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lunes, 20 de julio de 2026

Dónde se crearán los empleos?


 IMPRONTA

Carlos Miguel Acosta Bravo

Los datos y las decisiones recientes en materia comercial muestran que Norteamérica está entrando en una nueva etapa de competencia industrial. La discusión ya no gira únicamente en torno al libre comercio, sino sobre dónde se instalarán las fábricas, dónde se crearán los empleos y qué país captará las inversiones estratégicas de las próximas décadas. En ese contexto, la política comercial impulsada por Donald Trump representa uno de los mayores desafíos que ha enfrentado la industria automotriz mexicana desde la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio hace más de tres décadas.

Durante años, México se consolidó como una potencia mundial en la fabricación de vehículos gracias a una combinación de mano de obra especializada, costos competitivos y acceso preferencial al mercado estadounidense. Esa fórmula convirtió al país en uno de los principales exportadores de automóviles del mundo y permitió el desarrollo de miles de empresas proveedoras de autopartes, logística, transporte y servicios industriales.

Sin embargo, el panorama comienza a cambiar.

Las cifras hablan por sí solas. Entre 2018 y 2025 se anunciaron inversiones automotrices cercanas a los 350 mil millones de dólares en Norteamérica. De ese monto, Estados Unidos concentró la inmensa mayoría, mientras que México apenas captó 12.3% y Canadá 10.4%. No se trata de una casualidad, sino del resultado de una estrategia industrial diseñada para atraer nuevamente la producción hacia territorio estadounidense mediante subsidios, incentivos fiscales, reglas de origen más estrictas y la amenaza permanente de nuevos aranceles.

El mensaje para las armadoras es claro, producir dentro de Estados Unidos reduce riesgos y ofrece mayor certidumbre frente a una política comercial cada vez más proteccionista.

Si esta tendencia continúa, México podría enfrentar una desaceleración en la llegada de nuevas plantas ensambladoras, particularmente aquellas dedicadas a vehículos eléctricos y tecnologías de alto valor agregado. Aunque las fábricas existentes difícilmente abandonarán el país debido a las fuertes inversiones ya realizadas, las nuevas decisiones de expansión podrían inclinarse hacia ciudades estadounidenses que hoy ofrecen mayores incentivos para instalar operaciones.

El impacto no se limitaría a las grandes armadoras.

Cada nueva planta automotriz representa miles de empleos directos y decenas de miles de empleos indirectos. A su alrededor surgen empresas de autopartes, talleres especializados, compañías de logística, transporte ferroviario, servicios de mantenimiento, tecnología, construcción y comercio. Cuando una inversión deja de llegar, toda esa cadena productiva pierde oportunidades de crecimiento.

La revisión del T-MEC prevista para 2026 añade un elemento adicional de incertidumbre. Actualmente, el tratado exige que los vehículos incorporen al menos 75% de contenido regional, además de cumplir requisitos relacionados con acero, aluminio y producción realizada por trabajadores con determinados niveles salariales. No sería extraño que Estados Unidos impulse reglas todavía más estrictas con el argumento de fortalecer su seguridad económica y reducir la dependencia de proveedores extranjeros.

Paradójicamente, el llamado nearshoring, que durante los últimos años fue presentado como una oportunidad histórica para México, podría no traducirse automáticamente en nuevas inversiones. La cercanía geográfica sigue siendo una ventaja importante, pero ya no es suficiente. Hoy las empresas también analizan el riesgo regulatorio, la disponibilidad de energía eléctrica, la infraestructura logística, la certeza jurídica y la posibilidad de evitar cualquier conflicto derivado de cambios en la política comercial estadounidense.

Eso no significa que México haya perdido su competitividad.

El país conserva fortalezas difíciles de replicar, una de las cadenas de suministro automotrices más integradas del mundo, décadas de experiencia manufacturera, personal altamente capacitado y una ubicación estratégica que sigue siendo fundamental para abastecer al mercado norteamericano.

Pero esas ventajas ya no garantizan por sí mismas la llegada de inversiones.

Si México pretende mantener su posición dentro de la industria automotriz, deberá complementar sus ventajas tradicionales con políticas públicas que generen confianza a largo plazo. La disponibilidad de energía, la modernización de carreteras, puertos y ferrocarriles, el fortalecimiento del Estado de derecho y una estrategia clara para atraer industrias de alta tecnología serán factores determinantes durante los próximos años.

La competencia ya no será únicamente entre empresas, sino entre países que buscan convertirse en el mejor destino para producir vehículos del futuro.

En ese escenario, la estrategia de Donald Trump persigue un objetivo evidente, que la mayor parte del valor agregado, los empleos mejor remunerados y las inversiones multimillonarias permanezcan dentro de Estados Unidos. La pregunta para México no es si esa estrategia tendrá efectos, sino qué tan preparado está para responder a una política industrial que ha cambiado las reglas del juego.

Los próximos años serán decisivos. La revisión del T-MEC, las decisiones de inversión de las grandes armadoras y la capacidad del gobierno mexicano para ofrecer un entorno competitivo definirán si el país continúa siendo un actor central de la industria automotriz norteamericana o si comienza a perder terreno frente a un vecino que ha decidido apostar, sin reservas, por el regreso de la manufactura a casa.

Queda también en aire el futuro económico de México, pues de seguirse desplazando las armadoras a Estados Unidos, habrá desempleo, inseguridad y nulo crecimiento del empleo. El futuro no es nada alentador y es prioritario que el gobierno mexicano cambie las variables para garantizar y dar certidumbre a las empresas armadoras de distintas partes del mundo.

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cacostabravo@yahoo.com.mx

Maestro en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Formó parte del cuerpo académico de la Licenciatura en Comunicación en esa institución, así como de la Universidad Anáhuac, campús norte.