Ruan Angel Badillo Lagos
¡Hermosa la pluma del mensajero que trae buenas nuevas!
Era la sombra al pie de la puerta, detenida antes de cruzar. No tenía nombre ni rostro, era la suma de todos los “no puedo” que se repiten en voz baja en el interior. ¡No hay confianza!
Un día se escucharon risas del otro lado. No parecían burlas, sino vida. Al cruzar el umbral, la confianza despertó y la puerta dejó de ser un muro. Aunque seguía despacio apareció una certeza, la confianza es seguridad respecto a lo que se espera. Para llegar a la meta hace falta fiarse de Dios y renunciar a depositar la confianza en el propio ser.
La confianza es la convicción de que, pase lo que pase, se sabrá confiar. No garantiza resultados perfectos; garantiza preparación, aprendizaje y perseverancia. No es arrogancia ni negación del miedo, es caminar con el miedo tomado de la mano de Dios.
¿Cómo se desarrolla la confianza?
1. Con evidencia, no con discursos
Cada promesa cumplida, por pequeña que sea, es un ladrillo. Lo pequeño, cuando se repite, se vuelve grande. La confianza crece cuando el comportamiento confirma las intenciones.
2. Con narrativa honesta
La voz interior puede ser un ancla o un viento a favor. Cuando aparezca “no puedo” conviene respondamos: “estoy aprendiendo a… y el siguiente paso es…”. Es clave distinguir los hechos de las historias construidas alrededor de ellos. Equivocarse sin insultarse fortalece el proceso.
3. Con cuerpo y entorno a favor
Dormir con un sueño reparador, moverse, hacer ejercicio y comer con criterio saludable. No se trata de algo banal, la biología sostiene el valor. Conviene diseñar entornos que reduzcan fricción y desechar discusiones inútiles que no edifican. Lo importante es confiar; lo distractor mantenerlo de lejos. Pedir acompañamiento también acrecienta la confianza.
4. Con exposición gradual
La confianza no crece en la teoría, sino en el campo, en la praxis cotidiana. Elaborar una lista de situaciones intimidantes y avanzar de menor a mayor. Celebrar cada paso es tan importante como darlo.
5. Con servicio
La confianza florece cuando se deja de mirarse al espejo y se orienta la atención al aporte. Enseñar lo aprendido, ayudar a otro a dar su siguiente paso, defender una idea justa; servir recuerda de lo que se es capaz.
Es importante cambiar la pregunta “¿tendré confianza?” por “¿qué evidencia crearé hoy?”. Cada día ofrece tres oportunidades concretas:
Una acción pequeña que acerque a una meta.
Una conversación con claridad al hablar y respeto al escuchar.
Un momento para registrar una victoria, por mínima que parezca.
No debe subestimarse el poder de estos gestos. Son semillas. Estas, cuando se cuidan, se vuelven raíz; las raíces, con el tiempo, sostienen árboles.
6. Con la confianza en Dios
La confianza en Dios, arraigada en la fe, consiste en fiarse de su omnipotencia, pues todo es obra suya en el cielo y en la tierra. Esta confianza inquebrantable otorga una seguridad gozosa y valiente para seguir adelante.
Que este año encuentre a cada uno más preparado que temeroso, más coherente que promesas, más dispuesto a servir que a ser servido. Porque al confiar con humildad y con hechos, se amplían no solo las propias posibilidades, sino también el horizonte de quienes caminan al lado.
