Sin tacto
Por Sergio González Levet
- ¿Cuáles son las reglas de acentuación? R. 1. Se acentúan las palabras agudas que terminan en “n”, “s” o vocal. 2. No se acentúan las palabras graves que terminan en “n”, “s” o vocal. 3. Todas las palabras esdrújulas llevan acento.
- ¿Cuáles son las partes de la oración? R. Sujeto y predicado.
- ¿Qué categoría gramatical es el núcleo del sujeto? R. Sustantivo.
- ¿Qué categoría gramatical es el núcleo del predicado? R. Verbo conjugado.
- ¿Cuáles son los modificadores del núcleo del sujeto? R. Modificador directo, modificador indirecto y aposición.
- ¿Cuáles son los modificadores del núcleo del predicado? R, Objeto directo Objeto indirecto y circunstanciales.
Hasta antes de la debacle educativa de los libros de texto gratuitos del nefasto Marx Arriaga y la Cuarta Transformación, en teoría cualquier alumno que hubiera cursado el quinto de primaria a partir de 1972 -cuando el Gobierno de Luis Echeverría impuso una reforma integral a la currícula educativa; una reforma tan integral como desastrosa- podía contestar correctamente las preguntas anteriores.
Hoy, después de la ominosa intervención del Director General de Materiales Educativos de la SEP, recomendado y protegido ampliamente por Beatriz Gutiérrez Müller, los alumnos de las escuelas primarias ya no pueden contestar nada, porque la Nueva Escuela Mexicana dejó de enseñar contenidos científicos y humanísticos y se dedicó a adoctrinar a las nuevas generaciones para que fueran a votar dócilmente por los candidatos de Morena. A partir de la llegada a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador los egresados de las primarias y secundarias pueden recitar de memoria las frases dogmáticas del patriarca (“No robar, no mentir, no traicionar al pueblo” y otras mentiras similares) pero no conocen la “o” por lo redondo ni saben hacer una suma básica, y ya no hablemos de otro tipo de conocimientos que domina cualquier alumno fuera de México.
En ese orden de cosas, enseñar a escribir a los egresados de las escuelas públicas de educación básica es toda una hazaña, un trabajo digno de Hércules, una utopía académica. Y el problema se presenta porque redactar es un problema original del pensamiento, no de la gramática, que no son más que reglas para tratar de ordenar el significado y la grafía de cada enunciado.
Otro problema grave que se presenta es que los muchachos salen engañados de las escuelas y piensan que en ellas obtuvieron el conocimiento necesario para escribir sin pena y con gloria. Así que consideran que con lo poco que saben, que por lo general es desatinado, pueden resolver cualquier duda de ésas que se presentan continuamente en el proceso de la escritura.
Los chats de gramática de las redes sociales están llenos de respuestas erradas de usuarios que dicen la primera barrabasada que se les ocurre cuando alguien formula una pregunta sobre el uso del lenguaje.
Muchos cursos de redacción se han convertido en una fachada para embaucadores que hacen como que enseñan mientras sus alumnos hacen como que aprenden. A contrapelo, un buen ejercicio de enseñanza de la escritura ante grupos de personas bien educadas resulta un garbanzo de a libra, una cereza del pastel que permite zanjar las terribles inconsecuencias de nuestra educación nacional.
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