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domingo, 26 de julio de 2026

El cuño del corazón: ¿Dios o el mundo?


Ruan Ángel Badillo Lagos

¡Hermosa la pluma del mensajero que trae buenas nuevas!

La vida, en cierto sentido, se parece a una moneda. Cada una lleva un sello propio, un cuño que revela hacia dónde se inclina el corazón. Una lleva el cuño del mundo, sus prioridades, su forma de pensar, su manera de medir a las personas. La otra lleva el cuño de Dios, nacido del amor verdadero, de la fe y de la fidelidad a sus ‍enseñanzas.

La pregunta merece una respuesta sincera, ¿qué cuño llevas grabado en tu corazón? 

El cuño del mundo

Los incrédulos, o quienes se van alejando de Dios sin darse cuenta, llevan impreso el sello de lo temporal. No siempre es por maldad, sino que emerge de la costumbre, de la presión social o del simple descuido espiritual. Se nota cuando la vida empieza a girar alrededor del interés personal, de la aprobación ajena, de la comodidad por encima del bien. Se evidencia en el orgullo que no reconoce sus propios errores, en la indiferencia hacia Dios, en una fe la cual quedó reducida a tradición y sin compromiso.

El mundo suele entrar en silencio, como una sombra. Primero son pequeñas concesiones; luego, excusas; y al final, una vida que ya no se parece en absoluto a las enseñanzas de Jesús.

El cuño de Dios

También existe el otro sello, el de quienes permanecen fieles. No basta con creer de palabra; hace falta sostener una relación viva con Dios capaz de mantener el amor incluso en medio de las dificultades.

Ese cuño se reconoce por sus frutos. Una vida que busca obedecer las enseñanzas de Jesús. Un amor dispuesto a perdonar. Humildad en vez de soberbia, respeto aun en la diferencia, esperanza en medio de la prueba, una fe perseverante. Nada de esto significa el fin de las luchas, sino un corazón orientado hacia Dios.

Vivir con este cuño exige conocer y practicar el Evangelio. Esto implica dejar de buscar a Dios solo como consuelo pasajero y empezar a dejarlo guiar de verdad. Muchos dicen amar a Dios, pero ese amor se ve —o no se ve— en las decisiones de todos los días, es decir, en cómo se habla, en cómo se trata al prójimo, en cómo se responde ante la injusticia o en cómo se administra lo recibido.

Aún es tiempo

Aunque haya llegado el cansancio, aunque la fe se haya debilitado, aunque la familia esté atravesando una pérdida espiritual, el corazón siempre puede volver a encenderse. Dejar que Dios grabe su cuño simboliza volver a Él con arrepentimiento sincero, con ganas reales de cambiar, con la decisión de dejar de caminar según el mundo para seguir la verdad.

Conclusión

El mundo ofrece un cuño brillante, pero este termina por apagarse. Dios ofrece otro. Quizá no es inmediato, pero sí permanece y sostiene.

Por ello, la pregunta final no es solamente teórica, sino personal.

¿Qué cuño llevas hoy grabado en el corazón? 

Si el mundo ha dejado una huella más profunda, aún hay esperanza. Dios siempre puede volver a grabar en el corazón el sello que nunca debió perder.

 

Abstract

Life reflects the mark left on the heart, that of the world or that of God. While one leads to self-interest and a superficial faith, the other is manifested in love, humility, obedience, and hope. This reflection highlights the need to examine the orientation of the heart and reminds us that there is always the possibility of returning to God through sincere conversion.