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sábado, 30 de mayo de 2026

Construir juntos la nación mexicana es una urgencia

 


La fiesta litúrgica de la Santísima Trinidad se formalizó en 1334, y fue el Papa Juan XII quien la instituyó.

Una cita bíblica que mejor describe a Dios (Éxodo 34,4b-6.8-9) ofrece una verdadera autodefinición del ser divino. En este pasaje bíblico se encuentran cinco adjetivos que subrayan su compasión, clemencia, paciencia, misericordia y fidelidad. 

 Es cierto que Dios no tolera el mal. Pero su capacidad de perdonar y amar es infinitamente superior a la de castigar.


Las verdades de fe no pueden ser demostradas. A lo máximo que podemos aspirar es a descubrir que son inteligibles y razonables. Lo que lleva a una verdadera fe no es el conocimiento sino la vivencia interior de la misma. El misterio de la Trinidad nos enseña que solo vivimos auténticamente sí convivimos con los demás. La vida de cada creyente debe ser un reflejo de la vida de comunión del misterio trinitario.

Jesús experimentó al verdadero Dios viviendo de él y para él desde el Espíritu.


Para que el misterio de la Trinidad tenga repercusiones en la vida se requiere el ejercicio y el compromiso en tres áreas que nos ayuden a mejorar como sociedad y como persona: País, nación y patria.

El país es el ámbito geográfico, la ubicación geopolítica, el lugar donde uno nace y vive, eso está allí, firme como las montañas, como el Cofre de Perote. Todos necesitamos cuidar el medio ambiente para frenar la contaminación de los ríos y reservas naturales en México y Veracruz.


La nación, en cambio, es la organización con su historia y sus leyes. La manera cómo nos hemos estructurado dentro de un país. Por eso es necesario que toda la sociedad mexicana cuide y vigile la división de los tres poderes para vivir en una sociedad democrática y respetuosa de los derechos humanos, especialmente el derecho a la vida.


Y por último, la patria es un patrimonio como lo dice el nombre, es lo más valioso que uno tiene, lo que se ha recibido de los que estuvieron antes que nosotros y lo que se debe transmitir a los demás, pero acrecentado. Es una responsabilidad personal y social que la comunidad mexicana y veracruzana sea constructora de paz y de justicia como legado a las generaciones venideras. Se trata en último término de generar y heredar a las próximas generaciones un progreso integral unido al desarrollo humano, procurando el respeto de los derechos humanos, la libertad religiosa y de expresión, una buena educación, una nutrición equilibrada para todos, salud integral, ambiente sano libre de violencia y servicios públicos de calidad.