CAFÉ DE MAÑANA
Por José Luis Enríquez Ambell
En Veracruz, cuando se acerca el relevo en una institución pública, la conversación suele adelantarse al calendario. Aparecen nombres, se cruzan versiones y comienzan a contarse respaldos. Es parte de nuestra vida política. Pero entre las apuestas por quien llega y los balances sobre quien se va, conviene detenerse a mirar la institución: qué capacidades ha ganado, qué trabajo sostiene y cuáles las responsabilidades que pasarán de unas manos a otras.
Ese es el momento que vive el ORFIS en el Estado de Veracruz, al aproximarse la conclusión de la gestión de la Maestra Delia González Cobos. "Siete años al frente de una responsabilidad de esta naturaleza ameritan una reflexión que considere los avances administrativos como su utilidad pública. Porque fiscalizar significa revisar las decisiones que de alguna forma ya comprometieron dinero de todos y hacerlo con documentos, conocimientos especializados y suficiente firmeza para sostener las observaciones.
Y es que conducir al ORFIS supone trabajar en una posición particularmente exigente. Los gobiernos revisados esperan claridad en los procedimientos; el Congreso del Estado, requiere elementos para examinar las cuentas públicas, y la ciudadanía quiere saber si sus recursos se emplearon correctamente. Conciliar esas exigencias demanda una institución capaz de explicar sus decisiones y resistir la tentación de acomodarlas al clima político del momento.
En ese escenario, la gestión de Delia González deja avances concretos que merecen ser reconocidos y preservados, desde mi enfoque.
Uno de ellos es sin duda la modernización de las comunicaciones con los entes fiscalizables. La puesta en operación del Buzón Fiscalizador, cuyas reglas se publicaron en junio de 2025, y permitió formalizar actuaciones electrónicas y utilizar la firma electrónica avanzada en el intercambio de información. Se trata de una herramienta que incorpora las posibilidades de la tecnología a procedimientos donde resulta indispensable dejar constancia de lo solicitado, lo entregado y lo notificado.
Dicho en términos cotidianos: para un municipio alejado de Xalapa, atender una gestión puede representar horas de camino, combustible, viáticos y personal que temporalmente deja sus labores. Facilitar las comunicaciones electrónicas tiene, por tanto, una utilidad que rebasa la comodidad de una oficina. También permite dedicar más tiempo a preparar adecuadamente la información y ofrece mejores condiciones para consultar el historial de las actuaciones. Ahí hay un avance cuyo valor se entiende mejor desde las regiones que desde un escritorio en la capital.
La transformación tecnológica exige, además, organización. Un expediente electrónico necesita documentos completos, registros confiables y servidores públicos que sepan utilizar el sistema. Por eso, el mérito de modernizar una institución debe apreciarse en la capacidad de incorporar herramientas a su funcionamiento diario. La siguiente administración tendrá una base sobre la cual trabajar y la responsabilidad de mantenerla, corregir sus dificultades y ampliar su utilidad.
Otro componente de esta gestión ha sido el fortalecimiento de los mecanismos internos de calidad e integridad. En su balance público, Delia, destacó las certificaciones en gestión de calidad y gestión antisoborno, así como los cambios organizativos en materia de investigación y género. Estos avances forman parte de una apuesta por ordenar procesos y establecer referencias de conducta dentro del propio organismo fiscalizador.
El asunto tiene especial importancia en una institución que revisa a otras. Quien exige documentos, controles y explicaciones debe procurar ese mismo cuidado en casa. Una certificación adquiere valor cuando sus procedimientos se cumplen, se revisan y ayudan a corregir errores. Su permanencia dependerá del compromiso de las áreas y de la voluntad de la nueva conducción para hacer de la integridad una práctica cotidiana.
También merece atención el trabajo de capacitación y acompañamiento a las administraciones municipales. El Informe Anual de Actividades 2024–2025 documenta una capacitación regional para la entrega y recepción municipal con 1,204 asistentes de 205 municipios y 13 entidades paramunicipales. Esa cobertura permite apreciar un esfuerzo por llevar orientación a buena parte del territorio veracruzano en un momento especialmente delicado para la continuidad administrativa.
Porque en una entrega y recepción se juega mucho más que la firma de un acta. Se transmiten archivos, obligaciones, inventarios, contratos y asuntos pendientes que la administración entrante necesita conocer. Una documentación deficiente puede prolongar incertidumbres y dificultar que se identifique quién debía hacer qué. Capacitar para ese proceso ayuda a que las autoridades cuenten con mejores herramientas desde el comienzo y a que la experiencia institucional sobreviva al cambio de personas.
Esa orientación preventiva tiene un valor que pocas veces alcanza los titulares. Una observación puede llamar la atención cuando revela una irregularidad importante; evitar que se repita requiere un trabajo menos visible, constante y paciente. Explicar cómo integrar un expediente, documentar una obra o cumplir una obligación contable forma parte del cuidado del dinero público. Desde esa perspectiva, el acompañamiento técnico es una aportación que conviene fortalecer.
La continuidad de la fiscalización constituye otro elemento del balance. El informe institucional consigna 572 auditorías integrales a las Cuentas Públicas 2024, incluyendo revisiones financieras, técnicas, de legalidad y de desempeño. Detrás de esa cifra hay distintas especialidades y una cantidad considerable de documentos que deben examinarse, contrastarse y convertirse en resultados técnicamente sostenibles.
Vale detenerse en ello. Revisar una cuenta pública requiere comprender cómo se ejerció el presupuesto, qué sustento tuvo una contratación, qué evidencia existe de una obra y qué resultados produjo una acción gubernamental. Esa tarea descansa en equipos cuya experiencia se forma con los años. Reconocer la conducción de Delia González Cobos supone también reconocer a quienes, desde las áreas técnicas, jurídicas, informáticas y administrativas, hicieron posible el trabajo institucional.
En la recta final de su periodo también se informó de la apertura de auditorías integrales a recursos federales en coordinación con la Auditoría Superior de la Federación. Esa colaboración es relevante porque el ejercicio del gasto involucra autoridades y fuentes de financiamiento distintas, lo que demanda comunicación entre las instancias encargadas de revisarlo.
Una coordinación bien conducida permite aprovechar conocimientos y construir una visión más completa de los recursos examinados. Su utilidad deberá apreciarse en la calidad de las revisiones y en el seguimiento de sus resultados. Para quien llegue, conservar esos vínculos de trabajo será parte de la responsabilidad de dar continuidad a una institución que no puede detenerse durante el relevo.
Ahora bien, el reconocimiento de lo construido abre paso a la pregunta inevitable: ¿qué deberá resolver la nueva titularidad?
El primer reto será acercar los resultados de la fiscalización a la comprensión ciudadana. Cuando una persona escucha que se detectó una irregularidad, espera saber qué ocurrió después. Si hubo una aclaración, quiere conocerla; si se inició una investigación, espera seguimiento; si se recuperaron recursos, necesita una explicación verificable. La distancia entre los hallazgos y sus consecuencias ya ha formado parte de la discusión pública sobre el ORFIS y de los planteamientos de su propia titular acerca de la coordinación institucional.
Ahí existe una oportunidad para la próxima gestión: explicar con mayor claridad el recorrido de los asuntos. Cada resultado debe presentarse con su alcance verdadero, distinguiendo las observaciones, las aclaraciones, los procedimientos y las recuperaciones acreditadas. Esa precisión puede parecer poco vistosa, pero ayuda a evitar expectativas equivocadas y permite que la ciudadanía valore el trabajo con mejores elementos.
El segundo reto será ejercer la autonomía en las decisiones diarias. La independencia de un órgano fiscalizador se aprecia en la consistencia de sus criterios, en el trato que ofrece a los entes revisados y en su capacidad para sostener una conclusión aunque resulte incómoda. Quien llegue deberá construir una relación institucional respetuosa con los poderes públicos y, al mismo tiempo, conservar la libertad técnica indispensable para cumplir su encargo.
También será fundamental cuidar la memoria del organismo. Un relevo responsable requiere conocer el estado de los expedientes, identificar plazos, conservar archivos y reconocer las capacidades del personal. Los asuntos en trámite seguirán su curso mientras cambian las autoridades. Por ello, las decisiones iniciales deberán considerar que la experiencia acumulada es un recurso público y que perderla puede traducirse en demoras y dificultades para dar continuidad al trabajo.
La modernización tendrá, por su parte, nuevas exigencias. Habrá que proteger la información, asegurar la disponibilidad de los sistemas y ofrecer apoyo a los municipios con menores capacidades tecnológicas. Una herramienta resulta útil cuando puede utilizarse de manera confiable y cuando quienes dependen de ella reciben orientación suficiente. El avance deberá medirse también desde la experiencia de sus usuarios.
Y quedará un desafío de fondo: profundizar la revisión de los efectos del gasto. A la sociedad le interesa que una obra esté documentada y, además, que funcione; que un programa ejerza su presupuesto y que atienda el problema para el cual fue creado. Fortalecer esa mirada contribuirá a que la fiscalización tenga una relación cada vez más clara con la calidad de los servicios y las condiciones de vida de los veracruzanos.
DE SOBREMESA
Delia González Cobos se aproxima al cierre de su gestión con aportaciones identificables en modernización, organización interna, capacitación y continuidad del trabajo fiscalizador. Es una base que merece reconocimiento. Su mejor destino será que la siguiente administración la aproveche con criterio, la evalúe con seriedad y la traduzca en nuevas mejoras.
Porque las instituciones se fortalecen cuando cada relevo comprende lo que recibe y asume plenamente lo que le corresponde.
En la conversación del café seguirán apareciendo nombres y pronósticos. En el ORFIS, mientras tanto, continuará una responsabilidad que pertenece a Veracruz: cuidar que el dinero público pueda explicarse, revisarse y dar resultados.
¡ES CUANTO!
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