IMPRONTA
Carlos Miguel Acosta Bravo
Algo que ha pasado
desapercibida es la amenaza de huelga nacional en la industria de la radio y la
televisión para el 15 de febrero, la cual se debe a un conflicto salarial y de condiciones
laborales entre los sindicatos del sector (principalmente el STIRTT y el
Sitatyr) y las empresas agrupadas en la CIRT, en un contexto de rechazo
sindical a la automatización y a cambios en el contrato-ley que consideran
regresivos. Las probabilidades de que estalle son reales pero moderadas: el
emplazamiento es firme y la base ya se está preparando, pero ambas partes
mantienen negociaciones abiertas y en conflictos similares recientes se han
concedido prórrogas o alcanzado acuerdos de última hora para evitar el paro
total.
Las causas de la amenaza de huelga el
Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Radio, Televisión y
Telecomunicaciones (STIRTT) y el Sitatyr emplazaron a huelga nacional ante la
falta de acuerdo en el incremento salarial (la oferta patribal de incremento
salarial bajó de un 3.5 a solo un 3%) y en sus pliegos petitorios con la Cámara
Nacional de la Radio y la Televisión (CIRT).
La prórroga fijó el nuevo
plazo de estallamiento para las 00:01 horas del 15 de febrero de 2026, después
de una reunión en la Ciudad de México donde no hubo consenso.
La dirigencia del STIRTT ha
reiterado su rechazo a la automatización de estaciones y al “apartado único”,
que consideran herramientas patronales para justificar despidos, precarizar
puestos y diluir derechos adquiridos del contrato-ley del sector.
En secciones como Mérida se
denuncia que los salarios no son “dignos” y que hay rezagos o insuficiencia en
prestaciones, por lo que el sindicato plantea “dar por concluidas las
consideraciones” que se otorgaron a las empresas durante la pandemia
(flexibilizaciones, tolerancia a recortes, etc.).
La narrativa sindical
subraya defensa de plazas, respeto al principio “a trabajo igual, salario
igual” también para nuevas contrataciones, y resistencia a que la modernización
tecnológica se traduzca en sustitución de personal sin garantías.
Los elementos que hacen inédita la amenaza es que se
trata de un emplazamiento de alcance nacional en radio y televisión comerciales
y, en algunos casos, sistemas vinculados a telecomunicaciones, coordinado por
sindicatos con presencia en casi todo el país (STIRTT y Sitatyr).
Las secciones locales (como
Mérida) están realizando asambleas expresamente “ante posible huelga nacional”
y articulan sus decisiones a lo que se acuerde en la mesa nacional, lo que
refuerza el carácter coordinado y no solo de conflictos aislados por empresa.
Este emplazamiento ocurre
además en un entorno de conflictividad laboral más amplio (amenazas de huelga
en transporte eléctrico de CDMX, por ejemplo), lo que refuerza la percepción de
una ola de presiones obreras en sectores estratégicos de servicios.
Los factores que aumentan la probabilidad de
estallamiento El sindicato ha endurecido su discurso: “no” a la
automatización, “no” al apartado único y cierre de concesiones otorgadas en
pandemia, señales de que busca aprovechar la coyuntura para reequilibrar la
relación con los concesionarios.
Las bases de trabajadores ya se organizan para el
paro (asambleas, avisos públicos, preparación de guardias de huelga),
lo que eleva el costo político interno de recular sin obtener algo
significativo.
Existen antecedentes
recientes de conflictos en empresas de radio donde se denunciaron impagos de
salarios, aguinaldos y prestaciones, lo que alimenta un malestar acumulado en
el gremio y disposición a medidas de fuerza.Hay que recordar que las empresas de
comunicación han manifestado una disminución en sus ingresos, lo cual les hace imposible
otorgar un mayor incremento
salarial.
La dirigencia sindical sigue
privilegiando la mesa de negociación nacional y condiciona el estallamiento a
que no se logren “acuerdos favorables” antes del 14 de febrero, lo que deja una
ventana explícita para un arreglo de última hora.
Hay que recordar que en
otros conflictos laborales recientes (como el de la Alianza de Tranviarios en
CDMX), los sindicatos aceptaron reprogramar o suspender huelgas ante nuevas
propuestas de la autoridad o del patrón, lo que muestra una práctica de usar el
emplazamiento como palanca negociadora más que como decisión irreversible.
En términos técnicos, el
estallamiento es posible y el emplazamiento está formalmente vigente para el
primer minuto del 15 de febrero; si no hay acuerdo, el sindicato ha reiterado
que procederá.
Sin embargo, la combinación
de una industria estratégica, la experiencia de usar prórrogas para arrancar
mejores condiciones y la presión que supone un apagón mediático nacional hacen
más probable un acuerdo a última hora
que una huelga prolongada.
En consideración de lo
anterior se presentan dos escenarios: el primero con bajas posibilidades es el estallamiento
de huelga, con suspensión parcial o total de transmisiones en múltiples plazas,
lo cual significaría un alto impacto simbólico y presión inmediata sobre la
CIRT y el gobierno federal. El segundo escenario con mayores posibilidades lo
es que logren un acuerdo en la madrugada del 14–15 de febrero o se gestione una
nueva prórroga, con ganancias parciales para el sindicato y mensaje de fuerza
sin llegar a paro generalizado.
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a:
*Maestro en
comunicación por la Universidad Iberoamericana, de la cual formó parte del
cuerpo académico de la Licenciatura en comunicación, así como de la Universidad
Anáhuac, campús norte de CDMX.
