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Por Jorge Ramón Rizzo*
El escándalo por el primer examen de admisión en línea de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 2026 expuso fallas tecnológicas y uso de inteligencia artificial, desatando la suspensión de inscripciones y abriendo un debate sobre los retos de las universidades públicas frente a la presión de cobertura educativa de la Cuarta Transformación.
Durante décadas, el examen de selección de la UNAM ha sido visto por la sociedad como un mecanismo meritocrático, un árbitro imparcial en un país marcado por las desigualdades. Sin embargo, las denuncias de anomalías en los puntajes y las fallas en los procesos de asignación han quebrado esa confianza. Para miles de jóvenes que ven en la educación la única vía de movilidad social, la sospecha de irregularidades se siente como una traición. Este escándalo aviva la narrativa gubernamental que asume a las universidades autónomas como bastiones de burocracias doradas y privilegios heredados del periodo neoliberal.
Aquí radica el primer gran reto de las universidades públicas bajo el régimen de la 4T: la defensa de su autonomía frente a la presión de la masificación. El discurso oficial promueve que la educación superior debe ser universal y sin exámenes de admisión, bajo la premisa de que la selección es en realidad una exclusión sistemática. Por ello, las Universidades para el Bienestar Benito Juárez García buscan esta visión alternativa. Ante esto, la UNAM se encuentra atrapada en un dilema de hierro. Si elimina el examen, colapsa su capacidad instalada y la calidad académica se desploma; si lo mantiene sin cambios, se expone al estigma político de ser una institución de élite que cierra las puertas al pueblo.
El segundo desafío es estrictamente financiero. La política de austeridad republicana ha golpeado con fuerza los presupuestos de las instituciones de educación superior. Mientras la inflación avanza y la demanda estudiantil crece, los recursos reales asignados a la UNAM y a todas las universidades públicas se han estancado o reducido en términos prácticos.
La programación presupuestal de la educación superior en México durante el periodo 2016-2026 registra un recorte real acumulado de aproximadamente el 40%. A pesar de que los montos nominales han aumentado año con año debido a los ajustes inflacionarios, la capacidad de compra e inversión de las instituciones de educación superior (IES) se ha deteriorado de manera constante durante la última década.
Mantener laboratorios de vanguardia, financiar investigaciones científicas y ofrecer salarios dignos a los profesores de asignatura, quienes sostienen la mayor parte de la carga docente, se ha vuelto una misión casi imposible. La 4T exige más matrícula con menos dinero, una ecuación que a largo plazo debilita el rigor académico que le da prestigio internacional a cualquier universidad.
A este panorama se suma la obligada transformación interna. La UNAM no puede defender su autonomía cerrando los ojos a sus propias deudas históricas. El escándalo del examen de admisión debe obligar a una profunda autocrítica sobre la transparencia de sus procesos y la democratización de sus estructuras de gobierno. La legitimidad de la autonomía universitaria no se decreta; se defiende todos los días demostrando honestidad, eficiencia y un compromiso inquebrantable con las clases más desfavorecidas.
Si la universidad pública no se reforma a sí misma desde adentro, el poder político buscará reformarla desde afuera. La UNAM recibe anualmente hasta 55 mil jóvenes, lo que la ubica como la institución con mayor capacidad de recepción de nuevos estudiantes cada año, mientras que las cinco mayores matrículas que le siguen son las de la Universidad de Guadalajara (UdeG) con poco más de 50 mil; el Instituto Politécnico Nacional (IPN) que ronda los 30 mil alumnos; la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) que incorpora año con año a 23 mil nuevos universitarios; la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) acepta a 21 mil estudiantes; y la Universidad Veracruzana alcanza los 19 mil aceptados anualmente.
El futuro de México se juega en las aulas de sus universidades públicas. No se trata de elegir entre la excelencia académica o la justicia social; el verdadero reto es fusionar ambas demandas. La UNAM debe encontrar los mecanismos tecnológicos y éticos para garantizar que su examen de admisión sea un proceso impecable y libre de toda sospecha. Paralelamente, el gobierno federal debe entender que la educación de alta calidad cuesta y que debilitar a la principal universidad de América Latina no beneficia la transformación del país, sino que la condena al retraso científico y cultural.
México debe voltear la mirada a lo que se viene haciendo en otros países con altos niveles demográficos, como lo que sucede en la Universidad Nacional Abierta "Indira Gandhi" en la India, que supera los 4 millones de alumnos; ó el modelo empleado en la Universidad Nacional de Bangladesh, que cuenta con más de 3.4 millones de estudiantes; e incluso la Universidad de Anatolia en Turquía, que supera los 1.9 millones de alumnos gracias a su masivo sistema de aprendizaje en línea. En México la matrícula total de la UNAM es de 360 mil alumnos, es decir, menos del 10% de lo que se matricula en India o Bangladesh. Por lo que pueden ser analizadas la fórmulas y adaptarlas o tropicalizarlas al caso México.
El escándalo actual debe ser el catalizador para un nuevo pacto social entre el Estado y las universidades autónomas. Un pacto donde la autonomía se respete como una condición indispensable para el pensamiento crítico, pero donde la universidad asuma una rendición de cuentas absoluta ante la sociedad. Solo así, superando la polarización ideológica, la UNAM podrá seguir siendo el gran motor de movilidad social y el espacio de libertad que México necesita en estos tiempos de cambio. Y si ampliamos la crítica, no debemos dejar de lado la trampa que ejecutaron los alumnos evaluados. Y ésto último debe avergonzarnos porque la tentación de la IA nubló nuestros parámetros morales y la ética personal... No solamente reprobaron los alumnos: Reprobamos todos, como sociedad.
*Periodista/Tlaxcala
