Por Miguel Ángel Cristiani
Hay ocasiones en que el progreso tiene la mala costumbre de llegar con una retroexcavadora. Y en Coatepec acaba de ocurrir uno de esos episodios en los que el pasado literalmente salió de debajo de la tierra para recordarnos que antes de construir casas, calles y fraccionamientos, quizá convendría saber qué estamos destruyendo.
En la zona de Campo Viejo, en el municipio de Coatepec, los
trabajos relacionados con el desarrollo habitacional San Lucas llevaron al
Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) a realizar un salvamento
arqueológico en un predio de aproximadamente 12 hectáreas.
Lo que encontraron no fue precisamente una piedra cualquiera
que pudiera hacerse a un lado para continuar con la obra.
Aparecieron vestigios de edificaciones de carácter
cívico-ceremonial y una plataforma de aproximadamente 30 metros de largo por 12
de ancho, además de una escultura monolítica de 1.88 metros de altura, conocida
ya como la Estela de Coatepec, con características que los especialistas
consideran atípicas para la región. El INAH informó que estos elementos podrían
tener alrededor de mil 400 años de antigüedad.
Es decir, mientras unos estaban pensando en hacer negocios
millonarios con casas nuevas, la tierra estaba guardando una historia de muchos
siglos.
Y aquí comienza el verdadero problema.
El salvamento arqueológico concluyó que una parte del
terreno puede continuar destinada al desarrollo habitacional, mientras que la
plataforma y la estela quedarán bajo resguardo. El resto del predio fue
liberado para continuar con la construcción, pese a la oposición de los
vecinos.
Legalmente podrá ser una decisión sustentada en los estudios
realizados por el INAH. Pero desde la perspectiva del patrimonio cultural, la
pregunta inevitable es otra: ¿estamos seguros de que ya sabemos todo lo que
existe debajo de esas 12 hectáreas?
Porque el propio contexto arqueológico obliga a mirar más
allá del predio del fraccionamiento. El sitio de Campo Viejo, ubicado
aproximadamente 500 metros al este, tendría una extensión estimada de unas 30
hectáreas y podría contener más de 50 estructuras; su exploración todavía no se
ha realizado de manera exhaustiva.
Entonces, quizá el debate no debería reducirse a una falsa
disyuntiva entre patrimonio y vivienda.
Coatepec necesita crecimiento, desde luego. Pero también
necesita inteligencia para decidir dónde y cómo crecer y los permisos
municipales.
Porque si cada vez que una excavadora encuentra vestigios arqueológicos
la respuesta consiste en rescatar lo indispensable, cercar una pequeña
superficie y permitir que el concreto avance alrededor, corremos el riesgo de
terminar conservando solamente pedazos de una historia que alguna vez estuvo
completa.
Y eso sería particularmente grave en Campo Viejo, donde el
hallazgo de la Estela de Coatepec ha abierto nuevas interrogantes sobre las
sociedades que habitaron esta región de Veracruz.
Los ciudadanos que han levantado la voz no están
necesariamente en contra de todo desarrollo inmobiliario. Están preguntando
algo mucho más elemental: ¿qué hay debajo de nuestros pies?
La pregunta merece una respuesta seria, científica y
transparente.
Porque una casa puede construirse en otro terreno. Un
fraccionamiento puede modificarse. Un proyecto inmobiliario puede esperar.
Pero una vez que una página de la historia queda sepultada
bajo toneladas de concreto, ya no existe permiso, escritura ni licencia de
construcción que pueda recuperarla.
Nuestra historia no se vende. Y tampoco debería quedar
enterrada bajo el concreto.


