DE PRIMERA MANO
*El ASF al que Nahle acusó de “no conocer Veracruz” visitó a su abuelo y a su bisabuelo en el Mausoleo de los Veracruzanos Ilustres
Hace dos semanas, en una entrevista
radiofónica, la gobernadora Rocío Nahle García sentenció que Aureliano
Hernández Palacios Cardel, Auditor Superior de la Federación, “a pesar de
ser de Xalapa, no conoce Veracruz”.
Lo dijo porque la ASF le pidió las listas
de asistencia de todo el magisterio estatal. El auditor no respondió, no dio
entrevistas, no convocó a la prensa, no subió nada a redes, hizo algo mucho más
elocuente, estuvo en Xalapa y subió al Macuiltépetl.
Hernández Palacios Cardel acudió al Mausoleo de los Veracruzanos
Ilustres, en la cima del quinto cerro, a visitar las tumbas de su abuelo, el
exrector de la Universidad Veracruzana Aureliano Hernández Palacios, y
de su bisabuelo, el agrarista José Cardel.
Es quizá el único veracruzano que tiene
a dos familiares directos en ese recinto, donde descansan también personajes
como Úrsulo Galván, Carolino Anaya, Hilario C. Salas
y Emilio Carballido.
De don Aureliano ya dimos cuenta
en este espacio: normalista, director de la Facultad de Derecho, rector de la
UV, juez, magistrado y presidente del Tribunal Superior de Justicia.
Vale la pena detenerse ahora en la otra
rama, la que explica el segundo apellido del auditor.
José Cardel Murrieta nació en 1890 en Carretas, municipio de
Paso de Ovejas, estudió leyes, combatió en el ejército y alcanzó el grado de
mayor antes de retirarse para dedicarse a la causa campesina.
En La Antigua gestionó la creación del
ejido Salmoral (el primero del país) al amparo de la Ley Agraria de 1915 y
formó parte del grupo que levantó los primeros comités agrarios del estado, en
tiempos en que los hacendados pagaban pistoleros para impedir el reparto de
tierras.
A principios de 1923 fundó, junto con Úrsulo
Galván y con el respaldo del gobernador Adalberto Tejeda, la Liga de
Comunidades Agrarias del Estado de Veracruz, de la que fue primer secretario.
Ese mismo año, mientras Úrsulo viajaba
a Moscú al congreso de la Internacional Campesina, Cardel quedó al frente de la
Liga, estalló entonces la rebelión delahuertista, con respaldo de los
latifundistas, y desde las oficinas de la Liga en Xalapa, que eran también su
domicilio, organizó a los campesinos para defender lo ganado.
Lo detuvieron a mediados de diciembre,
lo pasaron por la cárcel de Veracruz y lo trasladaron a una prisión improvisada
en la estación de San Francisco de las Peñas.
La madrugada del 25 de diciembre de 1923
lo sacaron a escondidas y lo torturaron hasta la muerte en los llanos de
Mozomboa, tenía apenas 33 años; la saña de aquel asesinato, que su hijo Armando
dejó narrada, es de las páginas más atroces del agrarismo mexicano.
En mayo de 1925, un decreto rebautizó
San Francisco de las Peñas como Villa José Cardel; en 1975 alcanzó la categoría
de ciudad.
Hoy, miles de veracruzanos pasan cotidianamente
por Cardel rumbo al puerto y algunos y algunas, sin saber que el nombre honra a
un hombre asesinado ahí cerca por pedir tierra para los campesinos.
Veintiséis años después del crimen, el
gobernador Ángel Carvajal mandó buscar sus restos en el monte de
Actopan; las cenizas se velaron en Salmoral y el 28 de julio de 1949 se
depositaron en un nicho del Macuiltépetl, junto a su compañero Úrsulo Galván.
*****
Vale la pena recordar la historia,
porque quien no la conoce está condenado a vivir en la ignoracia.
Ese es el linaje del hombre del que la
gobernadora dijo que no conoce Veracruz, por un lado, la educación y la
justicia; por el otro, la lucha por la tierra, la sangre de un mártir agrarista
de Paso de Ovejas, de La Antigua, de Salmoral.
Es decir, de esas mismas comunidades
rurales y apartadas que la mandataria invocó para explicar por qué no se pueden
entregar unas listas de asistencia; el auditor no necesita que le expliquen el
Veracruz profundo, su familia lo regó con sangre.
Y aquí está la pregunta incómoda que la
propia gobernadora se buscó… si la veracruzanía se mide como ella la midió, por
el origen y por el arraigo, ¿a quién subiría ella a visitar al Macuiltépetl?
No es un asunto de sangre ni de
nacimiento, es un asunto de mesura, más aún cuando ese funcionario es el que
revisará las cuentas públicas de todo su sexenio.
La respuesta del auditor fue silenciosa,
sin aspavientos y, por eso mismo, demoledora.
Con un timing maravilloso, Aureliano no
necesitó decir una sola palabra ni contradecir a la gobernadora, sólo le bastó
subir un cerro de Xalapa, pararse frente a dos nichos y dejar que la historia
hablara.
Las listas de asistencia, mientras
tanto, siguen pendientes y en el Macuiltépetl, gobernadora, los muertos también
pasan lista.
¡Qué barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com
