ALMA GRANDE
POR ÁNGEL ÁLVARO PEÑA
Claudia Sheinbaum al abrir la posibilidad de una revocación de mandato para jueces no solo es una idea que sacude al sistema judicial mexicano, es una señal política: el discurso de que “el pueblo manda” busca extenderse más allá del Ejecutivo y alcanzar a uno de los poderes históricamente más blindados, el Judicial.
La propuesta —aún sin forma concreta— parte de una premisa que resulta seductora en tiempos de desconfianza institucional: si los ciudadanos pueden remover a sus gobernantes, ¿por qué no a quienes imparten justicia? La lógica parece democrática, incluso justa. Sin embargo, en el fondo, el debate es mucho más complejo de lo que suena en la mañanera.
Hoy, los jueces en México no están sujetos a la revocación de mandato. Existen mecanismos como el Consejo de la Judicatura Federal —ahora transformado en el Tribunal de Disciplina Judicial— que permiten sancionar conductas indebidas, pero bajo criterios técnicos y jurídicos, no políticos ni populares. Y ahí radica el primer dilema: ¿puede la justicia someterse al vaivén de la opinión pública sin poner en riesgo su independencia?
Porque si bien es cierto que el sistema judicial arrastra una deuda histórica con la ciudadanía —corrupción, opacidad, resoluciones cuestionables—, también lo es que su autonomía es uno de los pilares de cualquier democracia funcional. Un juez que teme ser removido por decisiones impopulares podría dejar de impartir justicia para comenzar a administrar simpatías.
El planteamiento de Sheinbaum, al invitar a que “se proponga”, también revela una estrategia: colocar el tema en la conversación pública sin asumir, por ahora, el costo político de impulsarlo directamente. Es una jugada que abre el debate, mide reacciones y, sobre todo, mantiene viva la narrativa de una transformación profunda del Estado.
Pero hay otro ángulo que no puede ignorarse. Mientras se discute si los jueces deben someterse al escrutinio directo del pueblo, las fiscalías —pieza clave en la procuración de justicia— permanecen en pausa dentro de la agenda de reformas. La propia presidenta ha pedido esperar. Y esa espera dice mucho: reformar el Poder Judicial parece más urgente que revisar a quienes investigan los delitos.
Ahí es donde el discurso corre el riesgo de quedarse a medias. Porque la justicia no empieza en el juez, empieza en la investigación. Sin fiscalías eficaces, cualquier cambio en los tribunales podría convertirse en un ajuste superficial.
La revocación de mandato para jueces es un termómetro político. Mide el ánimo social, la confianza institucional y el alcance real del proyecto de transformación. Pero también pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿queremos jueces que respondan al pueblo o jueces que respondan a la ley, incluso cuando eso no guste?
En esa tensión —entre legitimidad popular e independencia judicial— se jugará buena parte del futuro del sistema de justicia en México. Porque si el pueblo manda, como se dice desde el poder, habrá que definir con precisión hasta dónde. Y, sobre todo, a qué costo.
PEGA Y CORRE: El incendio en la refinería Olmeca, operada por Petróleos Mexicanos, terminó sin personas lesionadas. En otro contexto, sería una buena noticia sin matices. Pero en Dos Bocas, la calma empieza a generar más preguntas que tranquilidad.
Este es el tercer incidente en menos de dos meses. Y aunque esta vez no hubo víctimas, la memoria reciente pesa: un evento previo dejó pérdidas humanas y otro afectó el entorno. La repetición no puede normalizarse, mucho menos cuando se trata de una de las obras energéticas más emblemáticas del país.
El discurso oficial cumple: control del siniestro, atención inmediata, sin heridos. Pero el fondo del problema no está en la respuesta, sino en la frecuencia. Porque cuando los incidentes se vuelven constantes, la narrativa de “todo bajo control” comienza a desgastarse.
Dos Bocas no solo refina petróleo, también concentra expectativas políticas, económicas y sociales. Y cada columna de humo, aunque no deje heridos, erosiona un poco la confianza. Está columna se publica los lunes, miércoles y viernes.

