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martes, 13 de enero de 2026

La defensa de los animales

 Sin tacto


 





 


Por Sergio González Levet


 


Es manifiesta la preocupación que han mostrado las presidentas municipales de Veracruz, Rosa María Hernández Espejo, y de Xalapa, Daniela Griego Ceballos, por establecer mecanismos que garanticen la protección debida de los animales.


     Ambas alcaldesas se han pronunciado por mejorar las leyes que se ocupan de normar el buen trato que deben recibir los animales de compañía y por enunciar con toda claridad los derechos a que tienen a una vida segura y tranquila.


     Bien por Rosa María y por Daniela, pues es muy alto el porcentaje de los hogares veracruzanos que tienen perros sobre todo y gatos en segundo lugar. Hay quienes consideran que el índice llega casi al 70 por ciento de las familias de Xalapa y del Puerto de Veracruz, lo que representa una cifra de decenas de miles de animalitos que viven al lado de seres humanos y que deberían gozar de seguridad en su salud y en su alimentación, y estar libres de golpes y maltratos.


     La Ley de Protección a los Animales para el Estado de Veracruz, también llamada Ley 876, distingue (como en la mayoría de nuestras leyes, de una manera sintáctica lamentable) en dos tipos generales a las mascotas:


     “III. Animal de compañía: Ejemplar de una especie doméstica o silvestre utilizado como compañía o recreación para el ser humano;


     “IV. Animal doméstico: Aquél que de manera natural no existe en el hábitat silvestre, que ha sido reproducido y criado bajo el control humano, que convive con él y depende de éste para su subsistencia”.


     La lista de las especies que son utilizadas como mascotas es extensa. Junto a los canes y a los felinos hay quienes en sus casas llegan a tener y a mantener tortugas, hámsteres, ratones blancos, tarántulas y otras arañas, víboras, conejos, hurones, pollitos, cobayas, iguanas, y aves cantoras, habladoras y/o de plumajes brillantes.


     Pero los perros y los gatos siguen siendo los animales de compañía por excelencia, y a ellos están particularmente dirigidas las leyes y los reglamentos municipales; a ellos igualmente se dirige la preocupación mostrada por las nuevas autoridades municipales de las dos ciudades más importantes del estado (la Señorial se cuece aparte).


     Vale la pena hacer la observación para quienes están encargados de revisar la normatividad en la materia que una gran cantidad de los considerados mejores amigos del hombre en realidad llevan una vida… hum… de perros en muchas casas, porque sus amos consideran que tenerlos arrinconados en una cochera oliendo el gas venenoso de los vehículos o en un techo donde padecen las inclemencias del tiempo atmosférico, es una manera decente de conservar a sus mascotas.


     U otros que creen que basta con sacar a sus perritos o perrotes a darle una vuelta a la manzana a paso cansino para que hagan sus necesidades y dejen llenas de bacterias las calles, los jardines y los camellones (en el caso de las heces fecales, están muy errados quienes piensan que con levantar el mojón ya hicieron una limpieza suficiente, cuando la huella que dejan está llena de bichos microscópicos).


     Y ya no hablemos de los perros que se pasan todo el día ladrando y atentan contra la tranquilidad auditiva y mental de todos los vecinos.


     Bien por los nuevos reglamentos, ahora sólo va a faltar que pongan inspectores para que los hagan cumplir.


 


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