Dr. Rafael Vela Martínez
De
acuerdo con los resultados de la Encuesta Intercensal del INEGI 2025, en el
estado de Veracruz hay 12.2 personas de 65 años o más por cada 100 habitantes
(lo que equivale al 12.2 % de la población total). Esto significa que el
estado de Veracruz ha caído en un estado de Vejez demográfica (no
primeros síntomas de vejez o estado intermedio). Con esta proporción, Veracruz
se ubica como la tercera entidad federativa con mayor porcentaje de adultos
mayores en todo el país, superada únicamente por la Ciudad de México (14 %) y
Morelos (12.3 %). Este incremento refleja el acelerado proceso de
envejecimiento demográfico en la región, considerando que en el 2020, la
población de 65 años y más representaba aproximadamente el 8.2% de la población
total de la entidad.
Otra
información relevante que arroja la Encuesta Intercensal es que en el ámbito de
la salud se advierte una transformación estructural relevante, caracterizada
por un menor reconocimiento de cobertura pública y una mayor dependencia del
sector privado; es decir, la población con afiliación o acceso reconocido a
instituciones de servicios públicos de salud disminuyó del 75.2 % al 66.4 %;
ante la baja en la cobertura pública, la población que opta por consultorios,
clínicas u hospitales privados aumentó del 13.6 % al 23 %; incluso, es
de mencionarse que el uso de consultorios adyacentes a farmacias creció del
12.8 % al 17.8 %. En conjunto, los servicios privados y los consultorios
de farmacia ya concentran más del 40 % de la atención médica que buscan
los habitantes de Veracruz.
Algo
preocupante es que Veracruz redujo su población total, al pasar de 8 millones 62
mil 579 habitantes en 2020 a una población estimada de 7 millones 917 mil 876 personas
en 2025. Significa una reducción de 144,703 personas, alrededor de 1.8 %. Es
una señal que exige estudiar qué ocurrió en cada municipio y grupo de edad. La
cifra por sí sola no permite afirmar que toda la pérdida se deba a que nacen
menos niñas y niños: también debemos examinar las defunciones incluyendo las
causadas por la PANDEMIA del COVID-19, así como la migración debido a la falta
de empleos. Para la planeación pública, la pregunta decisiva sería ¿dónde
disminuye la población, quiénes se van y qué capacidades productivas y sociales
pierde cada región?.
Es
importante señalar que una población menor puede significar menos trabajadores
y consumidores en algunos territorios, especialmente si se van personas
jóvenes. En un municipio rural, esto puede dificultar el relevo de quienes
cultivan la tierra; en una ciudad, puede reducir la disponibilidad de personal
para empresas y servicios. Pero no existe una relación automática entre menos
habitantes y menos producción: el resultado dependerá de la productividad, los
salarios, la inversión y la capacidad de conservar y atraer talento, por ello
los gobiernos municipales y de la entidad veracruzana deben realizar
diagnósticos, ya que la Universidad Veracruzana atraviesa por una coyuntura
negativa, donde actualmente no está interesada en realizar estos estudios que
soporten el diseño de políticas públicas.
En los
Atlas Económicos de Veracruz 2025, que recientemente dimos a conocer y que
están para descarga gratuita en la página de www.enfoqueveracruz.org, mostramos que manufactura, servicios y
comercio están distribuidos de manera desigual. Por ello, el cambio demográfico
tampoco tendrá el mismo efecto en Veracruz–Boca del Río que en una localidad
serrana. La respuesta económica debe construirse por regiones: fortalecer
cadenas agroindustriales, conectar proveedores con ciudades, ampliar servicios
especializados y generar empleo formal donde hoy faltan oportunidades.
Quizás
nuestros amables lectores se preguntan: ¿Por qué se insiste en una respuesta regional
y no solamente estatal? La respuesta tiene que ver con el hecho de que un
promedio estatal oculta situaciones opuestas. Una ciudad puede atraer hogares y
requerir más vivienda y transporte, mientras una comunidad serrana pierde
población joven y necesita mejores caminos, atención médica móvil y apoyo
productivo. En el libro Sistema de Ciudades de Veracruz propuse
articular ciudades medias e intermedias con sus territorios rurales. Los Atlas
Económicos permiten identificar las actividades y capacidades de cada
municipio; los estudios que hemos realizado sobre condiciones de vida de la población
indígena muestran dónde se acumulan rezagos de acceso.
Mi
propuesta es cruzar la nueva información demográfica con empleo, actividad
agrícola, infraestructura y servicios, municipio por municipio. Así podremos
decidir dónde fortalecer escuelas, centros de salud, sistemas de cuidado,
conectividad y oportunidades productivas. En este contexto ¿Cuál sería la
decisión pública más urgente?. Considero que sería elaborar un diagnóstico de
cambio demográfico por municipio y Región Metropolitana, de tal forma que distinga
pérdida de población, envejecimiento, migración, formación de hogares y acceso
a servicios. Con esa base, hay que poner en marcha dos tareas simultáneas:
crear empleo formal y productivo para que la población joven tenga razones para
permanecer o regresar, y adaptar salud, vivienda, transporte y cuidados a una
sociedad que envejece. Veracruz no enfrenta solamente una variación en el
número de habitantes. Enfrenta un cambio en quiénes viven en cada territorio y
qué necesitan para vivir bien. La respuesta debe ser planeación regional con
inversión verificable y servicios accesibles.
