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domingo, 8 de noviembre de 2026

Dos alas para el siglo XXI: de santo Tomás al catecismo

Ruan Angel Badillo Lagos

¡Hermosa la pluma del mensajero que trae buenas nuevas!

 

A veces, en el ajetreo diario del trabajo, las cuentas por pagar y el ruido de la calle, resulta fácil sentir la vida fragmentada. Existe el riesgo de dividir la existencia en dos ámbitos. Por un lado, la terca realidad de las deudas, los baches del camino y las tensiones del hogar; por otro, el refugio silencioso de la oración. Pareciera que el templo y la calle pertenecen a mundos distintos, esto obliga a elegir entre ser ciudadanos con los pies en la tierra o creyentes con la mirada en las nubes. Sin embargo, en el fondo del corazón permanece la certeza de que el ser humano fue diseñado para volar alto y, para lograrlo, necesita dos alas indisolubles, es decir, el desarrollo de la humanidad mediante la recta razón y el crecimiento del espíritu por la fe.

En medio del cansancio provocado por el ruido exterior, surgió la necesidad de entrar en la intimidad del oratorio personal. Tras la postración y la renovación de las promesas bautismales mediante una humilde oración de renuncia llegó el silencio frente a la cruz. En esa desnudez, durante la reflexión sobre la gran historia de la Iglesia, Dios regaló una intuición profunda y cercana. Al contemplar espiritualmente la monumental Suma Teológica de santo Tomás de Aquino, surgió una comprensión nítida de aquella obra, convertida en el siglo XIII en una síntesis monumental de la fe. El doctor Angélico logró unir la lógica del entendimiento con el misterio divino, esto demostró cómo la gracia no destruye la naturaleza humana, sino que la sana, la asume y la perfecciona amorosamente.

En la intimidad de aquel coloquio con el Señor también se hizo evidente una verdad, la revelación divina no es un hecho estático ni permanece congelada en el tiempo. Dios tiene una pedagogía de la gradualidad y se desvela mediante un proceso continuo, acompañando el caminar del hombre a lo largo de la historia. Así, bajo el impulso del Concilio Vaticano II, el diseño divino encontró una nueva expresión en un instrumento fundamental de la era, el catecismo de la iglesia católica. Este texto reúne, de manera bella, estructurada y orgánica, los elementos necesarios para desplegar el vuelo simultáneo de las dos alas en pleno siglo XXI.

La paradoja más hermosa de nuestro tiempo radica en el destino de este nuevo compendio, concebido no para permanecer guardado en las frías estanterías de un claustro académico, sino para llegar a la vida cotidiana. El catecismo posee un aroma entrañablemente familiar, cercano a toda persona, casero y secular. Presenta la revelación al ciudadano común, quien enfrenta los desafíos del santuario familiar, la honestidad en sus tratos y el dominio del propio carácter ante las provocaciones diarias. Su lectura y asimilación en pequeñas dosis de fe viva permiten descubrir un manual de salud mental y ecología relacional para el hogar.

Empuñar hoy esta hermosa palabra en la prensa y en la plaza pública significa continuar la obra de santo Tomás en la cotidianidad de Xalapa. Desde la unidad entre razón y fe, el cuidado justo de nuestra tierra y la apertura del alma al infinito, resulta posible edificar una verdadera civilización del amor. Es tiempo de bajar de la cumbre, poner las manos en el arado y levantar, mediante los actos cotidianos, una muralla de paz capaz de dejar un legado imperecedero.

 

Abstract

Daily life and faith are not opposing realities, but rather two inseparable dimensions of human development. Drawing on the thought of St. Thomas Aquinas and the impetus of the Second Vatican Council, the catechism of the catholic church offers guidance on integrating reason and spirit into daily challenges. Bringing its teachings into the home and public life helps build more just relationships, strengthen peace, and contribute to a true civilization of love.