Por Miguel Ángel Cristiani
La política tiene memoria. Los ciudadanos saben
distinguir entre el funcionario que aparece únicamente cuando hay cámaras,
inaugura una obra o busca el siguiente cargo, y aquel que regresa una y otra
vez a las comunidades que le dieron su voto.
Por eso llama la atención lo ocurrido el pasado fin
de semana en Tatahuicapan de Juárez.
Mientras algunos personajes de la Cuarta
Transformación en Veracruz parecen haber sustituido el contacto con la
ciudadanía por interminables publicaciones en redes sociales, conferencias de
prensa y boletines cuidadosamente maquillados, el diputado local y presidente
de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado, Esteban Bautista Hernández,
hizo exactamente lo contrario: salió al territorio.
Y el territorio respondió.
Más de cinco mil personas acudieron a la Asamblea
Informativa en Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional. Una
asistencia que difícilmente puede atribuirse únicamente a la capacidad de
movilización de un partido político. La gente no abandona sus actividades
durante horas para escuchar a cualquiera. Cuando eso ocurre, existe detrás un
trabajo político permanente, una relación construida con los años y una presencia
constante en la región.
Esa es, precisamente, la diferencia entre hacer
política y administrar un cargo público.
Muchos de los nuevos cuadros de Morena parecen
convencidos de que una fotografía junto a la gobernadora, una selfie con la
presidenta o un video en TikTok bastan para mantener vigente un liderazgo.
Grave error. La política real sigue caminando por las calles, recorriendo
ejidos, visitando comunidades y escuchando de frente los problemas de la gente.
En Tatahuicapan quedó demostrado que el liderazgo
no se decreta desde un escritorio.
La presencia de la presidenta de la Mesa Directiva
del Congreso del Estado, la diputada Naomi Edith Gómez Santos, dio al encuentro
un carácter institucional que reforzó el mensaje de unidad. Durante su
intervención, Esteban Bautista convocó a defender la soberanía nacional y la
continuidad del proyecto encabezado por la gobernadora Rocío Nahle García y la
presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Pero más allá de los discursos, la imagen que quedó
fue otra: miles de ciudadanos marchando de manera ordenada por el bulevar
principal de la cabecera municipal. Esa fotografía vale más que cualquier
encuesta de ocasión.
Quizá por eso algunos deberían tomar nota.
La Cuarta Transformación llegó al poder gracias al
trabajo territorial, no gracias a estrategas digitales ni consultores de
imagen. Sin embargo, conforme algunos dirigentes han probado las mieles del
poder, también han adquirido uno de los peores vicios de la vieja política:
encerrarse en las oficinas, rodearse únicamente de colaboradores que les dicen
lo que quieren escuchar y aparecer solamente cuando conviene políticamente.
Ese es un camino peligroso.
La soberbia ha sido el principio del fin de muchos
gobiernos y de innumerables carreras políticas. Veracruz ofrece suficientes
ejemplos de personajes que confundieron un cargo con un liderazgo y terminaron
descubriendo, demasiado tarde, que una cosa no garantiza la otra.
Esteban Bautista parece entender una regla
elemental que algunos de sus compañeros han olvidado: el respaldo ciudadano no
se conserva con discursos, sino con presencia; no se fortalece con propaganda,
sino con trabajo; no se presume en redes sociales, sino que se demuestra en las
plazas públicas.
La política, al final, siempre cobra la factura.
Y cuando llegue nuevamente la hora de pedir el
voto, muchos descubrirán que los "me gusta" en Facebook no sustituyen
el apretón de manos, que las fotografías oficiales no reemplazan el contacto
con la ciudadanía y que el territorio sigue siendo el juez más severo para
cualquier político.
Hay lecciones que no se aprenden en los cursos de
comunicación política. Se aprenden caminando el distrito. Y esa, precisamente,
fue la lección que dejó Tatahuicapan.


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