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lunes, 12 de enero de 2026

A 37 años del quinazo y la democracia sindical con la 4T

 

Un ejemplo claro es el Sindicato de Trabajadores Petroleros (STPRM) y Veracruz, con sus grandes instalaciones petroleras en el norte y sur, ha sido testigo de abusos, asesinatos y todo lo negativo a que lleva el poder sindical sin límite.

Joaquín Hernández Galicia, La Quina, mantuvo el control de ese sindicato durante tres décadas hasta que, desubicado por tanto poder y dinero, quiso rebasar a quienes estaban al frente del gobierno.

Primero, en las postrimerías de la presidencia de Miguel de la Madrid, ordenó que el dirigente formal, el secretario general José Sosa, como parte de un discurso amenazara al presidente: “Si se hunde Pemex, se hunde usted, se hunde México, nos hundimos todos”.

Luego, en 1988, jugó las contras a la candidatura presidencial de Carlos Salinas y eso determinó su caída. Algunos reporteros veracruzanos fueron testigos de cómo, en una pequeña sala de espera de un aeropuerto de Tamaulipas, La Quina airadamente le manoteó al entonces gobernador Fernando Gutiérrez Barrios. Tal vez esa reunión fue la última llamada para que el líder petrolero dejara de presionar y de jugar las contras, pero no hizo caso.

Poco después -Salinas ya presidente y Gutiérrez Barrios su secretario de Gobernación, hace 37 años, el 10 de enero de 1989- fuerzas federales irrumpieron en la casa de Hernández Galicia y lo detuvieron acusándolo de varios delitos, acabando con el poder sindical y político del nacido en el barrio de La Huaca, en Veracruz, pero quien hizo su vida en Tamaulipas.

Antes ya habían ocurrido asesinatos de dirigentes seccionales del STPRM, como el de Heriberto Kehoe, en Poza Rica y la muerte en accidente carretero del sucesor de éste, Óscar Torres Pancardo.

La Quina lo sucedió –sacado de su jubilación, a donde lo había mandado Hernández Galicia- Sebastián Guzmán Cabrera, quien lideró por mucho tiempo a la Sección 10 con sede en Minatitlán.

Y a Guzmán Cabrera lo reemplazó (en 1993) Carlos Romero Deschamps, quien por más de 25 años manejó a ese gremio. La 4T y su manejador, López Obrador, no le hicieron nada. Bastó que renunciara y lo dejaron irse, bajo  investigación que nunca avanzó.

Y tomó el poder Ricardo Aldana, nativo de Orizaba, quien a cambio de mantener la calma entre los trabajadores petroleros, no decir nada ante el manejo poco claro de Petróleos Mexicanos, apoyar a Morena y no reclamar lo que Pemex le debe al sindicato por servicios prestados estipulados en el contrato colectivo, no le han escarbado a su actuación como tesorero del STPRM en tiempos de Romero Deschamps y puede liderar a esa organización disminuida pero que aún es un filón.

Así que Pemex y la 4T misma, ahora que se han cumplido 37 años del quinazo, le dan alas a un sindicato muy parecido al de hace décadas, porque seguramente cumple con los estándares de la democracia y honestidad morenista.

Esos estándares democráticos y de honestidad que también son bandera de gremios como el Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, liderados por Napoleón Gómez Urrutia; la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM) que controla Pedro Haces, a quien Morena hizo senador y ahora diputado.