Por Miguel Ángel Cristiani G.
Dicen en el puerto de Veracruz que las noticias son
cíclicas: tarde o temprano terminan repitiéndose, aunque cambien los
protagonistas, los funcionarios y hasta los discursos.
Y con los ingenios azucareros parece que la
historia se empeña en demostrarlo.
Desde que tenemos memoria, allá por los años
setenta, ya se escuchaban las mismas amenazas que ahora: que un ingenio estaba
en crisis, que ya no era negocio, que los costos de operación eran
insostenibles y que, de no recibir ayuda, tendría que cerrar sus puertas.
Por aquellos años, un poderoso industrial de la
industria azucarera, propietario de varios ingenios, recurría a un argumento
que hoy vuelve a sonar conocido: si el gobierno no intervenía y aportaba
recursos, la empresa simplemente no podía continuar.
Y el gobierno terminaba entrando al quite.
Millones de pesos después, el ingenio seguía
funcionando.
El problema era que, aparentemente, el dinero
alcanzaba para apagar el incendio, pero no para cambiar las instalaciones
eléctricas, renovar la maquinaria, mejorar los procesos productivos o realizar
las inversiones necesarias para garantizar su viabilidad a largo plazo.
Pasaba el tiempo y, como en una película que ya
todos conocían, volvía la amenaza de cierre.
Otra vez la crisis.
Otra vez los trabajadores en incertidumbre.
Otra vez los productores de caña preocupados.
Otra vez el impacto económico para toda una región.
Y otra vez el gobierno obligado a intervenir.
Cincuenta años después, pareciera que solamente
cambiaron los nombres.
Ahora, tras varias semanas de dimes y diretes,
incertidumbre y preocupación entre trabajadores, productores y habitantes de
Lerdo de Tejada, se anuncia que el Ingenio San Pedro continuará operando y
realizará la próxima zafra.
El acuerdo alcanzado entre autoridades federales,
el Gobierno de Veracruz y directivos de Grupo Porres habría permitido
desactivar el anuncio de cierre que la empresa realizó a principios de agosto,
argumentando inviabilidad económica.
El secretario de Desarrollo Económico y Portuario,
Ernesto Pérez Astorga, confirmó que las negociaciones llegaron a buen puerto y
aseguró que existe un ambiente de concordia y tranquilidad.
La noticia, desde luego, merece celebrarse.
Porque detrás de un ingenio no solamente están las
paredes, las chimeneas y los molinos.
Está una cadena económica completa: trabajadores,
productores de caña, transportistas, comerciantes, prestadores de servicios y
cientos de familias que dependen directa o indirectamente de que la fábrica
permanezca abierta.
Que el Ingenio San Pedro continúe operando es, por
tanto, una buena noticia para Lerdo de Tejada y para toda la región.
Pero una cosa es apagar la emergencia y otra muy
distinta resolver el problema.
Y ahí es donde comienza la verdadera discusión.
Porque si el ingenio estaba al borde del cierre por
inviabilidad económica, la pregunta inevitable es: ¿qué va a cambiar ahora para
que dentro de unos meses o unos cuantos años no volvamos a escuchar exactamente
la misma amenaza?
¿Habrá un programa serio de modernización?
¿Se invertirán recursos para hacer más eficiente la
producción?
¿Se establecerán compromisos concretos de inversión
privada?
¿Habrá transparencia sobre los apoyos públicos que
eventualmente se otorguen?
¿Se conocerán las causas financieras y operativas
que llevaron a plantear el cierre?
Porque si la solución consiste únicamente en poner
dinero público para que el ingenio pueda llegar a la siguiente zafra, estaremos
frente a una solución temporal, no frente a una política industrial.
Y Veracruz ya conoce demasiado bien esa película.
Durante décadas, el Estado ha terminado funcionando
como una especie de aseguradora de última instancia para empresas que enfrentan
problemas estructurales. Cuando las cosas marchan bien, las ganancias son
privadas; cuando aparecen las pérdidas y el riesgo de cierre amenaza con
convertirse en un problema social, entonces aparece la mano pública.
Eso puede ser comprensible cuando se trata de
proteger empleos y evitar un desastre económico regional.
Lo que resulta difícil de justificar es que cada
rescate no venga acompañado de una estrategia para que el siguiente rescate ya
no sea necesario.
Porque rescatar un ingenio una vez puede ser una
emergencia.
Rescatarlo cada cierto tiempo puede convertirse en
una costumbre.
Y cuando una costumbre se financia con dinero de
los contribuyentes, entonces deja de ser solamente un asunto empresarial: se
convierte en un asunto de interés público.
Por eso, más que festejar que el Ingenio San Pedro
sobrevivió otra temporada, habría que preguntarnos qué se hará para que pueda
sobrevivir por sí mismo.
La verdadera noticia no será que habrá zafra este
año.
La verdadera noticia será que algún día podamos
informar que un ingenio veracruzano es rentable, moderno, competitivo y capaz
de mantenerse sin tener que tocar periódicamente las puertas de los gobiernos
para pedir auxilio.
Porque, de lo contrario, estaremos condenados a
seguir escuchando la misma historia.
Cambiarán los empresarios.
Cambiarán los gobernadores.
Cambiarán los secretarios.
Cambiarán los discursos.
Pero la amenaza de cierre seguirá siendo la misma.
Y, como siempre, al final terminará pagando la
cuenta el mismo de siempre: el pueblo.
PANCHO LÓPEZ
Y como diría nuestro siempre oportuno Pancho López:
“¡Pues qué bonito negocio: ¡cuando hay ganancias son de los dueños y cuando
hay pérdidas, también son del gobierno!”
La caña podrá seguir creciendo, pero si seguimos
sembrando rescates en lugar de inversiones, la cosecha será siempre la misma.


.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)


















.jpeg)





.jpeg)

