IMPRONTA
Aún no hay cifra oficial de
rating total del Super Bowl 60, se estima una asistencia en el estadio de
alrededor de 64–65 mil personas y un alcance televisivo interno de más de 100
millones, con un show de medio tiempo de Bad Bunny que habría roto récord con
unos 135 millones de espectadores.
Levi’s Stadium tiene una
capacidad expandible de poco más de 70 mil lugares y las proyecciones de medios
especializados apuntaban a una asistencia cercana a 64 500 personas para el
Super Bowl LX; las cifras oficiales todavía no se publican, pero estarán en ese
rango.
La audiencia a nivel global
en televisión y plataformas, el Super Bowl en años recientes ha rondado o
superado los 120–125 millones de espectadores promedio en Estados Unidos; para
2026 las notas previas hablan de “más de 100 millones” pendientes de la
transmisión, a la espera del dato consolidado de Nielsen. Estaba rodeado de un cuerpo de baile que
portaba las banderas de todos sus países, cuyos nombres acababa de recitar con
rabia el cantante, que enarboló la de su isla, Puerto Rico. El cuero decía:
“Juntos somos América”
El medio tiempo de Bad Bunny
sí tiene ya una cifra preliminar: CBS y medios especializados hablan de unos
135 millones de personas viendo su actuación, lo que la convertiría en la más
vista de la historia, por encima del récord previo de Kendrick Lamar (133.5
millones).
Las lecturas del show de Bad Bunny, en la que críticas
culturales señalan que el show fue abiertamente latino y puertorriqueño:
visuales alusivos a la historia de Puerto Rico, presencia de bailarines y
músicos latinos y un repertorio centrado en reguetón y trap latino.
“Si hoy estoy aquí es porque nunca dejé de creer en mí mismo”,expresó
Bad Bunny. Un rasgo central fue que
cantó prácticamente todo en español, algo inédito para un protagonista único
del medio tiempo, subrayando la centralidad del público hispanohablante en la
cultura popular estadounidense actual, cuando el músico entregó a un niño uno
de los dos premios Grammy que el artista logró el domingo pasado. La carita del
crío recordaba a Bad Bunny de pequeño (tal vez porque el actor vestía como en
una vieja foto del artista), pero también a Liam Conejo, el niño de cinco años
detenido en Minneapolis y convertido en símbolo de la brutal política
migratoria de la Casa Blanca.
Comentarios de críticos y
periodistas lo leen como un “momento de cambio de paradigma”: no es “el latino
invitado” a un show anglo, sino un artista latino que pone sus códigos y su
idioma en el centro del espectáculo deportivo más importante de Estados Unidos.
El mensaje latino y reacción política en la
narrativa del propio show que duró solo trece minutos y en la forma en que Bad
Bunny hiló las canciones, se destacó el orgullo latino: referencias a Puerto
Rico, guiños a distintos países de América Latina en visuales y discursos,
énfasis en la alegría, el amor y, sobre todo, el trabajo de los migrantes en la
construcción de Estados Unidos como país multicultural.
Diversos comentaristas y
defensores de derechos de los migrantes en redes y en medios subrayaron que un
show casi íntegro en español, con mensajes de diversidad y trabajo latino,
contrasta frontalmente con políticas restrictivas y discursos xenófobos que
criminalizan a migrantes, especialmente provenientes de América Latina.
Bad Bunny
ha sido un crítico abierto de la política migratoria dura y del ICE: en eventos
anteriores ya había lanzado consignas como “ICE out” y en entrevistas ha
cuestionado el trato inhumano a los migrantes, lo que da contexto a la lectura
política de su actuación. En sus calles, los agentes federales incluso
han matado a tiros a dos ciudadanos estadounidenses indefensos.
Donald Trump reaccionó
atacando el show: declaró que “nadie entiende una palabra de lo que dice” y
calificó a Bad Bunny como una “elección terrible” para el medio tiempo,
sugiriendo que su presentación “siembra odio”, vinculando el espectáculo con el
debate sobre migración e identidad.
Trump tiene un historial de
usar a ICE como punta de lanza de una política migratoria agresiva (redadas
masivas, detención prolongada, deportaciones aceleradas), con excesos como la
detención de un niño de cinco años, acompañado de retórica que presenta a
muchos migrantes latinoamericanos como criminales o amenaza.
En contraste, muchas voces
pro‑latinas releen el medio tiempo como una respuesta cultural a esa visión: un
despliegue de orgullo latino, con figuras emblemáticas como Ricky Martin y Lady
Gaga que cantaron en español, en el evento televisivo más visto del país, que
reivindica el trabajo, la alegría y el aporte cotidiano a los Estados Unidos de
los migrantes frente a una narrativa que los reduce a problema de seguridad.
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a:
*Maestro en
comunicación por la Universidad Iberoamericana, de la cual formó parte del
cuerpo académico de la Licenciatura en comunicación, así como de la Universidad
Anáhuac, campús norte de CDMX.
