BITÁCORA POLÍTICA
Durante el gobierno de don Agustín Acosta Lagunes, me
cuentan, el entonces gobernador tenía una particular manera de comprobar que
los informes que recibía sobre las obras públicas correspondieran con la
realidad.
Contrató a una arquitecta de su confianza y le encomendó una
tarea muy sencilla, aunque seguramente no muy cómoda para algunos funcionarios:
recorrer personalmente las obras que estaban en proceso o que le reportaban
como terminadas.
Así, desde las montañas hasta las costas de Veracruz, la
arquitecta aparecía para comprobar que aquello que se informaba en los
escritorios realmente existiera en el terreno.
No importaba que se tratara de una carretera, una escuela,
un hospital o alguna de las obras que se realizaban en los municipios.
Había que comprobar.
Incluso se recuerda que durante aquella administración se
construyeron algunas iglesias con pisos de mármol y que, precisamente para
evitar que los informes fueran maquillados, el gobernador prefería tener a
alguien de su absoluta confianza recorriendo las obras y constatando
personalmente cómo se estaban haciendo las cosas.
No era una mala idea.
Y quizá hoy habría que rescatarla.
Porque uno de los mayores problemas que puede enfrentar un
gobernante es que sus colaboradores comiencen a decirle solamente aquello que
saben que quiere escuchar.
Y cuando eso ocurre, el gobernador puede terminar viviendo
en una realidad administrativa muy distinta de la que padecen los ciudadanos.
Ahí tenemos el caso de los hospitales y el abasto de
medicamentos para niñas y niños con cáncer.
En las conferencias de prensa se asegura que los insumos
médicos están llegando y que existe abastecimiento.
Pero en las calles, familiares de pacientes y trabajadores
de los servicios de salud continúan denunciando carencias.
¿Quién está diciendo la verdad?
La única manera de saberlo es ir a los hospitales, abrir los
almacenes, revisar los inventarios y preguntar directamente a médicos,
enfermeras, pacientes y familiares.
La gobernadora Rocío Nahle ha comenzado a recorrer
hospitales y clínicas del estado, lo cual resulta positivo. Pero sería
conveniente que esas visitas incluyeran también los centros médicos más
importantes de Xalapa y Veracruz, donde seguramente podrá encontrarse con una
realidad que no siempre coincide con los informes oficiales.
Porque ya tenemos antecedentes.
Durante el gobierno de Fidel Herrera Beltrán se contaba que,
cuando se inauguraban hospitales, éstos aparecían perfectamente equipados:
mobiliario, medicamentos y equipo médico estaban en su lugar.
El detalle era que, una vez terminada la ceremonia y
retirado el gobernador, parte de ese equipamiento era trasladado a otra
instalación que estaba próxima a inaugurarse.
Así, de hospital en hospital, el mismo equipo podía terminar
apareciendo en varias fotografías.
La moraleja es sencilla.
Un gobernador no puede gobernar con los informes que le
preparan sus funcionarios. Tiene que comprobarlos.
Tal vez a la gobernadora Nahle le vendría bien una versión
moderna de aquella arquitecta de confianza de Acosta Lagunes.
Alguien que recorra el estado, abra puertas, revise
almacenes y pregunte directamente.
Porque entre lo que se informa en Palacio y lo que sucede en
los hospitales puede haber una distancia enorme.
Y como diría nuestro filósofo xalapeño ateniense, Pancho
López:
“Cuando al jefe le dicen que todo está bien, lo mejor es que
vaya a ver… porque puede que solamente esté bien el informe.”
