Ruan Ángel Badillo Lagos
¡Hermosa
la pluma del mensajero que trae buenas nuevas!
La vida, en cierto sentido, se parece a una moneda.
Cada una lleva un sello propio, un cuño que revela hacia dónde se inclina el
corazón. Una lleva el cuño del mundo, sus prioridades, su forma de pensar, su manera
de medir a las personas. La otra lleva el cuño de Dios, nacido del amor
verdadero, de la fe y de la fidelidad a sus enseñanzas.
La pregunta merece una respuesta sincera, ¿qué
cuño llevas grabado en tu corazón?
El cuño del mundo
Los incrédulos, o quienes se van alejando de
Dios sin darse cuenta, llevan impreso el sello de lo temporal. No siempre es por
maldad, sino que emerge de la costumbre, de la presión social o del simple
descuido espiritual. Se nota cuando la vida empieza a girar alrededor del
interés personal, de la aprobación ajena, de la comodidad por encima del bien.
Se evidencia en el orgullo que no reconoce sus propios errores, en la
indiferencia hacia Dios, en una fe la cual quedó reducida a tradición y sin
compromiso.
El mundo suele entrar en silencio, como una
sombra. Primero son pequeñas concesiones; luego, excusas; y al final, una vida
que ya no se parece en absoluto a las enseñanzas de Jesús.
El cuño de Dios
También existe el otro sello, el de quienes
permanecen fieles. No basta con creer de palabra; hace falta sostener una
relación viva con Dios capaz de mantener el amor incluso en medio de las
dificultades.
Ese cuño se reconoce por sus frutos. Una vida
que busca obedecer las enseñanzas de Jesús. Un amor dispuesto a perdonar.
Humildad en vez de soberbia, respeto aun en la diferencia, esperanza en medio
de la prueba, una fe perseverante. Nada de esto significa el fin de las luchas,
sino un corazón orientado hacia Dios.
Vivir con este cuño exige conocer y practicar
el Evangelio. Esto implica dejar de buscar a Dios solo como consuelo pasajero y
empezar a dejarlo guiar de verdad. Muchos dicen amar a Dios, pero ese amor se
ve —o no se ve— en las decisiones de todos los días, es decir, en cómo se
habla, en cómo se trata al prójimo, en cómo se responde ante la injusticia o en
cómo se administra lo recibido.
Aún
es tiempo
Aunque
haya llegado el cansancio, aunque la fe se haya debilitado, aunque la familia
esté atravesando una pérdida espiritual, el corazón siempre puede volver a
encenderse. Dejar que Dios grabe su cuño simboliza volver a Él con arrepentimiento
sincero, con ganas reales de cambiar, con la decisión de dejar de caminar según
el mundo para seguir la verdad.
Conclusión
El mundo ofrece un cuño brillante, pero este termina
por apagarse. Dios ofrece otro. Quizá no es inmediato, pero sí permanece y sostiene.
Por ello, la pregunta final no es solamente teórica,
sino personal.
¿Qué cuño llevas hoy grabado en el
corazón?
Si el mundo ha dejado una huella más profunda,
aún hay esperanza. Dios siempre puede volver a grabar en el corazón el sello
que nunca debió perder.
Abstract
Life reflects the mark left on the heart, that
of the world or that of God. While one leads to self-interest and a superficial
faith, the other is manifested in love, humility, obedience, and hope. This
reflection highlights the need to examine the orientation of the heart and
reminds us that there is always the possibility of returning to God through
sincere conversion.
