DE PRIMERA MANO
*Aureliano Hernández Palacios, xalapeño
de tres generaciones de servicio público
Por Omar Zúñiga
En lo que se antoja como una puntada más
en un gobierno de puntadas, la gobernadora Rocío Nahle García tuvo a
bien revelarnos que Aureliano Hernández Palacios Cardel, Auditor Superior
de la Federación y xalapeño de nacimiento, “no conoce Veracruz”.
En una entrevista radiofónica este lunes,
Nahle García se dijo agraviada porque la ASF le pidió las listas de asistencia
de todo el magisterio estatal, situación que calificó como una “locura” y puso
de ejemplo a Uxpanapa, con sus escuelas multigrado y comunidades sin internet,
e ironizó con que habría que entregar “cajas y cajas” de papel. Eso sí, aclaró:
“Yo voy a cumplir”. Uuuuuf, menos mal.
Diría el carinicero, vamos por partes.
Una lista de asistencia no necesita
internet. Necesita un maestro que llegue, un director que firme y un supervisor
que revise.
Las escuelas de Uxpanapa no quedan
exentas de controlar a su personal por estar lejos; al contrario, es justamente
en la lejanía donde florecen el maestro que cobra y no se presenta, el
comisionado que nunca pisó un aula y el aviador de nómina y en la SEV le saben
al tema.
Si la gobernadora conoce tan bien
Veracruz, sabrá que la nómina educativa ha sido, por décadas, uno de los pozos
más oscuros del presupuesto estatal, y que el dinero federal que se transfiere
para pagar a los maestros es exactamente lo que la ASF tiene la obligación de
revisar. Que sean cajas y cajas no es un argumento. Es, en todo caso, la medida
de lo que hay que auditar.
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Para documentar el optimismo, Aureliano
Hernández Palacios Cardel es nieto de don Aureliano Hernández Palacios
(1908-2002), profesor normalista que dio clases en la Benémerita Escuela Normal
Veracruzana y en el Colegio Preparatorio de Xalapa; director de la Facultad de
Derecho y rector de la Universidad Veracruzana; juez municipal en Xalapa, juez
de primera instancia en Coatepec y Xalapa, magistrado y presidente del Tribunal
Superior de Justicia del estado de 1968 a 1974.
Poeta, ensayista y cronista, autor de
una historia de la propia UV y de los tomos de Polvos del Camino.
Y, detalle que debería provocarle a la
gobernadora un sudor frío, jefe del Departamento Jurídico de los Servicios
Coordinados de Educación de la SEP. En la Facultad de Derecho de la UV hay una
cátedra que lleva su nombre.
La estirpe no termina ahí, su padre, Fernando
Aureliano Hernández Palacios Mirón, fue secretario particular de Claudia
Sheinbaum en la jefatura de Gobierno de la CDMX.
Su tío, Luis Rafael Hernández
Palacios Mirón, fue procurador Agrario en el sexenio de López Obrador,
oficio que consiste, entre otras cosas, en recorrer ejidos y comunidades que
tampoco tienen internet.
Tres generaciones de una de las familias
más reconocidas de Xalapa, repartidas entre la academia jurídica, la justicia
local y la administración pública federal.
El propio auditor estudió Economía en la
Universidad Cristóbal Colón en tierras jarochas, y una maestría en Políticas
Públicas en la Universidad Torcuato Di Tella de Buenos Aires.
Hizo trabajo de control interno y
fiscalización en el gobierno de Veracruz, entró a la ASF en 2018 como director
general de Auditoría del Gasto Federalizado y desde octubre de 2025 fue auditor
especial de esa misma área, la que revisa los recursos que la Federación manda
a estados y municipios.
Traducido: durante siete años su oficio
ha sido auditar, entre otras, las cuentas de Veracruz.
Pocos funcionarios en el país conocen
mejor dónde se atoran los dineros veracruzanos.
El 10 de marzo pasado, la Cámara de
Diputados lo eligió con 472 votos, bancada de Morena incluida, para el periodo
2026-2034 en la ASF.
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Aquí, con todo respeto, hay que
cuestionar, ¿quién no conoce Veracruz?
La gobernadora nació en Zacatecas; su
arraigo veracruzano se construyó en Coatzacoalcos y, en 2024, su residencia
efectiva llegó a ser impugnada ante las autoridades electorales.
Nadie le regatea hoy la legitimidad del
cargo, pero pocas personas en el gobierno estatal están en posición menos
cómoda para repartir certificados de veracruzaneidad.
Más aún cuando es el mismo gobierno que
empujó una reforma constitucional para que una persona no veracruzana pudiera
encabezar el Orfis.
Para fiscalizar a Veracruz desde
Veracruz, el origen no importa; para ser fiscalizado desde la Federación, de
pronto el xalapeño resulta fuereño.
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Además alguien debería recordarle a la
gobernadora qué le pasó al último mandatario veracruzano que decidió pelearse
con un auditor superior.
En agosto de 2016, Juan Manuel Portal,
entonces titular de la ASF, sostuvo que Veracruz tenía sin solventar más del 90
por ciento de las observaciones de 2011 a 2014 y lo llamó el caso más
emblemático de las 32 entidades.
El gobierno de Javier Duarte
salió a refutarlo y el mismo Duarte despachaba los señalamientos con aquel
memorable “con el Twitter basta y sobra”.
Meses antes, Portal había advertido que
lo que se configuraba en Veracruz podía llevar al gobernador a la cárcel.
El final de esa película ya lo
conocemos.
Nadie en su sano juicio equipara a Rocío
Nahle con Javier Duarte; sería injusto y temerario y no es de ningua
manera, el objetivo.
Pero la lección institucional es la
misma: al auditor superior no se le gana en el micrófono.
El auditor no da entrevistas ni responde
en la radio; firma pliegos de observaciones y esos papeles, gobernadora, llegan
aunque no haya internet.
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Lo que resulta francamente inexplicable
es la necesidad de abrir un frente más, cuando los que tiene abiertos ya no le
caben en la agenda.
La inseguridad no da tregua; el Sector Salud
atraviesa una o quizá la peor de sus crisis, con un Centro de Alta Especialidad
con más de mil cirugías canceladas o suspendidas, su personal marchando por las
calles de Xalapa y un coordinador del IMSS-Bienestar, Roberto Ramos Alor,
que despacha las denuncias como “campaña de odio” mientras le cuelgan el apodo
de “Doctor Muerte”.
La SEV perdió a su titular por la
presión de la Sección 32 del SNTE.
Y por supuesto, la llegada al Orfis de su
subsecretario de Finanzas, el mismo Eric Domínguez que seguramente será
le encargado de conducirla al patíbulo y que dividió a Morena en el Congreso
con su nombramiento.
Y un largo etcétera que cualquier
veracruzano, de Pánuco a Las Choapas, podría completar sin ayuda.
En ese escenario, arremeter contra el
órgano que revisará las cuentas públicas de todo su sexenio no es valentía política
ni mucho menos, es mala asesoría, o algo peor.
Porque cuando un gobierno se queja de
que lo auditen, el ciudadano entiende otra cosa, si las listas existen y los
maestros están donde deben estar, entregar cajas es un trámite, si no, Veracruz
ya vio esta película y sabe cómo termina.
Don Aureliano, el abuelo, que fue
normalista antes que rector y juez, se lo habría explicado con paciencia de
maestro rural: en Veracruz, la lista se pasa con lápiz y se firma.
Y no gobernadora, NO es lo que usted
califica como “nado sincronizado”, es la necesidad de señalar los yerros en un
estado que no los merece.
¡Qué barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com
