiento
genera alrededor del escenario.
Y en este caso, la cifra estimada es de 48
millones 500 mil pesos de derrama económica.
Claro que habrá quienes inmediatamente pregunten
cuánto costó organizar el festival.
Y hacen bien.
La transparencia y la rendición de cuentas nunca
deben estar peleadas con la promoción cultural o turística.
Todo recurso público debe ser transparente.
Pero tampoco podemos caer en el extremo de
considerar que todo gasto en cultura, turismo o entretenimiento es
automáticamente un desperdicio.
Una ciudad también necesita invertir en su
identidad.
Necesita generar acontecimientos.
Necesita atraer visitantes.
Necesita ofrecer espacios de convivencia.
Y necesita construir una imagen diferente a la que
durante años ha prevalecido sobre ella.
Coatzacoalcos no puede vivir solamente de recordar
lo que alguna vez fue.
Tiene que construir lo que quiere ser.
Por eso resulta significativo que el presidente
municipal haya planteado como objetivo regresar a Coatzacoalcos al liderazgo
regional, utilizando actividades culturales y musicales que fortalezcan la
convivencia y generen beneficios para los sectores productivos.
Ese liderazgo no se recupera solamente con
discursos.
Se recupera haciendo que la gente venga.
Que se quede.
Que consuma.
Que conozca la ciudad.
Que hable bien de ella.
Y que tenga motivos para regresar.
El dato de la ocupación hotelera del 75 por
ciento también merece atención.
Porque cada habitación ocupada representa
visitantes que comen, se transportan, compran y utilizan servicios.
Eso es economía local.
Eso es turismo.
Eso es circulación de dinero en la ciudad.
Y por eso el Festival del Mar puede ser visto como
algo más que una cartelera de conciertos.
Puede convertirse en una estrategia de promoción
de Coatzacoalcos.
Claro, todavía hay mucho por hacer.
El verdadero reto será que estos 125 mil visitantes
no representen solamente una fotografía de tres días.
El desafío consiste en convertir el Festival del
Mar en una tradición.
En una marca.
En un acontecimiento esperado cada año.
En un motivo para que visitantes de otras partes de
Veracruz y del país incorporen a Coatzacoalcos dentro de sus destinos.
Y para eso habrá que mejorar cada edición.
Medir resultados.
Transparentar costos.
Conocer con precisión la derrama económica.
Evaluar la ocupación hotelera.
Medir el beneficio para comerciantes y prestadores
de servicios.
Y escuchar también a los ciudadanos.
Porque un festival exitoso no es solamente aquel
que llena una plaza.
Es aquel que deja beneficios en la ciudad y
consigue que la gente quiera volver.
Incluso el mal tiempo terminó poniendo a prueba la
capacidad de organización.
La presentación de La Arrolladora Banda El Limón
tuvo que ser reprogramada por las condiciones climatológicas, y la agrupación
decidió permanecer para ofrecer el concierto de cierre.
También eso habla de algo que no siempre aparece en
las estadísticas: la voluntad de mantener vivo el encuentro con la gente.
Desde luego, nadie pretende que un festival
resuelva por sí solo los problemas económicos de Coatzacoalcos.
Sería absurdo.
Pero tampoco sería sensato despreciar una actividad
que, según los datos reportados, movilizó a 125 mil personas y generó una
derrama estimada de 48.5 millones de pesos.
Coatzacoalcos necesita empleo.
Necesita inversión.
Necesita turismo.
Necesita cultura.
Necesita espacios de convivencia.
Y necesita recuperar el orgullo de ser una ciudad
que tiene mucho que ofrecer.
Por eso, bienvenido el Festival del Mar.
Que se consolide.
Que crezca.
Que se profesionalice.
Que cada año genere mayores beneficios.
Y, sobre todo, que Coatzacoalcos vuelva a mirar
hacia el mar.
Porque quizá una parte de su futuro no esté en olvidar
su pasado, sino precisamente en recuperar aquello que siempre ha estado
frente a sus ojos: el mar como identidad, como atractivo y también como
oportunidad.
125 mil asistentes no son solamente una cifra.
Son 125 mil razones para pensar que Coatzacoalcos
puede volver a ser protagonista.
Y los 48.5 millones de pesos de derrama
económica son una razón adicional para que el Festival del Mar no sea visto
como un gasto más, sino como una inversión que debe ser evaluada,
transparentada y, si los resultados se mantienen, fortalecida.




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