Miguel Ángel Cristiani G.
Tenía que llegar una mujer ejecutiva al Palacio de
Gobierno de Veracruz para que alguien se ocupara de las condiciones en que se
encontraba el edificio que, desde hace décadas, es la sede del Poder Ejecutivo
y la casa de todos los veracruzanos.
Dice la experiencia que muchos funcionarios, cuando
llegan a sus oficinas, lo primero que hacen es revisar la agenda del día,
atender reuniones, resolver expedientes y despachar los asuntos propios de sus
responsabilidades.
Pero la gobernadora Rocío Nahle García, desde el
primer día que ingresó al Palacio, advirtió algo que durante años pareció pasar
inadvertido para quienes ocuparon sus despachos: el grave deterioro de las
instalaciones y las precarias condiciones en que trabajaban cientos de
empleados de las distintas dependencias.
Y vaya que había cosas por atender.
Para empezar, un detalle que parece increíble en
pleno siglo XXI: en todo el Palacio de
Gobierno no había baños adecuados para las mujeres que laboraban en el edificio.
Las trabajadoras tenían que salir a los restaurantes y comercios de los
alrededores para solicitar que les permitieran utilizar sus sanitarios.
Una situación que, además de incómoda, resultaba
indignante y evidenciaba el abandono de las condiciones más elementales de
dignidad laboral.
Pero no era el único problema.
Las antiguas vigas de madera que sostienen parte de
la estructura del edificio comenzaron a resentir el paso del tiempo. En algunas
oficinas caían fragmentos de material del techo, mientras el personal trabajaba
bajo el riesgo de que algún desprendimiento pudiera ocasionar un accidente.
También estaba el problema de las instalaciones
eléctricas. Algunos funcionarios tuvieron que llevar sus propias computadoras
porque no contaban con equipo suficiente, pero las deficiencias en el sistema
eléctrico provocaban sobrecargas que terminaban dañando los aparatos.
Así se trabajaba en la sede del gobierno estatal,
donde se supone que deberían existir las condiciones necesarias para atender
los asuntos públicos.
Esta semana, durante nuestra asistencia a la
conferencia de prensa de la gobernadora, Rocío Nahle tuvimos oportunidad de
recorrer el Palacio de Gobierno ya remodelado y constatar que se trataba de una
intervención más que necesaria.
En los pasillos saludamos a nuestro amigo José
Manuel Pozos Castro, subsecretario de Gobierno, quien desde temprana hora
mantiene las puertas de su despacho abiertas para atender a las numerosas
comisiones de veracruzanos que acuden diariamente: sindicatos, campesinos,
alcaldes, grupos artísticos y deportivos, entre muchos otros.
También encontramos a Arianna Guadalupe Ángeles
Aguirre, presidenta municipal de San Andrés Tlalnelhuayocan, quien, como tantos
otros alcaldes, acude a Palacio para gestionar y resolver asuntos de sus
municipios.
La remodelación del edificio no es solamente una
cuestión de pintura, pisos nuevos o fachadas recuperadas. Es, sobre todo,
devolverle dignidad a un espacio donde trabajan servidores públicos y diariamente
acuden ciudadanos a buscar soluciones.
Ahora el Palacio de Gobierno vuelve a tener el
señorío y la presencia que corresponden a la casa de todos los veracruzanos.
Y quizá la lección sea sencilla: gobernar también significa mirar aquello que
otros dejaron de ver.
Porque a veces, para descubrir que una casa
necesita reparaciones urgentes, no hace falta revisar tantos expedientes.
Basta con abrir bien los ojos.

