IMPRONTA
Qué busca la reforma y en qué contexto? la presidenta ha adelantado que su proyecto
incluye reducción de financiamiento a partidos e instituciones electorales,
recorte del número de legisladores, reconfiguración de la representación
proporcional (plurinominales), ajuste a órganos electorales y más instrumentos
de “democracia participativa”.
Entre los escenarios que se
discuten está el mantener 300 de mayoría relativa y bajar de 200 a 100 pluris,
eliminar los 32 senadores de lista nacional, o incluso transitar a esquemas de
representación proporcional “pura” con listas abiertas, pero siempre con menos
curules totales.
Sheinbaum sostiene que el
objetivo es abaratar elecciones, terminar con “pluris de cúpula” y fortalecer la
participación ciudadana, insistiendo en que no pretende quitar autonomía al
INE.
El trasfondo según han
advertido diferentes analistas, entre ellos el expresidente del INE Luis Carlos
Ugalde, es un gobierno con mayoría
calificada de facto y alta concentración de poder, que al mismo tiempo impulsa
reformas estructurales (judicial, electoral) cuestionadas por sus efectos en
contrapesos.
Desde la lógica del
oficialismo, el momento es “óptimo”: Morena controla ambas cámaras y puede, con
sus aliados, modificar la Constitución para “corregir” un sistema que considera
caro y sobrerrepresentado.
Sin embargo, consultoras de
riesgo y analistas (Integralia, Strategia, entre otros) colocan la reforma
electoral como uno de los principales focos de riesgo político de 2026, por su
potencial de alterar reglas básicas de competencia y acentuar la concentración
del poder en la coalición gobernante.
En términos de calidad
democrática, el timing es problemático, aprovechar una mayoría coyuntural para
tocar las reglas del árbitro y de la representación, sin un proceso de
negociación amplio, suele leerse como reforma “de parte” y no “de Estado”.
El núcleo más conflictivo
está en los plurinominales la presidenta ha reiterado que, si se mantienen,
deben dejar de ser “listas de las cúpulas”, e incluso ha puesto sobre la mesa
su reducción o eliminación, en línea con lo que ya decía antes de presentar la
iniciativa.
El Partido del Trabajo y el
Verde Ecologista, cuya fuerza real depende en buena medida de la representación
proporcional y del financiamiento público, han sido los primeros en resistir;
de hecho, se levantaron de la mesa de negociación cuando Gobernación rechazó
mantener los 200 pluris en Diputados y los 32 en el Senado y planteó recortes
mayores.
Aunque el PT después “cerró
filas” con Sheinbaum en el discurso, la tensión es evidente. Sus aliados son a
la vez socios necesarios para alcanzar la mayoría constitucional y los más
directamente afectados por el recorte a pluris y recursos.
Desde la perspectiva del
pluralismo, reducir sustancialmente la representación proporcional en un
sistema de mayoría relativa ya muy dominante puede traducirse en menos espacio
para fuerzas pequeñas y opositoras, y en una Cámara más monocolor, aun con
votaciones relativamente divididas en el electorado.
La oposición (PAN, PRI, MC,
PRD) ha adelantado rechazo frontal y ha calificado la enmienda como innecesaria
y riesgosa para la democracia, al grado de etiquetarla como “Ley Maduro”,
aludiendo al riesgo de un modelo hegemónico.
No hay señales de que el
proyecto se haya construido como una gran reforma consensuada; más bien, se
procesó en una “encerrona” de Morena con la comisión presidencial, con
posteriores intentos de alineamiento de PT y PVEM y un diálogo acotado con
otras fuerzas.
En la medida en que la
oposición queda fuera del diseño y denuncia que la reforma favorece al partido
en el poder, el costo en legitimidad es alto, aun si se aprueba formalmente,
puede quedar marcada como una reforma impugnada en origen, con efectos de
polarización y desconfianza en el árbitro electoral.
En cuanto a la necesidad
técnica, hay argumentos válidos para revisar costos del sistema, reglas de
plurinominales y mecanismos de participación; pero esos ajustes podrían hacerse
vía leyes secundarias y acuerdos más limitados, sin tocar el equilibrio de
representación ni la estructura básica del sistema.
El actual momento y la oportunidad
política evidencia que, hacerlo ahora, con una mayoría fuertem en las dos
cámaras, con una reforma judicial ya en marcha y sin un pacto amplio con
oposición y aliados, incrementa la percepción de uso instrumental de la mayoría
para afianzar el dominio de Morena y reducir futuros contrapesos.
Así, más que “necesaria y
oportuna”, la reforma electoral de Sheinbaum luce, desde una óptica democrática,
como políticamente conveniente para el oficialismo para afianzarse a largo
plazo, pero riesgosa para la pluralidad, los contrapesos y la confianza en la
imparcialidad de las reglas electorales; de ahí que incluso partidos aliados se
hayan resistido y que los observadores la sitúen como uno de los principales
focos de riesgo político del país en 2026.
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a:
*Maestro en
comunicación por la Universidad Iberoamericana, de la cual formó parte del
cuerpo académico de la Licenciatura en comunicación, así como de la Universidad
Anáhuac, campús norte de CDMX.
