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sábado, 17 de octubre de 2026

LA SEGURIDAD SOCIAL ANTE EL DESAFÍO DE LA DIGNIDAD HUMANA

   Por Francisco Berlín Valenzuela*

Una institución que conocí desde dentro

La seguridad social constituye una de las expresiones más importantes de la responsabilidad del Estado frente a la sociedad. Su razón de ser no se limita a proporcionar consultas, medicamentos, intervenciones quirúrgicas o tratamientos especializados. Su propósito fundamental es proteger a las personas cuando la enfermedad, la edad o las circunstancias de la vida las colocan en una situación de vulnerabilidad.


Por ello, cuando una persona acude a una institución pública de salud, no solamente espera recibir atención médica. También necesita orientación, información, respeto y un trato que reconozca su condición humana.


Esta consideración adquiere especial relevancia al analizar la situación del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), cuya historia forma parte de la evolución de los derechos sociales de nuestro país.


Mi preocupación por el presente del Seguro Social tiene una razón personal y profesional.


En 1966, después de obtener el título de abogado, me incorporé a la administración pública como jefe de la Oficina de Prensa del Instituto Mexicano del Seguro Social, cargo con el que me distinguió el eminente doctor Ignacio Morones Prieto, director de ese instituto, quien había sido secretario de Salubridad y Asistencia, gobernador de Nuevo León y embajador de México en Francia. Para mí fue un honor trabajar bajo su dirección y comenzar mi carrera profesional en una institución de tanta importancia nacional.


De aquellos años conservo, entre otros recuerdos, fotografías de una reunión internacional sobre seguridad social, celebrada en el Centro Médico de la Ciudad de México, con representantes de diversos países iberoamericanos.


El tiempo ha transcurrido desde entonces. Mi vida profesional siguió otros caminos, pero el recuerdo de aquella primera experiencia en el servicio público aún permanece vivo.


La otra cara de la seguridad social


Muchos años después, mi relación con el Seguro Social adquirió una dimensión diferente.


En algunas ocasiones he tenido que recurrir a la seguridad social ante la enfermedad de personas cercanas a mi, quienes han requerido atención médica.

Acompañarlas durante su precario estado de salud, me ha permitido conocer de cerca las preocupaciones que enfrentan los pacientes y sus familias cuando necesitan atención médica especializada.


Además de la carga emocional que supone una enfermedad grave, existen gastos, incertidumbre, trámites y esperas que pueden incrementar el sufrimiento. Cuando a estas dificultades se suman una atención institucional insuficiente o un trato carente de sensibilidad, la experiencia se vuelve todavía más dolorosa.


He sido testigo de situaciones en las que los derechohabientes no reciben la atención oportuna o la consideración humana que esperan de una institución creada precisamente para protegerlos.


Conviene aclarar que estas son experiencias y observaciones personales; no pretendo convertirlas, por sí solas, en una descripción estadística de todos los servicios del Instituto. Tampoco desconozco el trabajo de tantos médicos, enfermeras y profesionales de la salud que cumplen sus tareas con responsabilidad, incluso en condiciones difíciles.


Sin embargo, reconocer sus esfuerzos no significa guardar silencio ante las deficiencias que experimentan los pacientes. Por el contrario, la importancia del IMSS hace necesario examinar sus problemas con seriedad y buscar soluciones oportunas.


El paciente no es un expediente


Hay un principio que nunca debería perderse de vista: quien acude a una institución de seguridad social no está pidiendo un favor. Es un derechohabiente que espera recibir los servicios que le corresponden.


El paciente no es solamente un expediente clínico, una cifra o un trámite. Es una persona que puede estar atravesando uno de los momentos más difíciles de su vida y que, por esa razón, necesita una atención particularmente sensible.


En esas circunstancias, el trato humano no constituye un complemento prescindible de la atención médica. Es parte esencial de ella.


Una explicación oportuna, información comprensible sobre los procedimientos, orientación para realizar los trámites y una actitud respetuosa pueden aliviar parte de la angustia que experimentan los enfermos y sus familiares.


Desde luego, la atención digna no sustituye la necesidad de contar con medicamentos, personal suficiente, equipos adecuados y servicios oportunos. Ambas dimensiones deben avanzar juntas: la calidad médica y la calidad humana.


La seguridad social también es cultura y bienestar


En distintas etapas de su historia, el Instituto Mexicano del Seguro Social impulsó actividades culturales, teatrales y deportivas. Esa labor expresaba una visión amplia del bienestar, en la que la salud no se separaba de la cultura, la convivencia y el desarrollo integral de las personas.


Recordar esa tradición no significa idealizar el pasado. Significa reconocer que las instituciones pueden cumplir una función social que trasciende sus tareas inmediatas y contribuye a mejorar la vida colectiva.


El desafío consiste en preservar lo valioso de ese legado, corregir las deficiencias presentes y adaptar los servicios a las necesidades de una población que requiere atención médica cada vez más compleja.


En esa historia institucional ocuparon un lugar relevante directores como Antonio Ortiz Mena, Benito Coquet Lagunes, Ignacio Morones Prieto, Carlos Gálvez Betancourt, Jesús Reyes Heroles y Ricardo García Sainz, entre otros. Recordar a quienes estuvieron al frente del Instituto en diferentes épocas invita a reflexionar sobre la responsabilidad que implica dirigir una institución de semejante trascendencia social, a la que llevaron a la obtención de un amplio reconocimiento por numerosos países.


Más allá de las diferencias entre épocas y circunstancias, la conducción de un organismo público de esta naturaleza exige preparación, experiencia, sensibilidad social y una clara comprensión de las necesidades de sus derechohabientes.


Recuperar la confianza


La recuperación de la confianza ciudadana exige acciones concretas: mejorar la oportunidad de las consultas y los tratamientos, facilitar los trámites, proporcionar información clara a los pacientes, atender las quejas y fortalecer los mecanismos de evaluación de los servicios.


También requiere escuchar a los derechohabientes y a sus familias. Sus experiencias pueden ayudar a identificar problemas que las cifras administrativas no siempre muestran con suficiente claridad.


No se trata de descalificar a una institución que ha desempeñado un papel fundamental en la vida de millones de mexicanos. Se trata, precisamente, de reconocer su trascendencia y procurar que esté a la altura de la responsabilidad que tiene encomendada.


Las instituciones públicas no deben conformarse con cumplir formalmente sus procedimientos. Deben procurar que esos procedimientos produzcan resultados útiles, oportunos y dignos para las personas a quienes sirven.


Una reflexión personal


Hoy escribo estas líneas desde una doble experiencia: la de quien inició su trayectoria en la administración pública dentro del Seguro Social y la de quien, décadas después, ha tenido que acudir a sus servicios para acompañar a personas de mi estimación durante sus problemas médicos.


Esta última experiencia me ha hecho comprender todavía más profundamente la vulnerabilidad de los pacientes y la importancia de que las instituciones respondan con eficacia y sensibilidad.


No hablo desde el desconocimiento ni pretendo que mis vivencias personales representen todas las realidades del Instituto. Hablo desde la preocupación de un ciudadano que conserva respeto por la seguridad social y desea verla cumplir plenamente su cometido.


El progreso de una institución no debe medirse únicamente por sus edificios, sus equipos o sus recursos. También debe apreciarse en la oportunidad de sus servicios, en la confianza que genera y en la dignidad con que trata a quienes acuden a ella.


El Instituto Mexicano del Seguro Social pertenece a la historia social de México y a la vida cotidiana de millones de familias. Su fortalecimiento debe ser una responsabilidad compartida, que requiere el compromiso de las autoridades, los trabajadores de la salud y la sociedad en su conjunto.


Porque detrás de cada consulta hay una persona; detrás de cada tratamiento, una familia; y detrás de cada enfermo, una historia que merece respeto.


La seguridad social cumple verdaderamente su misión cuando, además de atender la enfermedad, protege la dignidad de quien la padece.


 *Doctor en Derecho, catedrático universitario, autor de libros de derecho y ciencia política, director fundador de El Colegio de Veracruz y de la Casa de la Cultura Jurídica de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.