DE PRIMERA MANO
Hay un dato de esta semana que debería
obligar a releer el mapa político veracruzano: en el más reciente Ranking
Nacional de la encuestadora Gobernarte —levantado del 30 de julio al 3 de agosto,
con 885 entrevistas y 95 por ciento de confianza—, Esteban el profe
Bautista Hernández aparece en el Top Ten, ocupando el séptimo lugar entre
los presidentes de Juntas de Coordinación Política de todo el país, con 28.7
por ciento de índice, 28.9 ciento de conocimiento y 28.4 ciento de aprobación.
Por encima de él sólo figuran los coordinadores
de Ciudad de México, Morelos, Nuevo León, Baja California, Estado de México y
Tamaulipas: entidades con reflectores nacionales, presupuestos mayores y, en varios
casos, aspiraciones presidenciales de por medio.
Veracruz, con el profe al frente
de la Jucopo, se cuela entre ellos.
*****
El dato no es casualidad ni producto de
la exposición mediática.
A diferencia de otros coordinadores
parlamentarios del país, el profe no ha construido su posicionamiento a
partir de conferencias de prensa ni de choques calculados con el Ejecutivo o
con bancadas rivales.
Lo ha hecho al revés: operando puertas
adentro, tejiendo acuerdos entre fuerzas políticas que en el papel tienen poco
en común, y dejando que los resultados —no los pleitos— hablen por él.
Esa es la definición más precisa de lo
que en la vieja escuela política se llamaba tener mano izquierda: la capacidad
de negociar sin imponer, de ceder sin perder el rumbo, de sumar voluntades sin
necesidad de vencer a nadie en público.
Esa zurda educada es, en buena medida,
la explicación de por qué un coordinador de un congreso estatal —no un
gobernador, no un senador— logra colarse en un ranking dominado por perfiles
con mayor exposición nacional.
*****
En la Jucopo conviven, por diseño
institucional, representaciones de todos los partidos con fracción legislativa;
ahí no hay margen para el protagonismo solitario, porque cualquier decisión
requiere consenso.
Esteban Bautista ha entendido esa lógica mejor que la
mayoría: en lugar de forzar mayorías, las construye; en lugar de imponer
agendas, las negocia.
El resultado se ha visto en la práctica
legislativa reciente —desde la coordinación con la Comisión Permanente de Desarrollo
y Fortalecimiento Municipal para entregar 156 Distintivos de Excelencia en
Planeación Municipal a los ayuntamientos que cumplieron con la Guía
Metodológica de la propia LXVII Legislatura— y ahora se confirma en un
indicador externo, ajeno al propio Congreso: el de una encuestadora que mide
conocimiento y aprobación entre la ciudadanía, no entre los pares.
Ese es, quizá, el dato que más debería
llamar la atención: la aprobación de Esteban Bautista (28.4 por ciento) es
prácticamente idéntica a su conocimiento (28.9 por ciento) lo que significa
que, de quienes lo identifican, la enorme mayoría lo aprueba.
No es el perfil de un legislador que
polariza o que construye su marca a base de confrontación; es el perfil de
alguien cuyo trabajo, una vez conocido, convence.
En la política veracruzana, acostumbrada
a medir el liderazgo por el volumen del choque, ese dato vale como una lección:
a veces la mano que más pesa es la que no se nota que empuja.
¡Qué barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com






























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