Israel García
Los trabajos —calificados popularmente como una “manita de gato”— se realizaron en fechas recientes como parte de acciones ordinarias de conservación del edificio religioso, sin modificar su estructura ni su traza original. De acuerdo con fuentes de la Arquidiócesis de Xalapa, el objetivo fue preservar la imagen del templo y atender el desgaste natural de los materiales, sin que ello implique una intervención mayor o una ampliación arquitectónica.
La Catedral de Xalapa, cuya construcción se desarrolló a lo largo del siglo XX, nunca perdió una torre a causa de sismos u otros fenómenos, como sostienen algunas versiones populares. En realidad, la segunda torre jamás fue concluida. Diversos estudios históricos y técnicos señalan que la obra se detuvo debido a la posible inestabilidad del subsuelo, caracterizado por la presencia de cámaras subterráneas y criptas, lo que hacía riesgoso añadir mayor peso a la estructura existente.
A ello se sumaron limitaciones económicas y la falta de continuidad en los proyectos constructivos de la época. La base de la torre fue levantada parcialmente y quedó rematada únicamente con cuatro gárgolas, visibles hasta hoy, como testimonio de un plan que no llegó a concretarse. Especialistas en arquitectura y conservación del patrimonio han advertido que retomar esa construcción implicaría estudios geotécnicos complejos y una inversión considerable, además de la autorización de instancias culturales competentes.
En entrevista, un historiador local explicó que las leyendas sobre túneles secretos o colapsos estructurales forman parte del imaginario colectivo xalapeño, pero no cuentan con sustento documental. “Es una historia atractiva, pero la evidencia técnica apunta a decisiones preventivas: se prefirió detener la obra antes que comprometer la estabilidad del edificio”, señaló.
Por su parte, autoridades municipales indicaron que cualquier intervención mayor en la Catedral, considerada un referente urbano y religioso, debe apegarse a la normatividad vigente en materia de conservación del patrimonio y respetar los marcos legales aplicables, entre ellos la legislación federal en telecomunicaciones y radiodifusión en lo relativo a la difusión responsable de información, así como los principios de igualdad y no discriminación en el tratamiento de contenidos públicos.
La Arquidiócesis subrayó que las labores recientes no buscan alterar el significado histórico del inmueble, sino mantenerlo en condiciones dignas para el culto y la visita pública. “La Catedral es un símbolo de la ciudad tal como es; su historia también está en lo que no se terminó”, indicó un vocero.
Mientras tanto, la pregunta sobre la torre ausente sigue apareciendo entre quienes cruzan la Plaza Lerdo. La respuesta, respaldada por documentos y análisis técnicos, es clara: no se cayó, no se perdió y, por ahora, tampoco se construirá.

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