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miércoles, 18 de febrero de 2026

Sobrevuelos de aeronaves estadounidenses en Veracruz generan dudas sobre alcance y transparencia de la cooperación bilateral

Por Miguel Angel Cristiani G

En las últimas semanas se ha documentado la presencia de aeronaves militares de Estados Unidos realizando sobrevuelos sobre territorio mexicano, particularmente en el estado de Veracruz, sin que hasta ahora exista una explicación pública detallada y plenamente transparente por parte de las autoridades federales sobre el alcance, los objetivos y los términos de dichas operaciones. La información, detectada inicialmente por la plataforma de monitoreo aéreo Flightradar24, ha reavivado el debate sobre soberanía, cooperación en materia de seguridad y rendición de cuentas.

De acuerdo con los registros disponibles, uno de los aparatos identificados es un Boeing P-8A Poseidon, aeronave perteneciente a la Marina de Estados Unidos, que ha realizado vuelos sobre zonas estratégicas del sur y norte de Veracruz, incluyendo áreas cercanas a Coatzacoalcos y Martínez de la Torre. Los sobrevuelos se habrían producido en un contexto de tensión diplomática entre los gobiernos del entonces presidente estadounidense Donald Trump y la administración mexicana encabezada por Claudia Sheinbaum, marcada por negociaciones sensibles en materia de seguridad y migración.

La información fue confirmada también por el periodista Raymundo Riva Palacio en su columna “Estrictamente Personal”, donde advierte que estas operaciones aéreas no son hechos aislados, sino parte de una estrategia de vigilancia más amplia impulsada desde Washington. Según ese análisis, los vuelos responderían a presiones directas del gobierno estadounidense para ampliar el intercambio de inteligencia en territorio mexicano.

El Boeing P-8A Poseidon no es una aeronave convencional. Se trata del sustituto del histórico P-3C Orion y constituye una de las plataformas más avanzadas de vigilancia marítima y guerra antisubmarina del mundo. Está equipado con radares de apertura sintética, sensores infrarrojos y sistemas electro-ópticos capaces de recolectar información de amplias zonas geográficas. Aunque su misión declarada suele ser de reconocimiento, el aparato puede ser artillado con torpedos y misiles de crucero, y opera con una tripulación especializada de nueve elementos. Estas capacidades técnicas lo convierten, en los hechos, en una herramienta de inteligencia de alto nivel.

Las autoridades mexicanas han sostenido públicamente que la relación con Estados Unidos en esta materia se limita al intercambio de información y a la cooperación institucional bajo solicitud expresa del gobierno mexicano. En este sentido, el titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, reconoció recientemente que un dron estadounidense sobrevoló la zona de Tejupilco, en el Estado de México, a petición de México, en el marco de labores específicas de seguridad. Sin embargo, hasta el momento no se ha precisado si los vuelos del Poseidon sobre Veracruz responden al mismo esquema ni bajo qué acuerdos formales se autorizaron.

De acuerdo con fuentes citadas por Riva Palacio, agencias estadounidenses como el Federal Bureau of Investigation estarían “mapeando” posibles objetivos en territorio nacional con miras a futuras operaciones conjuntas. Esta versión no ha sido confirmada ni desmentida oficialmente, lo que ha incrementado la incertidumbre y las especulaciones en torno al verdadero propósito de los sobrevuelos.

Los reportes indican que Veracruz no es la única entidad involucrada. Se han documentado vuelos similares en la península de Baja California, en Yucatán y en zonas fronterizas como Tijuana, lo que sugiere una cobertura territorial amplia. Analistas en materia de seguridad consultados señalan que estas regiones coinciden con corredores estratégicos para el tráfico ilícito y con áreas de interés geopolítico para Estados Unidos.

Desde una perspectiva legal y ética, especialistas subrayan que cualquier operación extranjera en espacio aéreo mexicano debe sujetarse a la legislación nacional, a los principios de soberanía y a mecanismos claros de rendición de cuentas. La falta de información oficial detallada no solo abre la puerta a la desinformación, sino que debilita la confianza ciudadana en las instituciones responsables de la seguridad nacional.

Por ahora, el gobierno federal no ha emitido un informe técnico ni político que explique con precisión quién autorizó los vuelos, bajo qué acuerdos bilaterales se realizan, qué información se recolecta y cómo se protege la soberanía del país. Mientras tanto, la expectativa es que la frecuencia de estas operaciones aumente en las próximas semanas como parte de una estrategia de seguridad binacional en evolución.

Cuando los cielos se vigilan en silencio y sin explicaciones claras, la pregunta no es quién vuela, sino quién rinde cuentas.