DE PRIMERA MANO
Por Omar Zúñiga
-Y voy a ir a todos. Voy a ir a todos.
Este... Estamos trabajando muy fuerte en Veracruz y en todo el país por la
universalidad. Y sí, habrá quienes no les guste y hagan sus shows mediáticos
(sic), que lloran (sic) por este tema, yo tengo la responsabilidad de atender a
la gente (…) de lo demás, siempre he respetado la libre manifestación con causa
y con verdades-.
Estas palabras que acaban de leer mis
tres lectores, no corresponden a cualquier persona harta de que le estén
reclamando porque no tiene cambio para el camión, o de una plática entre mamás
de pubertos que no quieren lavar los trastes sucios de la comida, o de un par
de pendencieros que buscan camorra en la calle, nomás porque sí.
NO, estas palabras salieron de la boca
de la gobernadora de Veracruz Rocío Nahle García la mañana de este lunes
en conferencia de prensa, con las recientes manifestaciones del fin de semana
de personal de salud, ante la peor crisis sanitaria que atraviesa Veracruz,
como telón de fondo.
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Horas antes de estas desaforunadas (por
ser generoso con el adjetivo), el oncólogo pediatra Sergio Gómez —22
años trabajando en hospitales veracruzanos, testigo del crecimiento de la
oncología pediátrica en el Centro Estatal de Cancerología en Xalapa y en el
Regional de Río Blanco— se quebró al aire, durante una entrevista radiofónica.
Lloró al enumerar lo que hoy carecen los
hospitales de alta especialidad del estado: guantes, suturas, antibióticos,
soluciones para canalizar un suero, un inyector de contraste para que el
tomógrafo sirva de algo.
Lloró, en suma, por los niños con cáncer
que atiende; el doctor, literalmente, se quebró y no, no fue show.
La respuesta desde Palacio de Gobierno
fue convertir esas lágrimas en “show mediático”.
Es difícil (imposible) encontrar en la
historia reciente de Veracruz una frase más desafortunada dicha por un
gobernador sobre un médico que trata el cáncer infantil.
Y es todavía más difícil explicarla si
se recuerda que el propio doctor Gómez tuvo el cuidado de aclarar que los
médicos no son enemigos del sistema ni tienen negocios en las instituciones,
para rematar con una ironía que debió doler en la 4T: -“Yo me declaro aspiracionista.
Aspiro a tener un buen sistema de salud”, dijo antes de quebrarse.
*****
Pero todo esto no surgió por generación
espontána.
El 9 de septiembre se publicó en este
espacio, que el personal del Centro de Alta Especialidad “Dr. Rafael Lucio”,
también de Xalapa, se declaró en trabajo bajo protesta por falta de
medicamentos, material de curación y médicos especialistas.
El 13 de septiembre salieron a la calle;
entonces escribimos aquí sobre “El quirófano vacío y el ‘Doctor Muerte’”: más
de mil cirugías retrasadas y un coordinador estatal del IMSS-Bienestar, el
pendejo de Roberto Ramos Alor, (Héctor Yunes dixit) que
despachaba las denuncias como una “campaña de odio”.
Meses antes, en junio, esta misma
columna documentó insumos oncológicos caducos en hospitales estatales. Nadie
puede decir que no se sabía.
El 28 de septiembre, cuando se convocó
la segunda marcha, la gobernadora echó mano del viejo lema del 68 —“prohibido
prohibir”— pero condicionó la escucha a que no hubiera “política” ni “grilla”.
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Este domingo, 4 de octubre, apenas un
par de días después del aniversario de una de las represiones más sangrientas (quizá
la más) que ha sacudido al país, la Matanza Estudiantil del 2 de Octubre, marcharon
trabajadores del CAE, del CECAN y del Hospital Civil “Dr. Luis F. Nachón”.
Una pediatra del Regional de Xalapa dijo
ante los medios lo obvio: la gobernadora no ha pisado ni ese hospital ni el
CAE. Al día siguiente llegó la respuesta oficial: shows, lloriqueo y
condiciones.
La gobernadora presume haber recorrido
28 de los 61 hospitales del estado, revisar farmacias y publicar videos como
prueba de que “ahí están los medicamentos”.
El CAE y el Regional de Xalapa están a escasos
minutos -caminando- de su despacho y llevan un mes en protesta y sin visita.
Repetir cuatro veces “voy a ir a todos”
no sustituye la ausencia de estos dos, y si hablamos de shows, hay que
cuestionar, severamente, quién convierte la supervisión sanitaria en contenido
para redes: ¿el médico que llora en una entrevista de radio o la funcionaria
que entra a una farmacia hospitalaria con cámara para grabar anaqueles?
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Para documentar el optimismo…, hay además
una confesión involuntaria en su propio relato, pues Nahle dice haber
encontrado excedentes de medicamentos en unos hospitales que ordenó trasladar a
otros donde faltan y eso querido lector, lectora, NO desmiente el desabasto: lo
confirma.
Suponiendo sin conceder, si en un
nosocomio sobra lo que en otro falta, el problema entonces es de planeación y
distribución, que es exactamente la responsabilidad del IMSS-Bienestar, del
doctor Muerte y del gobierno que lo respalda.
Los médicos no inventaron la escasez; la
gobernadora acaba de admitir que el sistema no sabe dónde tiene sus insumos.
*****
La escena de los alcaldes que se ofrecen
a “poner tres aires acondicionados” fue narrada por la gobernadora como prueba
de su eficacia en el recorrer hospitalario, sin embargo, es en realidad un
retrato del abandono, pues un sistema federalizado de salud que se jacta de la
universalidad no puede depender de la buena voluntad de un presidente
municipal.
¿Con qué partida se compran esos
equipos? ¿Quién les da mantenimiento? ¿Quedan inventariados en el
IMSS-Bienestar o en el ayuntamiento que “dona”? ¿Lo revisará vez el Orfis? Y en
vísperas de 2027, ¿cuántos de esos alcaldes donadores aspiran a algo más? La
salud pública no se administra con dádivas de ocasión ni con favores que luego
se cobran en las urnas.
Lo más preocupante de la declaración no
es el desdén, sino la condición: respeto a la libre manifestación “con causa y
con verdades”.
Hay que recordarle a la gobernadora,
pues es ingeniero y no abogada, que el Artículo 9 constitucional garantiza el
derecho de reunión pacífica; el Artículo 6, la libre expresión de las ideas y ninguno
de los dos exige que el gobierno certifique previamente la verdad de lo que se
reclama.
El Artículo 4 reconoce a toda persona el
derecho a la protección de la salud: los médicos que marchan NO piden un favor,
exigen que se cumpla la Constitución. Cuando un gobierno se reserva el derecho
de calificar qué protestas son legítimas, deja de escuchar, empieza a
administrar el silencio y pregona el autoritarismo.
La universalidad es una meta loable, pero
no hay universalidad posible sin guantes, sin suturas y sin un tomógrafo
funcionando e incluso sin derecho de audiencia, de lo contrario, lo único
universal será el desabasto.
Gobernadora, a los médicos que lloran
por sus pacientes no se les descalifica, se les escucha y al CAE y al Regional
de Xalapa no se va “a todos”, se va primero.
Las lágrimas de un oncólogo pediatra no
son un espectáculo, el verdadero show es negar la realidad que azota a Veracruz.
¡Qué barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com
