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viernes, 30 de enero de 2026

Lo que no se vale es el agandalle

 


Desde el Café 

Bernardo Gutiérrez Parra 

En una visita que hizo al puerto de Veracruz la señora Cecilia Occelli, entonces esposa del presidente Carlos Salinas de Gortari, se topó con un bloqueo de autobuses urbanos que retrasaron su llegada a un evento que tenía programado. Esto le llenó el hígado de piedritas al gobernador Dante Delgado, que ordenó una reunión con los concesionarios apenas se fue la señora.


Claridoso y directo, Dante les dijo que eran ching... fregaderas que si ya habían acordado el aumento al pasaje, armaran su numerito y afectaran a la esposa del presidente, a lo que uno de los concesionarios contestó socarrón y altanero: “Lo sentimos mucho por la señora, pero si actuamos así es porque a pesar del aumento que usted autorizó, esa cantidad no nos da”. 


“Ah, ¿no les da?”, exclamó el gobernador que levantó el auricular del teléfono, marcó un número y ordenó que se les revocara la concesión a los fulanos que estaban en su oficina (dio los nombres) y que éstas se otorgaran a quienes estaban en lista de espera.


Años después un testigo me dijo: “Hubieras visto a esos tipos, casi se le hincaron al gobernador suplicándole que no les quitara las concesiones. Y se arrebataban la palabra para dejar en claro que el socarrón había hablado a nombre propio y no de ellos”.


Como bien sabes lector, el lunes de esta semana los xalapeños se levantaron con la noticia de que la tarifa en los autobuses de servicio urbano subió de nueve a 12 pesos, mientras que la tarifa preferencial subió de seis a siete pesos. 


Si en un principio hubo confusión porque no existió aviso previo, por la tarde la gobernadora Rocío Nahle dijo que su gobierno había autorizado esas tarifas porque a pesar de que el 1 de enero hubo un aumento salarial en todo el país, este no repercutió en los bolsillos de los concesionarios ni en el de los choferes de autobuses urbanos que siguieron cobrando nueve pesos, cantidad muy por debajo de la inflación que incluso los obligó a parar varias unidades.


Una vez hecha la aclaración, casi todo mundo aceptó el aumento después de 11 años de estar pagando nueve pesos. 


Pero... 


A pesar de que la gobernadora dijo que el incremento sólo sería para Xalapa porque en otros municipios se había autorizado desde el año anterior, esto les valió gorro a los concesionarios. Por ejemplo, en el puerto de Veracruz el costo del pasaje subió de 12 a 18 pesos. 


Y en Xalapa el servicio de combis y microbuses que era de siete pesos, se disparó a doce, es decir, un 84 por ciento. Una barbaridad para los bolsillos de quienes menos tienen y lo utilizan con regularidad.


La gobernadora Nahle reaccionó y volvió a decir que el aumento solo es para Xalapa y concesionario que se brinque las trancas corre el riesgo de perder la concesión, “porque si el Estado es el que otorga las concesiones el Estado las puede quitar”. 


Esto debió acalambrarlos porque ayer se reunieron con ella los concesionarios de Xalapa, Banderilla y municipios conurbados y acordaron que a cambio de modernizar las unidades, va la tarifa de 12 pesos y de siete al pasaje preferencial. 


¿Qué va a pasar con los concesionarios de otros municipios que aumentaron las tarifas y no estuvieron en la reunión con la gobernadora? ¿Qué va a pasar con los microbuseros de Xalapa y su 84 por ciento de aumento al pasaje? 


Después de lloriquearle a Dante, casi todos los dueños de autobuses urbanos recuperaron sus concesiones, menos el que dijo “que no le daba”.


Como sus antecesores, Rocío Nahle tiene su estilo personal de gobernar. Esto lo digo porque los concesionarios que insistan nomás por sus pistolas en aumentar el precio del pasaje, luego no vayan a lloriquear.


Nadie se opone a un aumento justo, lo que no se vale es el agandalle. 


bernagup28@gmail.com