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domingo, 11 de enero de 2026

Estado, crimen organizado y periodistas: no somos iguales....

 


CLAROSCUROS

 José Luis Ortega Vidal

 

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Sobre la calle Rébsamen casi esquina con Melchor Ocampo, ahí donde inicia el barrio Villalta de Acayucan, dos jóvenes mujeres acompañadas de su padre y familia velaron el cuerpo de su madre: Avisack Douglas Coronado, reportera, fotógrafa de PRENSA, editora.

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Los periodistas de a pie suelen tener una condición común: surgen desde las clases económicamente desprotegidas y en ese ámbito desarrollan la mayor parte de su vida profesional y personal.

A unos más a otros menos, la clase media suele marcar un límite de movilidad socioeconómica; entre otras razones por la naturaleza de su trabajo: siempre en la calle, en la búsqueda de información que alimente su oficio junto a su espíritu.

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El primero los conduce a trabajar para empresas que nunca pagan bien, o a conformar microempresas donde operan como todólogos…

Ellos mismos son sus patrones, sus directores, sus editores, sus reporteros, fotógrafos, vendedores de publicidad, firmantes de algún contrato eventual en tiempos de campaña electoral, correctores de estilo y –si su aventura vital los llevase a crear un medio comunicación impreso-, sus propios voceadores.

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Esta condición no describe en esencia una búsqueda empresarial ni un ejercicio comercial; mucho menos una búsqueda intelectual o política; estamos hablando de una vocación; más aún: la referencia es a una vocación de vida…

El periodista es periodista porque decide ser periodista y luego es periodista de a pie porque su satisfacción personal se nutre de la calle donde en el día a día aparecen los profundos partos informativos de la realidad contradictoria, siempre contradictoria…

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Junto al de Avisack Douglas (+), en alguna rueda de prensa o en la cobertura de algún hecho noticioso que bien puede ser de nota roja, convive el espíritu de Carlos Leonardo Ramírez Castro (*), el joven reportero recién sepultado en Poza Rica, al otro extremo del largo territorio veracruzano; luego de morir acribillado el pasado jueves en un restaurante de la avenida 20 de noviembre, a unos cien metros de las facultades de Pedagogía y Trabajo Social de la Universidad Veracruzana (UV).

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Una en el sur, otro en el norte, a los dos periodistas asesinados en lo que va del actual gobierno de Rocío Nahle García los une el hilo conductor de la violencia; de un ejercicio de muerte que ninguna vocación busca porque los periodistas de a pie son idealistas, no suicidas.

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En mayo del 2025 Avisack Douglas Coronado cubría una campaña electoral por la alcaldía de Juan Rodríguez Clara, en la región piñera cercana a la cuenca del Papaloapan en dirección norte, pero también muy cerca de Acayucan –llave del sureste- hacia el sur y colindante con la inefable zona de Playa Vicente, vecina de las áreas zapoteca y mixe de Oaxaca -políticamente inestables por definición-...

Xóchitl Tress Rodríguez, viuda de Gregorio Barradas Miravete –quien fue diputado federal por el PAN y luego alcalde electo de Juan Rodríguez Clara, de donde lo levantaron para asesinarlo, en noviembre del 2010-, competía para ser alcaldesa.

Tress Rodríguez terminó derrotada en las urnas pero antes de los comicios de junio se puso al frente del sepelio de quien fuera su jefa de prensa.

Avisack Douglas murió asesinada a tiros la noche del martes veinte de mayo.

Tras su entierro Xóchitl Tress se marchó en una lujosa camioneta negra, rodeada de imponentes guaruras para volver al anonimato que sólo se rompe cuando en las redes sociales brotan referencias a su relación sentimental con el preso Javier Duarte de Ochoa, uno de los dos peores gobernadores que ha tenido Veracruz durante las décadas recientes; el otro es Cuitláhuac García Jiménez…

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En la zona piñera de Juan Rodríguez Clara, Ciudad Isla y sus áreas vecinas del Papaloapan y Playa Vicente, un grupo delictivo identificado como Los Piñas -en competencia o complicidad con otros delincuentes- marca el paso a paso de la muerte…

En Poza Rica, Tuxpan de Rodríguez Cano, Papantla. Álamo, en la huasteca y parte de la zona totonaca del norte veracruzano, otros grupos delictivos hacen lo propio…

Destaca el llamado Grupo Sombra; aquel que secuestró y ejecutó a la profesora Irma Hernández…de quien hoy sabemos no murió de un infarto.

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A la clase política siempre le incomoda que los periodistas cuestionemos su papel como capitanes temporales del poder.

Ello es resultado de la droga de ego que el poder tiene entre sus elementos y suele inyectar en las venas de los recién instalados en alguna silla del Estado; ya sea chiquita o grande: a todos les da por sentirse seres humanos especiales, superiores, inmortales…

Hijos favoritos de Zeus, patrones indiscutibles de Tánatos, consejeros de Hades…

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Las atrocidades cometidas a partir del consumo de dicha droga incluyen, por ejemplo, acusar a un reportero de terrorista –caso Rafael “Lafita” León Segovia, encarcelado en Coatzacoalcos en diciembre pasado-…

También suman la construcción de elementos de Estado fallido, lo que se traduce en periodistas asesinados e impunidad rampante a favor de la delincuencia organizada…

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¿Por qué la confusión -desde el poder político- sobre quiénes son sus verdaderos enemigos?

Los periodistas no somos enemigos de nadie; simplemente somos periodistas.

Los delincuentes son enemigos de todos: del Estado y de la sociedad.

Hacia ellos deben dirigirse las baterías legales, jurídicas, así como el ejercicio del monopolio de la violencia que define al Estado…

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La delincuencia mata periodistas porque afectan sus intereses oscuros y porque pueden hacerlo…

Y pueden hacerlo porque el Estado se los permite…

El monopolio de la violencia está en manos del Estado, no está en manos de la sociedad civil ni de los periodistas.

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El Estado ataca a periodistas y los deja desprotegidos porque se confunde ante los líos existenciales producto de su ego y alguien debe pagarlos.

También lo hace porque a menudo hay corrupción y complicidad entre delincuentes forajidos y delincuentes de cuello blanco…

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Cuando alguien ligado a los medios de comunicación llega a vincularse con la delincuencia se aleja del ejercicio periodístico y se convierte en delincuente; deja de ser periodista o nunca lo fue...

No nos confundan; apliquen su poder de Estado, investiguen, cumplan con su deber y demuestren que su breve paso por las sillas malditas no les condujo a la locura del egocentrismo ni al ejercicio equivocado del poder…

Parafraseo un clásico: El Estado, el crimen organizado y los periodistas no somos iguales.

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Garantizar que no haya más acusados de terrorismo ni más asesinatos de periodistas será la prueba profunda de un ejercicio de poder efectivo, garante de la democracia y el Estado de derecho…

Las muertes de Avisack Douglas Coronado, Carlos Leonardo Ramírez Castro y el encarcelamiento de Rafael León Segovia son garantía de todo lo contrario…