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domingo, 19 de julio de 2026

Tuxpan: el miedo gobierna y el alcalde “corta listones”

Por Miguel Ángel Cristiani G.

No hay peor certificado de incompetencia para un gobierno que aquel que no expide la oposición, sino la realidad.

La cancelación de la Expo Internacional de Ganado Cebú de Tuxpan “La puerta de las Huastecas”, de la tradicional cabalgata y de la subasta ganadera no es un ajuste de agenda ni una decisión administrativa. Es el acta de defunción de una de las tradiciones más importantes de Tuxpan. La feria no murió por falta de organización ni por ausencia de participantes. Murió porque el miedo terminó cobrando derecho de piso.

Y cuando el miedo cancela una tradición, significa que la autoridad ya canceló su obligación.

Durante décadas, la Expo Ganadera colocó a Tuxpan en el mapa nacional. Era un escaparate para la ganadería veracruzana, un motor económico para hoteles, restaurantes, comercios, transportistas y cientos de familias que encontraban en esos días una oportunidad para mejorar sus ingresos. Hoy todo eso queda archivado bajo un argumento que ningún gobierno quisiera escuchar: las presuntas extorsiones.

No estamos hablando de rumores de café. Estamos hablando de un evento que simplemente dejó de ser viable porque quienes debían participar concluyeron que el riesgo era mayor que el beneficio. Cuando un productor teme más al delincuente que a las pérdidas del mercado, el Estado ha dejado de cumplir su función elemental.

Lo verdaderamente insultante no es únicamente la cancelación. Lo insultante es el contraste.

Mientras empresarios, ganaderos y comerciantes hacen cuentas sobre las pérdidas económicas que dejará la suspensión de la feria, el gobierno municipal parece vivir en una realidad paralela, entretenido en remodelaciones y proyectos que podrán ser muy vistosos para la fotografía oficial, pero absolutamente irrelevantes frente al problema que hoy asfixia a Tuxpan.

Porque ningún edificio remodelado espanta a los extorsionadores.

Ninguna fachada recién pintada devuelve la confianza a los inversionistas.

Ningún discurso en un boletín optimista convence al turista que todos los días observa cómo Tuxpan aparece en las noticias por ejecuciones, secuestros, robos o cobros de piso.

La política de la apariencia nunca ha sustituido a la política de resultados.

Y sin embargo, pareciera que algunos gobiernos siguen convencidos de que administrar la imagen pública es más importante que recuperar la seguridad pública.

La tragedia de Tuxpan no comenzó con la cancelación de la feria. La cancelación es apenas la consecuencia visible de un deterioro que lleva meses creciendo. Los delitos de alto impacto han ido erosionando la confianza ciudadana mientras el discurso oficial insiste en vender una normalidad que simplemente ya no existe.

La inseguridad tiene una característica devastadora: no solo arrebata vidas. También destruye economías, cancela inversiones, vacía hoteles, cierra negocios, obliga a modificar costumbres y termina expulsando las tradiciones que daban identidad a una comunidad.

Eso es exactamente lo que acaba de ocurrir.

Y lo peor es que las consecuencias no terminarán cuando concluya la temporada ferial. La imagen de Tuxpan como destino turístico y de inversión recibe un golpe que tardará años en corregirse. La confianza es un patrimonio colectivo que se construye lentamente y se pierde en cuestión de días.

Resulta inevitable preguntarse si las autoridades dimensionan el tamaño del daño. Porque mientras el gobierno presume obras, la realidad presume miedo. Mientras los funcionarios hablan de transformación y progreso, los ciudadanos hablan de sobrevivir. Mientras el poder corta listones y se pasea por las colonias, la delincuencia corta de tajo las tradiciones.

La función de un gobierno no consiste en administrar ceremonias, sino en garantizar condiciones para que la sociedad pueda trabajar, producir y vivir en paz. Todo lo demás es propaganda.

Y la propaganda tiene un límite muy claro: jamás podrá ocultar una feria cancelada.

Cuando un gobierno presume banquetas, mientras el crimen cancela las tradiciones, ya no administra un municipio: simplemente certifica que perdió el control de la calle.