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MPRONTA
Carlos Miguel Acosta Bravo
En México, los números comienzan a contar una historia distinta. La reducción de homicidios dolosos —de aproximadamente 91.7 diarios en 2024 a 50.8 en el primer trimestre de 2026— representa una caída cercana al 45%. Se trata de cifras oficiales que, por sí mismas, marcan un punto de inflexión en uno de los problemas más graves del país. Sin embargo, la pregunta clave no es solo cuánto han bajado los homicidios, sino por qué.
Para responderla, es indispensable analizar la llamada nueva Estrategia Nacional de Seguridad, implementada desde finales de 2024, la cual combina elementos de continuidad con cambios significativos respecto al enfoque anterior.
Uno de los giros más evidentes es el uso más activo de la fuerza del Estado. A diferencia de la política de contención “de abrazos no balazos”que caracterizó el periodo previo, hoy se observan operativos dirigidos contra líderes criminales y estructuras clave. No se trata de despliegues indiscriminados, sino de acciones focalizadas que buscan desarticular organizaciones. Este cambio refleja una disposición más clara a confrontar directamente a los grupos delictivos.
A la par, la estrategia ha fortalecido el componente de inteligencia e investigación. Ya no se privilegia únicamente el patrullaje o la presencia territorial, sino el análisis de redes criminales, la coordinación interinstitucional —incluyendo Ejército, Guardia Nacional, Fiscalía e incluso agencias internacionales— y las llamadas “operaciones de precisión”. El objetivo es atacar el funcionamiento interno del crimen organizado, no solo sus manifestaciones visibles.
Otro elemento clave es la focalización territorial. La violencia en México no está distribuida de manera homogénea, pocos estados concentran más de la mitad de los homicidios. Bajo esta lógica, la estrategia actual prioriza intervenciones en zonas críticas, adoptando un enfoque más quirúrgico que generalizado. Esto permite optimizar recursos y aumentar el impacto de las acciones.
Asimismo, se ha apostado por el fortalecimiento institucional. La profesionalización de mandos, la mejora en la coordinación del Gabinete de Seguridad y el incremento en capacidades operativas apuntan a construir un aparato de seguridad más sólido y eficiente, capaz de sostener resultados en el tiempo.
No obstante, la estrategia no abandona por completo el enfoque social. Los programas orientados a atender las causas estructurales de la violencia —como la pobreza o la falta de oportunidades para jóvenes— continúan, aunque ahora como un complemento y no como el eje central.
Este conjunto de acciones ayuda a explicar la reducción reciente en homicidios. Entre los factores más relevantes destacan los golpes a liderazgos criminales, como el de Nemesio Oceguera “El Mencho” la mayor coordinación institucional, las intervenciones focalizadas y, no menos importante, una tendencia a la baja que ya venía gestándose desde 2024.
Sin embargo, sería un error interpretar estos datos como una solución definitiva. La violencia sigue concentrada en determinadas regiones, otros delitos como la extorsión y las desapariciones persisten, y la percepción de inseguridad continúa siendo alta entre la población. La estadística, aunque alentadora, no siempre se traduce en una sensación real de tranquilidad.
La comparación con la estrategia anterior es inevitable. Mientras el enfoque de “abrazos, no balazos” priorizaba la atención a causas sociales y evitaba la confrontación directa, el modelo actual apuesta por un equilibrio entre prevención, inteligencia y uso de la fuerza. Pero también es importante reconocer que la disminución de homicidios no parte de cero, se construye sobre una tendencia descendente iniciada en el sexenio previo.
En este contexto, la conclusión debe ser matizada. Sí, México registra una reducción significativa en homicidios. Sí, hay indicios de que la estrategia actual está teniendo efectos. Pero afirmar que el país ha recuperado la paz resulta, por ahora, prematuro.
La seguridad no se mide solo en cifras, sino en la vida cotidiana de las personas. Y ahí, el desafío sigue vigente.
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cacostabravo@yahoo.com.mx
Maestro en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Formó parte del cuerpo académico en comunicación en la Ibero y en la Universidad Anáhuac, campus norte CDMX.
