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miércoles, 14 de enero de 2026

Bibi Báez con el G-10

 


Sin tacto

Por Sergio González Levet

Si usted viaja por la autopista de Veracruz a Xalapa o viceversa -el sentido es lo de menos-, al cruzar el bonito poblado de Tamarindo o al pasar veloz a un lado de Chichicaxtle estará en terrenos de Puente Nacional, un municipio de 25 mil habitantes que rebosa historia y muchas otras lindezas.

     Tiene, entre tantas cosas, una construcción de piedra histórica (sí, histórica la construcción e histórica la piedra): el Puente del Rey, que le da nombre al municipio y que pronto va a gozar otra vez de muchos visitantes porque por fin le están arreglando los accesos, hasta hoy llenos de baches.

     También en Puente hay un observatorio de aves famoso internacionalmente, aunque desconocido en Veracruz, por la presencia única y exclusiva del “Colibrí Tijereta Mexicano (Doricha eliza), una especie endémica de México, que habita en zonas costeras y matorrales secos del centro de Veracruz, destacando por su pico largo y cola distintiva, especialmente en los machos muy vistosos.”

     Y aún hay más, porque en las 72 comunidades que se aposentan en su territorio puede usted hallar gente de campo “empeñosa y diligente” (Martín Fierro) como sólo lo son los veracruzanos, y una topografía que va desde las alturas medias de sus “cerros pelones, sin más adorno que su buen temperamento” (Arreola) hasta las cañadas insomnes por las que transcurre el río Huitzilapa (en náhuatl, ajá, río de los colibríes).

     Ahora y desde hace dos semanas para fortuna de sus habitantes, en Puente Nacional gobierna como alcaldesa la licenciada Bibiana Sánchez Báez, una mujer oriunda, crecida y luchona en la comunidad de El Crucero, a quien todos conocen y le llaman familiarmente como Bibi Báez.

     Ella se reunió ayer con los integrantes del Grupo de los Diez y sostuvo con nosotros una charla interesante, cordial, enteradora. Allí, en el desayuno estaba y estuvo la increíble y reconocida reportera Noemí Valdez (que rompe agradablemente el club de Tobi en que a veces estamos convertidos sin querer), que es nativa de El Cuajilote, un caserío de 271 habitantes en el que casi todos son parientes, y por eso puede dar fe de todo lo bien que habla Bibi del municipio en el que son paisanas.

     Bibi Báez trae un entusiasmo continuado que está asentado en el sueño de su vida (“Desde los ocho años dije que iba a ser presidenta municipal de mi pueblo”), en su particular hiperactividad, en su preparación académica y en su experiencia de nueve años de haber trabajado para el ayuntamiento puenteño.

     Junta los retos inmediatos: revivir la recolección de basura, mejorar el parque vehicular que le dejaron en posición de chatarra, ganarle de una vez por todas al analfabetismo latente, proponer soluciones al problema endémico del agua, certificar a la policía, mejorar las condiciones de los campesinos olvidados.

     Y propone soluciones maduras, enteradas, viables. Bibi sabe que tiene cuatro años por delante y por eso exprime las horas de cada día para aprovechar al máximo las mañanas tempraneras y las noches enjundiosas.

     Representa sin ambages a la mujer contemporánea y sin mayores preámbulos trabaja con tino para hacer por fin lo que siempre quiso ser… y sus paisanos se lo están agradeciendo.

sglevet@gmail.com