DE PRIMERA
MANO
Las arengas
de Adanely
Por Omar
Zúñiga
La
ceremonia del Grito de Independencia, sin que parezca perogrullada, se repite y
se espera con verdadero entusiasmo año con año; las arengas se repiten casi por
inercia.
Sin
embargo, hay Gritos que quedan marcados en la memoria del inconsciente
colectivo porque coinciden con un momento inédito.
La
ceremonia que encabezó la noche del 15 de septiembre la presidenta municipal de
Poza Rica, Adanely Rodríguez, desde el balcón del Palacio Municipal, pertenece
a la segunda categoría, y no por la ceremonia en sí —que siguió el guión de
siempre, con las heroínas y héroes de la Independencia, la plaza llena, la
música y las luces— sino por dos nombres que, dichos juntos, describen algo que
México nunca había vivido: una mujer en Palacio Nacional y una mujer en el
Palacio de Gobierno de Veracruz, ambas ejerciendo el Poder Ejecutivo por
primera vez en la historia del país y del estado.
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No se trata
de defender lo indefendible, pero también hay que decirlo sin reservas: el
hecho de que la presidenta Claudia Shenibaum y la gobernadora Rocío
Nahle sean, por primera vez de manera simultánea, dos mujeres al frente de
los Ejecutivos nacional y estatal, pues nos guste o no, es un acontecimiento
histórico que trasciende cualquier filiación partidista, porque además
coincide, por supuesto, con el municipio de donde salió el Grito: Poza Rica,
también gobernado por una mujer.
No es un
dato menor ni un simple giro protocolario en las arengas del Grito; es la conformación
de que algo estructural cambió en la manera en que México organizaba su jerarquía
de poder.
Dicho esto
—y es aquí donde el análisis debe ir más allá del aplauso o la descalificación automática—,
la relevancia histórica de que dos mujeres gobiernen nación y estado no exime a
ninguna de las dos de la evaluación que corresponde a cualquier gobernante, sin
importar su género.
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Celebrar el
hecho inédito no puede convertirse en blindaje ante la crítica legítima.
Sheinbaum enfrenta un año de gestión federal con pendientes serios en
seguridad, economía y relación con Washington; Nahle gobierna un Veracruz donde
persisten, y esta misma columna los ha documentado semana tras semana, el
desabasto en hospitales de alta especialidad, la opacidad municipal, el corredor
naranja bajo sospecha y una fiscalización del gasto público que avanza con más
silencios que resultados. La historia que se hace al llegar no sustituye la
historia que se construye al gobernar.
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Lo que sí
merece reconocerse, sin cinismo, es el simbolismo que representa para las niñas
y jóvenes de Poza Rica —y de todo Veracruz— escuchar desde el balcón municipal
los nombres de dos mujeres al mando del país y del estado en la noche más
patriótica del calendario cívico mexicano.
Ese
simbolismo es real y no debe minimizarse sólo porque quien lo pronuncia forma
parte del mismo proyecto político que ambas encabezan.
La
pluralidad de las arengas —que en otros balcones del país también han incluido
nombres de oposición y de otros actores— es otro tema, uno que toca
directamente a la neutralidad que debería regir estos actos oficiales, pero no
invalida el hecho de fondo.
*****
Poza Rica
celebró a México la noche del 15; lo hizo con alegría y con un matiz que, guste
o no, quedará registrado como parte de esta etapa: la primera vez que una
alcaldesa gritó, desde un balcón veracruzano, los nombres de dos mujeres que
gobiernan simultáneamente a la nación y al estado.
Y no se puede
dejar de reconocer a Adanely Rodríguez, que tiene la valentía de
reconocerlo, la tuvo para gritarlo y la ha tenido para gobernar Poza Rica.
¡Qué
barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com
