Lo dice la ASF!!!

**Y falta la revisión a la Cuenta Pública del año 2025, el año de Hidalgo, donde robó todavía más!!!
Alvarado, Ver. 18 febrero 2026.- La Auditoría Superior de la Federación detectó un presunto daño patrimonial por más de 45 millones de pesos en el Ayuntamiento de Alvarado en la Cuenta Pública del año 2024, cuando era presidido por Lizzette Álvarez Vega, esto tras la revisión a dicha Cuenta Pública por parte de la ASF.
El informe señala obras de mala calidad y pagos por trabajos o servicios que no se habrían recibido, en proyectos como electrificación, alumbrado público, rehabilitación de parques, pavimentaciones y obras en espacios educativos.
Las observaciones corresponden a la administración municipal encabezada por la exalcaldesa Lizzette Álvarez Vela, quien ahora aspira a ser candidata a diputada federal en 2027.
Con qué cara podría volver a pedir el voto esta mujer cuando tiene tal cantidad de millones de pesos observados por la Auditoría Superior de la Federación (ASF), y que al no poder solventarlos pasan a ser "daño patrimonial", por lo que pronto deberá enfrentar denuncias penales en su contra por corrupta y mano larga.
Obras repletas de corrupción las que hizo Lizzette en Alvarado.
De acuerdo con el Informe de la Cuenta Pública 2024 elaborado por la Auditoría Superior de la Federación, el ayuntamiento de Alvarado hizo obras de mala calidad y pagó por productos que nunca recibió.
En esas irregularidades tuvo que ver de cuerpo completo la corrupta ex alcaldesa Lizzette Álvarez Vega.
Entre las obras mal hechas están la ampliación de electrificación (red de eléctrica) y alumbrado público en la Colonia Nueva Esperanza; servicios profesionales; científicos; técnicos y otros servicios (supervisión externa); rehabilitación de auditorio en escuela secundaria oficial "Lic. Marco Antonio Muñoz"; rehabilitación de parque(s) público y construcción de barda perimetral en parque deportivo de la Localidad de Paso Nacional; y la construcción de pavimento hidráulico incluye guarniciones y banquetas en calles Bronce y Plata en la Localidad de La Piedra.
Lizeth, la exalcaldesa que quiso vender el cuento de que todo su dinero es bien habido, no convenció a nadie, ahora la ASF comprueba que robó a manos llenas y es una corrupta.
En el pueblo se sabe y se comenta fuerte desde el cobro de piso en la Riviera hasta las presiones y extorsiones a inversionistas fue el "modus operandi" de Lizzette Álvarez Vega los 4 años que mal-gobernó a Alvarado.
Solo ella se cree que logró disfrazarlo de “éxito empresarial” la ASF le acaba de dar un palmo de narices al evidenciar que tan sólo en el año 2024 no aparecen más de $45 millones de pesos.
El hambre política la trae desatada y ahora anda desesperada buscando una diputación federal en 2027, porque en Alvarado el terreno ya lo tiene minado, y dentro de poco deberá rendir cuentas ante la justicia por el saqueo descarado que hizo al erario municipal en dicho municipio.
Por lo que desde su pasquín digital, “Eduardo Venegas Informa”, tira lodo parejo: contra secretarios, contra la API, contra la Gobernadora y hasta contra la Presidenta. Eso no es crítica, es berrinche. No es oposición, es puro ardor.
Y mientras señala con un dedo, acá no se nos olvida el desfalco que dejó, el cochinero financiero y su estilo gangsteril de gobernar: camionetas nuevas, propiedades que aparecieron de la nada y familiares viviendo en el extranjero con vida de primer mundo. El pueblo ve, apunta y no olvida.
La realidad le pegó más duro porque no pudo seguir mandando tras bambalinas. Hoy Alvarado tiene un alcalde que sí está gobernando: Beto Cobos ha demostrado serenidad, orden y trabajo; ha armado su propio equipo, ha marcado su rumbo y no se presta a chantajes ni presiones. Mientras unos gritan y atacan, él gestiona y resuelve.
En campaña Lizzette decía que “la Gobernadora iba a ver quién manda en Alvarado”. Pues ya vio… y tampoco manda ella.
Aquí en el pueblo sabemos distinguir entre quien construye y quien destruye. Y cuando alguien ataca a todos al mismo tiempo, no es valentía… es desesperación.
En política, la derrota no siempre se asimila con dignidad. Hay quienes entienden que los ciclos se cumplen, que el poder es prestado y que el servicio público no es patrimonio personal. Pero también existen casos donde la frustración se convierte en estrategia y el rencor en discurso. Lo que hoy ocurre en Alvarado con la exalcaldesa Lizett Álvarez Vera parece inscribirse en esta segunda categoría.
Quien durante su gestión aseguró que al dejar el cargo se dedicaría a consolidar su faceta empresarial, hoy evidencia que el retiro político no estaba en sus planes. La ambición, más que el emprendimiento, terminó por imponerse. Y no hablamos de cualquier aspiración: su objetivo es la diputación federal, aunque en el discurso intente matizarlo para no exhibir con claridad el tamaño de su apuesta.
El problema no es que aspire, sino la ruta elegida para intentar posicionarse. En lugar de recorrer el distrito, construir acuerdos o presentar propuestas, ha optado por el ataque frontal y sistemático contra el Gobierno del Estado y contra figuras del ámbito federal y estatal.
En las últimas semanas, sus señalamientos han escalado de manera evidente, empleando para ello páginas informativas. La embestida ya no solo alcanza a secretarios y subsecretarios, sino que se dirige directamente contra la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle García, a quien ha calificado con adjetivos que buscan más el impacto mediático que el debate de fondo. El tono, más que firme, ha sido estridente; más que analítico, personal.
El fenómeno adquiere mayor dimensión cuando los ataques se extienden incluso hacia la titular del Ejecutivo federal, cruzando una línea que transforma la oposición legítima en confrontación sistemática. No es fiscalización; es campaña anticipada. No es debate; es posicionamiento a cualquier costo.
En el fondo, muchos en Alvarado coinciden en una lectura incómoda para la exalcaldesa: la imposibilidad de seguir influyendo tras bambalinas en la administración municipal. La política local cambió de manos y el nuevo gobierno ha marcado su propio ritmo, construyendo equipo y definiendo prioridades sin tutela. Cuando el poder ya no se ejerce, algunos optan por incendiar el entorno.
También hay un cálculo político evidente. En el municipio, su desgaste es conocido; en el resto del distrito, su figura aún no está del todo expuesta. De ahí la urgencia por reposicionarse mediante la confrontación, intentando polarizar para convertirse en referente opositor. Es una apuesta de alto riesgo: la narrativa del agravio suele movilizar a un núcleo duro, pero difícilmente amplía mayorías.
La pregunta de fondo es si esa estrategia le alcanzará. Porque la ciudadanía, más allá de simpatías partidistas, empieza a mostrar fatiga frente a la política del insulto. Veracruz enfrenta desafíos reales: desarrollo económico, seguridad, infraestructura, servicios. El debate público debería girar en torno a esos temas, no en torno a descalificaciones personales.
La gobernadora y su equipo sabrán responder, pero lo que hoy queda claro es que la embestida de Lizzette tiene un origen político concreto: la disputa por el futuro inmediato y la intención de no quedar fuera de la "ubre" del erario público y del presupuesto.