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martes, 14 de abril de 2026

México ante el espejo empresarial, confianza frágil y decisiones urgentes

 


IMPRONTA

Carlos Miguel Acosta Bravo

En economía, pocas métricas son tan reveladoras como aquellas que capturan expectativas. El crecimiento puede medirse con cifras duras, pero la inversión —ese motor silencioso del desarrollo— depende, en gran medida, de percepciones. En este terreno, el Indicador Global de Opinión Empresarial de Confianza (IGOEC) del INEGI se ha convertido en un termómetro indispensable del ánimo productivo del país. Y hoy, ese termómetro marca una temperatura preocupante.

El IGOEC no es un dato aislado ni una opinión superficial. Se construye a partir de la Encuesta Mensual de Opinión Empresarial (EMOE), integrando la visión de cuatro sectores clave: manufactura, construcción, comercio y servicios. Su lógica es sencilla pero poderosa, una escala donde 50 puntos separan el optimismo del pesimismo. Por encima de ese umbral, las empresas ven expansión; por debajo, anticipan dificultades.

El problema es claro, México lleva más de un año por debajo de esa línea.

En marzo de 2026, el indicador se ubicó en 48.4 puntos, confirmando no solo una caída mensual y anual, sino una tendencia persistente. Ningún sector escapa a esta realidad. Todos —sin excepción— operan en terreno pesimista. No se trata de un bache coyuntural, sino de una señal estructural.

Para entender la profundidad del problema, hay que mirar sus componentes. El IGOEC se alimenta de cinco percepciones clave: la situación actual y futura del país, la situación actual y futura de las empresas, y —quizá el más importante— el momento adecuado para invertir. Este último es el eslabón más débil de la cadena.

Mientras las expectativas sobre el futuro suelen mantenerse relativamente optimistas, la percepción sobre el presente es otra historia. Particularmente grave es que el indicador sobre si es buen momento para invertir se encuentra consistentemente en niveles muy bajos. Es decir, los empresarios creen que las cosas podrían mejorar… pero no consideran que hoy sea el momento para apostar su capital.

Esa brecha entre expectativa y realidad es, en sí misma, una alerta.

Desde mediados de 2023, el deterioro del indicador ha sido sostenido. Durante 2025, se mantuvo estancado en niveles cercanos a 48–49 puntos, con caídas anuales significativas. En 2026, la inercia no ha cambiado, no hay señales claras de recuperación. Esto configura una “zona de cautela empresarial” que, sin ser una crisis abierta, sí implica un freno silencioso al crecimiento.

Porque sin confianza, no hay inversión. Y sin inversión, no hay expansión.

Aquí es donde la lectura del indicador se vuelve política, no solo económica. Estrategias como el llamado Plan México —orientadas a detonar desarrollo, aprovechar el nearshoring y fortalecer la planta productiva— enfrentan un reto fundamental, reconstruir la confianza empresarial desde el presente, no desde la promesa.

Los datos del IGOEC apuntan a tres tareas urgentes:

Primero, cerrar la brecha entre el optimismo futuro y la desconfianza actual. No basta con proyectar crecimiento; es indispensable generar condiciones tangibles hoy. La certidumbre jurídica, la estabilidad regulatoria y la coherencia en las políticas públicas no son aspiraciones abstractas, sino requisitos básicos para invertir.

Segundo, atender el componente más rezagado, el momento adecuado para invertir. Mientras este indicador no mejore, cualquier estrategia de desarrollo tendrá un techo limitado. La inversión privada no responde a discursos, sino a señales claras y consistentes.

Tercero, fortalecer la coordinación entre el sector público y el privado. El IGOEC no mide ideología, mide percepciones reales de quienes arriesgan capital. Ignorar esas señales sería un error costoso. Escucharlas y actuar en consecuencia, en cambio, puedemarcar la diferencia entre el estancamiento y la reactivación.

México no enfrenta un colapso de confianza, pero sí un desgaste prolongado. Y eso, en economía, puede ser igual de peligroso. La inversión no se detiene de golpe; se pospone, se replantea, se redirige. Y en ese proceso, las oportunidades también se diluyen.

El mensaje del IGOEC es claro, el país no necesita solo crecer, necesita convencer. Convencer de que es buen momento para invertir, aquí y ahora. Porque al final, la confianza no se decreta. Se construye. Y hoy, esa construcción sigue pendiente.

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cacostabravo@yahoo.com.mx

Maestro en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Formó parte del cuerpo académico en comunicación en la Ibero y en la Universidad Anáhuac, campus norte CDMX.