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miércoles, 18 de febrero de 2026

Dilema ético de la justicia: el caso del cínico y sanguinario Javier Duarte de Ochoa

 


CLAROSCUROS

PARTE II

José Luis Ortega Vidal

(1)

Cínico, Javier Duarte de Ochoa arengó ante el juez de control, Gustavo Aquiles Villaseñor:

“La orden es que Javier Duarte no salga”.

Durante la audiencia del pasado doce de febrero en el Centro de Justicia Penal Federal del reclusorio norte de la ciudad de México, el sanguinario ex gobernador de Veracruz acusó a la Fiscalía General de la República de ordenar: “Pónganle, fabríquenle, háganle, pero no puede salir este señor de la cárcel. Apurémonos a ponerle una medida cautelar para que no salga”.

(2)

Imaginemos una escena en algún momento de la historia: el verdugo ha cortado docenas de cabezas con su hacha siempre afilada al extremo; nunca le importó si mujeres y hombres eran inocentes o culpables: igual los ejecutó y su rostro y cuerpo quedaron manchados de líquido rojo y olor a muerte.

De pronto, un día cualquiera un transeúnte lo mira y le reclama frente a testigos: eres un sanguinario, cínico, impúdico, al pasear por las calles como si no debieses cargar cadáveres de inocentes en tu conciencia…

El verdugo se molesta, acusa a quien lo ha increpado de lanzar insultos en su contra; advierte que lo acusará ante el juez por faltar a su honor pues no es un asesino y no ha hecho otra cosa que cumplir órdenes oficiales.

(3)

El primero de diciembre del 2010 Javier Duarte de Ochoa recibió una hacienda pública veracruzana con unos 20 mil millones de pesos de deuda, generada en el sexenio que le precedió, donde fue subsecretario y secretario de Finanzas y Planeación; para convertirse desde el 2009 en diputado federal y finalmente en candidato del PRI a gobernador.

Aquella deuda creció a niveles estratosféricos: ¿60 mil millones de pesos? ¿80 mil millones de pesos? ¿100 mil millones de pesos?

No hemos recibido los veracruzanos la información precisa sobre la deuda heredada por Duarte de Ochoa luego de convertirse en gobernador para el periodo 2010-2016.

(4)

El gobierno de Enrique Peña Nieto (PRI, 2012-2018), detectó desvíos multimillonarios y la creación de empresas fantasma para saquear las finanzas públicas durante la administración de Duarte de Ochoa.

El doce de octubre de 2016 Javier Duarte solicitó licencia al Congreso de Veracruz para separarse del cargo; sustentó su retiro, a siete semanas de concluir el sexenio, para enfrentar los señalamientos de la FGR en su contra, pero en realidad escapó de la ley y se refugió en Guatemala

(5)

Cito un texto del periódico digital Animal Político:

“Tras el caso de las empresas fantasma, denunciado por Animal Político en 2016, la entonces PGR acusó a Duarte de dos delitos: lavado de dinero y asociación delictuosa. Esto al considerar que se confabuló con otras personas para desviar recursos públicos durante su gobierno utilizando empresas fantasma y prestanombres. El dinero, de acuerdo con las indagatorias, lo habría utilizado para la adquisición de propiedades y otros bienes.

El presunto desvío de recursos federales, perpetrado de 2011 a 2016 en Veracruz, por la administración de Duarte, supuestamente destinados a acciones de salud, educación, seguridad, obras y asistencia social, asciende a más de 61 mil millones de pesos.

De acuerdo con la Auditoría Superior de la Federación (ASF), se trata del mayor caso de manejo irregular de recursos federales del que haya registro a la fecha.”

(6)

Hay similitudes entre Javier Duarte de Ochoa y el verdugo imaginario apuntado en el segundo argumento.

(7)

- Ambos se sienten ofendidos y afectados en sus derechos por alguien que los acusa:

En el caso del verdugo de ser sanguinario (el verdugo lo interpreta como un señalamiento de asesino), impúdico y cínico.

En el caso de Javier Duarte ocurre que en abril próximo quedaría libre –por buena conducta- de la sentencia a nueve años impuesta por un juez federal luego de que aceptó la culpabilidad por los delitos de lavado de dinero y asociación delictuosa.

Sin embargo, el pasado doce de febrero la FGR presentó una nueva denuncia en su contra; ahora se le acusa de peculado, por el presunto desvío de cinco millones de pesos destinados a personas con discapacidad.

(8)

El verdugo se dirige ante las autoridades para denunciar a quien lo insultó confiado en que la ley, ciertamente, protege sus derechos.

(9)

Así resulte una perogrullada, sabemos que ley y justicia no son sinónimos; el verdugo fue injusto en muchos casos pero basó su actuar en la ley.

Por otra parte el Estado es un ente con jerarquías y el verdugo, efectivamente, obedeció órdenes de superiores.

Por otra parte al acusador le corresponde la razón porque está probado que el verdugo es un sujeto sanguinario (el adjetivo tiene muchas interpretaciones), impúdico y cínico; sólo que estas apreciaciones o valoraciones, chocan con los derechos del verdugo, quien legalmente no es asesino.

(10)

La autodefensa de Javier Duarte mediante la acusación a la FGR de maniobrar para mantenerlo preso sí o sí, luce técnicamente correcta pero éticamente incorrecta, por cínica.

Audaz, Duarte de Ochoa coloca a la FGR ante el dilema de convertirse en cínica como el acusado.

Javier Duarte está de acuerdo con Gonzalo N. Santos en que la moral es un árbol que da moras y su propósito esencial es quedar libre a como dé lugar.

La FGR, en cambio, representa a la ley y esta se fundamenta en la ética del Derecho.

(11)

Después de haber desviado más de 61 mil millones de pesos del erario y recibir una sentencia de nueve años, las nuevas autoridades federales pretenden mantenerlo preso por un caso de peculado por cinco millones de pesos.

Desde luego, la cantidad no importa mientras se compruebe el delito, pero en este caso el contraste financiero pesa por el contexto político de la historia que abordamos.

La FGR luce, por lo mínimo, desesperada.

Más aún: la FGR está políticamente nerviosa y acorralada.

Mucho más que ese dinero, el sanguinario Duarte de Ochoa lo gastó nomás en la residencia y la camioneta de lujo para Xóchitl Tress Rodríguez, según un testigo que también fue funcionario y ladrón en la Secretaría de Educación de Veracruz.

(12)

Ambos, el verdugo y Duarte de Ochoa son cínicos y sanguinarios.

Uno cortó cabezas a diestra y siniestra y el otro provocó muertes de gente enferma, de personas ejecutadas por el crimen organizado, de víctimas en accidentes provocados por la ausencia del Estado.

La FGR luce contra las cuerdas pues no puede estar al servicio de intereses del poder, pues eso la rebajaría al nivel de Duarte y el verdugo.

(13)

El Estado.

He ahí un fondo común y profundo:

El Estado ordena al verdugo cortar cabezas de inocentes o culpables; no importa; son fallas oficiales y ya se encargará la historia de esos menesteres…

El Estado, es decir el PRI en su última etapa de gobierno antes de convertirse en el paria de poder que es hoy, fue el creador y el cómplice del monstruo llamado Javier Duarte de Ochoa.

El Estado -MORENA en su segundo sexenio- lo quiere mantener preso sí o sí, porque -como alega el monstruo cínico- “La orden es que Javier Duarte no salga”.

(14)

Nada de lo anterior resulta extraño.

Para muchos –es mi caso- lo justo sería que Javier Duarte de Ochoa se pudra en la cárcel. Para otros muchos –es mi caso- vivimos en un Estado de derecho y la ley es la ley, aunque sea injusta; por lo cual debe cumplirse sí o sí.

(15)

¿Cuál será la conclusión del Poder Judicial Mexicano frente a este dilema Ético de la Justicia?

CONTINUARÁ