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lunes, 12 de enero de 2026

HISTORIA DE UNA FOTO: CUANDO EL YUNISMO REINABA


 ColumnaSinNombre |

@pablojair

Hace poco encontré en el archivo una foto que me pasó hace unos años mi brother Manolo, tomada al momento en que su padre, Alfonso Lara Montero, se reunía con el entonces gobernador Miguel Ángel Yunes Linares.


El año era 2017, en los inicios del mini-gobierno de Yunes, quien sólo gobernaría dos años (año y medio, en realidad) por la reforma electoral que le dejó su predecesor Javier Duarte de Ochoa antes de salir del poder, a sabiendas de que sería el último mandatario priista en gobernar a Veracruz: con el pretexto de homologar elecciones locales con federales, ajustó la duración de su sucesor.


Si bien Duarte ya estaba muy vapuleado mediáticamente y lo abandonaron hasta sus propios correligionarios de partido, sabía que la llegada de un Yunes (Héctor, por el PRI; o Miguel, por el PAN) eran la misma boñiga. Por eso el “regalito” que le dejó a los primitos caradura.


Volviendo a la foto: Yunes Linares luce sonriente porque puede decirse que estaba en la magnitud del pinche poder. Había cumplido su sueño de —por fin— gobernar a Veracruz aunque sea por unos cuantos meses, al mismo tiempo que planificaba la sucesión para dejar el gobierno en las manos del mayorcito de sus chilpayates.


En esa preparación para heredar el cargo, Yunes llamó a sus colaboradores de siempre como Jaime Téllez Marié o Enrique Pérez Rodríguez, quien aprovechó su paso por la Secretaría de Educación para regalarse una jugosa jubilación sin haber sido nunca maestro en su vida.


Viejos lobos de mar, Yunes sólo confiaba en estos personajes que ya eran obsoletos en los nuevos tiempos de la política. Básicamente eran otros priistas pintados de azul, administrando un periodo de transición para entregar a un gobierno que sí era un cambio histórico.


Junto a Yunes Linares aparece el jefe Alfonso Lara Montero, a quien creo no se le ha hecho justicia en la Secretaría de Seguridad Pública con un merecido homenaje por ser de los fundadores de la Policía Estatal en Veracruz.


A Lara Montero lo retiraría Javier Duarte de la policía poco después de la creación de la mentada Fuerza Civil, que se vendía como la élite policiaca, aunque fue desaparecida durante el gobierno de Cuitláhuac García, por abusos y corrupción.


Con la salida del jefe Lara Montero se iba toda una escuela de policías civiles de carrera, conocedores del estado y quienes mantuvieron la paz en el estado durante décadas, hasta la entrada del narcotráfico bajo la protección del Fidelismo.


Uno pensaba que quizás Yunes recurrió a Lara Montero para pedirle que regresara a la Policía Estatal, pero no ocurrió así. Al parecer sólo fue una reunión de amigos y para pedirle que hablara con un periodista que le había puesto el apodo de “Cascarita” al polémico gobernador.


Don Alfonso murió el 20 de febrero de 2018 en su casa de Acayucan. En sus últimos años regresó a sus orígenes: la ganadería. De hecho, llegó a ser director de esa área en el Ayuntamiento, dedicándose también a la venta de leche y carne de búfalo africano.


Al lado de ese par estaba el entonces poderoso fiscal Jorge Winckler Ortiz, quien dicen estaba muy incómodo con la reunión oyendo las anécdotas de su jefe y Don Alfonso. Como que se espantaba de lo que narraban, de lo que se hacía en aquellos tiempos del poder absoluto del PRI. El rostro lo dice todo.


Hoy Winckler está preso en Pacho Viejo, tratando de defenderse de acusaciones serias como el delito de tortura. Ha durado más dentro de la cárcel que como fiscal y lo ha perdido todo: prestigio, carrera, dinero, familia, libertad. El que se burlaba de todos y quien detenía a los funcionarios que le ordenaba su jefe por pura rabia política, hoy está pagando los platos rotos detrás de las rejas, en espera de una sentencia.


En la mesa, aunque no participando directamente en la plática, estaba el entonces secretario de Seguridad Pública, Jaime Téllez Marié, echando chisme con el entonces secretario de Gobierno, Rogelio Franco Castán.


El abogado Téllez Marié terminó el sexenio sin pena ni gloria. Su despedida de los reflectores públicos fue en un camilla cuando tuvo un infarto justo cuando el mayorcito de los Yunes estaba dando su último informe de gobierno como alcalde de Boca del Río, arruinando el evento. A él también se le relacionó con la delincuencia organizada al admitir que tenía contacto con una jefa de “Los Zetas” como su informante; además le tiraron cuerpos descuartizados en su oficina particular. Finalmente, se perdió en la ignominia y el olvido.


Franco Castán también pasaría tiempo en la cárcel, pero pagando una traición a la izquierda. Todo por usar información del pasado para ridiculizar al que sería el siguiente gobernador, el primero proveniente de la izquierda.


El problema con Franco es que tenía un desorden en su vida personal y eso también lo sabía Yunes, por eso se decía que era un secretario de adorno, cabeza de una Secretaría que sólo sirvió de agencia de colocaciones para los perredistas que abandonaron la causa de la izquierda para hacerle el caldo gordo al panismo. Franco también pasó sin pena ni gloria, excepto por los escándalos en su vida personal que marcaron su destino.


En ese entonces, en esa foto tomada en el café La Parroquia, en el puerto de Veracruz, el Yunismo estaba fuerte. Tenía de su lado incluso al priismo, que ya para entonces estaba harto de sus periodos marcados por la influencia del ex gobernador Fidel Herrera Beltrán. De hecho, se puede decir que gran parte de ese voto tricolor fue a parar al candidato Yunes Linares, quien finalmente no pudo capitalizar todo ese apoyo popular y tuvo que enfrentarse a un titán llamado Andrés Manuel López Obrador.


¿Y dónde quedó ese Yunismo que andaba tan soberbio en ese 2017 y parte del 2018?


Hoy, por supervivencia (y porque los tienen agarrados de los tanates al patriarca y a sus bebitos) tuvieron que traicionar al panismo que les dio todo para apoyar hoy al partido dominante: Morena. Incluso tuvieron la osadía de querer afiliarse, pero fueron mandados directamente a la gaver, que quiere decir “con la pena, pero no”.


En resumen histórico: el viejo guango, el loco López Obrador les ganó la partida.


Hoy el ex gobernador anda semiretirado, disfrutando de la vida como galán otoñal en países de Europa (qué envidia, la neta). Su hijo el mayorcito está en el Senado en calidad de adorno, tragando sapos y pidiendo un plato diariamente, rumiando contra sus ex compañeros panistas. El otro hermano, en el Congreso del Estado, gris y opaco.


El Yunismo anda como en el limbo. Conservó Boca del Río como su bastión, pero dicen que la alcaldesa anda buscando acercamiento con la gobernadora Rocío Nahle, por aquello de que van a insistir en meterse a la Cuarta Transformeishion y fumar la pipa de la paz... por el momento.


Y es que la historia dice que los Yunes tienen esa fama de traicionar, porque esa es su naturaleza. Si no me creen, pregúntenle a todos los priistas o panistas que los apoyaron y luego les dieron una patada por el trasero.


¿Qué futuro tendrá el Yunismo? Unos dicen que buscarán también ganar espacios en Movimiento Ciudadano, aunque todo apunta que ahí los mafiosos son los que mandan.


Eso sí: en política nadie está muerto, aunque muchos —como los Yunes— andan más que apestados.