DE PRIMERA MANO
Este domingo, cuando la mayoría de la
capital veracruzana apenas despertaba, personal médico, de enfermería y
trabajadores del Centro de Alta Especialidad “Doctor Rafael Lucio” salieron a protestar.
No es una marcha más, es el clímax de semanas,
meses, protestas, de mantas colgadas en los pasillos, de reuniones sin
respuesta y de una advertencia que el propio personal había hecho pública desde
el 9 de septiembre: la próxima cita sería en la calle, frente a la gobernadora Rocío
Nahle García, para contarle —con hechos, no con boletines— lo que de verdad
ocurre dentro de ese hospital.
El origen de la protesta no es nuevo ni
es un exceso retórico, desde hace meses, pero acentuada desde agosto, y de
manera creciente en septiembre, médicos y enfermeras de prñacticamente todos
llso hispital de de Sesver, denuncian el desabasto de medicamentos, materiales
de curación, instrumental y hasta insuficiencia de agua potable.
El cso del CAE es el más patético, pues
hasta hace unos 12 años era el gran referente no sólo en Veracruz, sino en buena
parte del sur sureste del país.
*****
En una carta dirigida directamente a la
gobernadora, el personal calificó al sistema de salud veracruzano como
colapsado y responsabilizó al gobierno estatal por la falta de insumos,
infraestructura y equipo que, advirtieron, pone en riesgo a toda la población.
Las cifras que circulan entre el propio
personal del hospital son, por sí solas, un diagnóstico: se habla de más de mil
cirugías ¡MIL! pospuestas por la falta de materiales básicos, un rezago
que compromete no sólo la atención inmediata de los pacientes, sino la
formación de los médicos residentes, que dependen de esos procedimientos para
completar sus competencias clínicas.
El conflicto del CAE no está aislado:
días antes, residentes y familiares de pacientes con cáncer bloquearon calles
frente al Hospital de Alta Especialidad de Veracruz, en el puerto, por la misma
causa.
*****
Reducir el problema al CAE sería, además
de impreciso, cómplice. A unas cuadras de distancia, el Hospital Civil “Dr.
Luis F. Nachón” —el otro gran nosocomio de referencia para Xalapa y su zona
conurbada— arrastra su propio historial de desabasto: suspensión total de
cirugías programadas por falta de anestésicos como el fentanilo, protestas del
personal sindicalizado por incumplimiento de pagos e insumos, y denuncias
internas, hechas bajo reserva de identidad por temor a represalias, sobre
instrucciones para seguir distribuyendo medicamentos caducos borrando las
fechas de vencimiento.
Son episodios documentados en distintos
momentos, pero que dibujan el mismo patrón: un hospital que opera al límite y
que sólo reacciona cuando la denuncia se vuelve pública, y en no contadas
ocasiones, ni así
El propio gobierno del estado, sin
proponérselo, confirmó que el problema rebasa al CAE.
El 2 de septiembre, la gobernadora Nahle
reconoció que, de los 60 hospitales incorporados al esquema IMSS-Bienestar en
Veracruz, las carencias se concentraban justamente en las zonas de mayor
población: Veracruz-Boca del Río y Xalapa.
Es decir, en la propia capital del
estado, la red del IMSS —no sólo el hospital de referencia estatal— forma parte
del mismo cuello de botella.
*****
Lo que ocurre en Xalapa no es un
incidente aislado de gestión hospitalaria; es la expresión más visible de una
falla de diseño nacional.
Un análisis reciente sitúa el origen del
desabasto en el mecanismo de compra consolidada de medicamentos e insumos,
heredado del extinto e inutil Insabi -fundado por el Nerón de Macuspana-, hoy
operado por el IMSS-Bienestar, que concentró en una sola instancia federal las
adquisiciones para todo el país.
Colectivos de la sociedad civil
documentan mil 213 reportes de carencias en esa institución entre 2022 y 2026,
y estudios especializados la señalan como la de menor trazabilidad del gasto
entre las tres grandes instituciones del sector salud.
La cadena de hospitales afectados lo
confirma.
Días antes de que el CAE colocara sus
primeras mantas, residentes y familiares de pacientes con cáncer bloquearon
calles frente al Hospital de Alta Especialidad de Veracruz puerto, por las
mismas carencias: gasas, suturas, soluciones y equipo quirúrgico básico.
El Gobierno estatal terminó por
reconocer faltantes en “algunas unidades” de la red, y la gobernadora obtuvo
autorización de la Federación para que Veracruz compre de manera directa los
insumos faltantes, con la promesa de un reembolso posterior.
*****
Médicos especialistas consultados para
esta columna coinciden en que nunca en la historia de Veractuz se había vivido
una situación como la que atraviesa actualmente el sistema estatal de salud.
Jamás se había llegado a un punto donde
la falta de insumos obligara a suspender cirugías por centenas, a racionar
hasta el agua dentro de un hospital de alta especialidad, y a que un
funcionario público minimizara el reclamo calificándolo de campaña orquestada.
No es, dicen, un bache más en la curva
de un sistema con carencias históricas. Es, sostienen, un quiebre de otra
naturaleza: administrativo, presupuestal y también de trato hacia quienes sostienen
la atención médica del estado con las manos vacías.
Y no es sólo una advertencia abstracta,
los propios médicos residentes del CAE, en un posicionamiento público, hicieron
responsables a los funcionarios que conocen y han ignorado el desabasto de cualquier
desenlace fatal que pudiera sufrir un paciente como consecuencia directa de la
falta de medicamentos e insumos, que no son pocos.
Quien esto escribe no necesita esa
advertencia para tomarla en serio: en las últimas semanas, amigos cercanos han
padecido en carne propia la falta de insumos en hospitales veracruzanos, con
procedimientos pospuestos y atención interrumpida que, en más de un caso, pone
(en presente) en riesgo real su vida.
No es, entonces, una crisis de
estadísticas ni de comunicados. Es una crisis que cuesta vidas, y que se sigue
tratando, desde el escritorio, como un problema de percepción.
El gobierno estatal, ha respondido con
el lenguaje habitual de los comunicados: reuniones de evaluación, instrucciones
para adquirir faltantes, anuncios de una inversión millonarias y sí, también
descalificación.
*****
Para documentar el optimismo… la
respuesta institucional, en lugar de aminorar la tensión, la encendió. El
coordinador estatal del IMSS-Bienestar, Roberto Ramos Alor, calificó las denuncias
del personal médico como una “campaña de odio” en su contra y en contra de la
institución que encabeza.
El diputado local Héctor Yunes Landa,
dirigente de Alianza Generacional por Veracruz, lo bautizó públicamente como el
“Doctor Muerte” a quien calificó como un “pobre pendejo”, que juega con la vida
de los veracruzanos y recordó que, durante su paso previo por la Secretaría de
Salud estatal, ya había dejado constancia de su incapacidad y se le premió en
este sexenio con su cargo actual.
A la par, personal directivo del propio
CAE habría recibido presión para “controlar” al personal y contener las
protestas el desabasto, bajo amenaza de despidos, de acuerdo con denuncias
hechas llegar de forma anónima por temor a represalias.
El patrón es conocido: cuando la
evidencia incomoda, se ataca al mensajero.
*****
Y ya que hablamos de méritos
internacionales: no sorprendería que una delegación de Dinamarca solicitara una
visita técnica a Xalapa.
Vengan a aprender, doctores nórdicos,
cómo se opera sin anestesia, cómo se reutilizan las botas de quirófano
rescatadas de la basura y cómo un funcionario público convierte el desabasto en
“campaña de odio” sin perder la compostura. Sería, sin duda, un intercambio
académico memorable.
*****
No podemos dejar de mencionar entre las
personas que visibilizaron esta crisis a Miguel Macías Parra, delegado
distrital de Movimiento Ciudadano en Xalapa, como una de las personas que
sufrió en carne propia esta crisis sanitaria, pero que también se atrevió a
denunciarla públicamente.
Macías empieza a tomar un nuevo aire,
luego de su crisis personal de salud, que no fue suficiente para mantenerlo
vigente y en plena operación, social y política.
¡Qué barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com
